sábado, junio 09, 2018

Rastros por venir



Haber sido sobre maleficios y risas,
haber sido las sobras de un banquete
al que nunca fuimos invitados,
haber tenido el ánimo y ser otro
entre tantos ritos y tantas muertes,
haber sido, total, para seguir aquí,
entre palabras,
y decir que somos a pesar de nosotros
y de una puntería que perdimos.

Si desde siempre eso recuerdo, quizá esta casa
—la improbable o tenaz morada de mis letras—
no sea en verdad mi rastro,
o tal vez el verbo sea el modo en que la noche
va siendo todo
y todas las caligrafías se hacen memoria,
actas de lo que nunca confesamos.

Y entonces, aunque parezca increíble,
que aún haya cuerpo para inventar
un pasaje hacia el destierro,
una torpeza más
en la postguerra de un tiempo agrietado,
para finalmente darnos cuenta, terminar
sabiendo, que todo ya fue dicho,
y balbucear y callar, y ser eso:
vaguedades, silencio.


mayo 14, 2008

Lamento de la Ninfa



Atizado por una música
de amoríos y guerras,
en la misma esquina de entonces,
en el mismo libro sin alma,
he pasado los años olvidando
la sordera del tiempo.
Y pienso ahora que tanto paraguas
fue inútil, que la lluvia
era la forma de la historia,
del bosque y de la lejanía,
lo que pudimos tejer entre sueños
a pesar del óxido derramado.
Mi memoria navega la resaca
de la misma esquina y del mismo libro
atizada por un lamento,
por una música de siempre.
Es eterno el lamento de la Ninfa
(haz que vuelva mi amor
tal como antaño fue),
como también lo es
el que hoy –el que siempre–
leerá un poema a pesar nuestro,
cómplice anónimo de nuestra voz,
como nosotros ahora lo somos
–que me perdone el músico–
de Monteverdi.


                                                                                                  junio 9, 2018

viernes, mayo 04, 2018

De eso es de lo que queremos huir


La contabilidad de los días perdidos
es un asiento duplicado
que amenaza con quebrar el patrimonio,
el mundo de habitación, Moleskine,
computadora y lápiz,
esos poemas donde no nos reconocemos,
esos poemas que, en realidad,
nunca dijeron nada que pudiera salvarnos.
Aquí otra vez,
sin nada que perder o que ganar,
consumada nuestra derrota,
nunca más inocentes,
puerta abierta al abismo,
a ese deseo azul cada vez
menos impacientado.
Otra vez aquí, sin nada de entonces,
aprendido el arte del camuflaje,
lejos de nuestra casa,
dependemos una vez más de lo invisible,
de las vueltas que se van entre nubes
de otros días resplandecientes,
lejos de los vendajes
y de las cicatrices.


abril 29, 2018

sábado, marzo 31, 2018

Ojalá


Tal vez nunca sea capaz
de poner nombre a esa voz
conjurada. Hubiera querido ser
extranjero sin idiomas, o sordo,
o nube que transita sin conocer de sombras,
convalecencias o regresos.
Alguna vez, otra tristeza
llenará de sótanos nuestros bosques.
Aunque mañana sea un día de ficción
alguna vez no habrá nada que diga este día.
Una y otra vez sus palabras
resuenan como ecos,
una y otra vez, ese sonido fúnebre
nos aleja de una isla que no existe.
Puertas cerradas, casi ya sin odio,
sílabas que silban como disparos:
Ojalá hubieses sido tú y no él
quien muriera”.


marzo 31, 2018




jueves, noviembre 30, 2017

Nunca estaré del todo aquí


Tiende sus alas el anfiteatro de la tarde.
Sobre las vitrinas, trae noviembre su botín de fuego,
una llamada al orden a estas horas vacías,
a todo este ir y venir febril que nos arrastra.

Deseo azul es la forma del aire,
el conocimiento de la luz perfecta
siempre azul, lejos siempre.

Me decías tanto,
como si fueras todo, como si todo pudieras:
que, aún nimios y solos, 
nos alcemos sobre los miedos,
que no nos importe más lo preciso,
que la causa sea nuestra contienda,
que ya no nos importe,
que ya no nos ciegue más la luz de la palabra.
Como si todo pudieras,
                                      me decías tanto.

Cristal que intenta emular el signo
todo este ir y venir,
terca derrota que reverbera tu nombre

todo este ir y venir sin movernos,
sin un solo golpe que nos derribe.



noviembre, 2017


domingo, agosto 27, 2017

San Vicente do Mar











La soledad junto al mar en la niebla,
en San Vicente, entre balandros
varados en la playa y su senda de madera.

Al final del sendero,
antes de las alambradas de espino
que impiden el acceso a una zona militar,
unas sombras fugaces que intentaste
capturar en una fotografía.

También allí nuestra remota angustia:
la obcecada obligación de seguir,
la terca estupidez de seguir siendo.

Alguna vez debimos soñar esas colinas verdes,
alguna vez no fuimos estos extranjeros
viajando en trenes de cercanías
balanceándonos
al compás de un traqueteo maldito.

Clareaba ya la mañana, y tú,
sentada en aquel banco, anacrónica,
te demoraste con tu móvil
leyendo unos mensajes. No podías saber
que en San Vicente do Mar
el discurrir del tiempo se detuvo
entre la niebla y esas sombras fugaces
que intentaron capturarme.



agosto, 2017




lunes, julio 31, 2017

Las mudanzas


Yo recuerdo también aquellos cuadros
japoneses de casa de mis padres
traídos probablemente de Melilla, junto
con una cama turca y la escena guerrera
de aquel tapiz con robustos caballos
y yelmos y lanzas descomunales.

De las estampas japonesas
olvidé los detalles, pero pienso en un lago,
con barcas y aves y una luna enorme
y el monte Fuji dominando todo.

Posiblemente estos recuerdos no sean
más que imágenes tomadas de algún
restaurante oriental que la razón confunde.

Las cosas que acumulas pueden sobrevivir
a las mudanzas, pero van desapareciendo
inevitablemente, sin que volvamos a saber de ellas.
Tal vez ése sea el motivo de que nos aferremos
a esos pocos geranios que rescatamos
de aquélla, su última casa.





julio, 2017

sábado, mayo 27, 2017

A pesar nuestro


El azul, sobre cortinas y potos,
es la frontera de la noche
lamiendo un perfume antiguo.
Sensación de manos arriba
y armas en tierra,
señales de otro tiempo que la tarde revive.

Nuevamente ver pasar otro sol
sobre la atalaya de un jardín quieto,
el lugar donde lees el pasado
cada vez que te rindes al influjo
y, desarmado, acumulas palabras
esa suma de los significados
que siempre retorcemos 
para conseguir que no nos entiendan
a modo de inventario por derribo.

Es cierto que una casa habita
sin nosotros y a pesar nuestro,
también
que escribimos para seguir girando
sobre las movedizas arenas de los sueños,
también
que en la frontera de esta noche
con sensaciones de manos arriba
y armas en tierra, nos parece
más cierta aquella tarde, aquel jardín.




mayo 25, 2017