lunes, abril 28, 2008

El imposible del poema

Se escapaba el aire de tus ojos
—era difícil arriesgarse,
olvidar a los difuntos de siempre;
era mejor la certeza falsa,
la mentira cruel de vivir ya nunca—,
y yo miraba al lugar de los que dicen.

Se escapaban la vanidad y el tiempo
—triste espejo, pájaro transparente,
penuria de vivir detrás de las palabras—,
y yo hablaba con sonidos de barcos lejanos,
y decía un nombre, una apariencia,
unos gritos entre lobos.

Se escapaba el aire de tus ojos,
se escapaba alguien como nadie
nunca podría.

Fue rojo el buscar, el buscar, no saber y ella.
Pero la luz disolvió su rumbo de armario
y nos trajo hospitales,
túneles en el cielo,
monstruos de números.

Aquello ahora era perder, saber
del imposible de nombrarte, del imposible
del poema.

Se escapaba el aire y nada decía,
se escapaba por siempre, para nunca.


abril 26 y 27, 2008

sábado, marzo 08, 2008

Tránsito

No fue la vida lo que llamó mi atención
sino más bien la muerte,
y con ella creí entender sus alrededores,
ese narcótico paisaje azul
en el lejano esplendor del crepúsculo.
Vuelve a la sangre la primera sangre,
al comienzo todo lo terminado,
y es tuyo todo lo oscuro y la claridad,
la edad de los molinos y los patios.
Como si hubiéramos muerto encendidos
vamos hacia un reposo que no existe,
perdidos en el útero
de un dios de vaticinios, venganzas y misterios.
No te extrañes si después de ti no hay después,
nada que añadir a este desencuentro.
Qué puede decirse entonces aquí y ahora
entre mi verdad y una culpa sin puertas
y este silencio angosto y paralítico.
Fue la muerte, no la vida,
y todo lo que fue fueron palabras.

marzo 8,

sábado, febrero 23, 2008

Has debido florecer en la espuma

A Voro, por si, después de esto,
sí hubiera algo.

Tal vez no digas nunca
una sola palabra nueva, nada
que no acabe al pronunciarse
o al ser escrito.
Somos
lo que una vez tuvimos;
lo que una vez tomamos
cubiertos de invierno
sobre los alrededores de ti,
interminable mar;
la infinita hambruna del pasado,
ni tan irrepetible ni tan vacío.
Has debido florecer en la espuma
donde los pájaros y los caballos,
donde las delirantes frondas duermen.
(Cómo quisiera tenerte aquí
y abrazarte).
En una mágica casualidad
un cuerpo, un destino, un grito,
todo se hace haciéndose,
y tú con esta vida tres minutos
y yo no debería.
No tengas prisa, espérame,
haz de ése, tu no miedo, bandera,
que yo iré a buscarte
vuelto hacia el mañana,
negando el silencio de los domingos,
hundiendo los recuerdos
de los que estamos hechos
noche tras noche
aunque el día no llegue.


febrero 23, 2008

miércoles, febrero 13, 2008

Algunas palabras afectadas

He regresado.
Por mi boca de muro andan los siglos
y las palomas bajan
donde los astrolabios surcan su rumbo a oriente
y la tristeza celebra su fiesta.

En las calles las islas deambulan
lentamente en la mañana festiva.
Desde un bosque fluvial
el musgo corre a buscarte adentro
y en el fondo del río alguien entona salmos.

No hace falta ir o volver o buscar el orden,
Valencia desaparece y nos lleva
reconstruyéndonos
sin saber de ataúdes ni de verbos.
Una canción nos trae, una manzana frágil,
un ir y venir caótico junto al agua,
el viento dormido del primer puerto
sobre esa mirada suya de siempre.

Contra ti nada hice y nada haré,
Valencia, pero
en una expiación absurda te nombro,
lanzo algunas palabras afectadas
y vuelvo a ti. Regreso
a nuestras calles, a nuestros fulgores,
a esos lugares que son tan tuyos,
tanto, que tú sabes que me pertenecen.


febrero 10, 2008

sábado, febrero 02, 2008

Tal vez ella pasee entre nubes


                                                                                      Layla - Eric Clapton

Tal vez ella pasee entre nubes
y cuentos de hadas
escuchando su nombre sobre un riff de Eric Clapton,
o quizá Dios la haya despertado al fin
y mañana decidirá marchar
hacia un nuevo mundo de perlas y hojas
de platanera.
Bien, yo sigo recorriendo las calles
arrastrándome entre polvo y basura,
buscando esos silencios
que marcan las palabras que la nombran.
No puedo recordar nada de muchos días,
pero aún sigo vivo.
Tal vez ella pasee entre nubes
siguiendo el compás de un riff de Eric Clapton,
o quizá se haya disuelto en la noche
en un suspiro de vuelos y mapas.
El caso es que yo estoy de nuevo aquí,
sin saber cómo demonios llegué,
danzando a ambos lados del abismo,
dando vueltas y vueltas
alrededor de esta noche de música,
esa música en la que alguien me dice,
contra toda evidencia,
que vivo aún.


febrero 2, 2008

lunes, enero 21, 2008

Desvarío

Uno es todo,
pero entonces saber no importa,
como si el tiempo finalmente no jugase
con nosotros; como si el espacio
no contuviese más
que lo que alguna vez fuimos o hicimos;
como si siempre hubiera sido así
y la noche impúdica, al temer la llegada del alba,
nos contase todos sus secretos
y descubriésemos que la verdad al fin
es sólo un laberinto tramposo.
Allí estábamos, donde el deseo no alcanza,
bebiendo algo menos que demasiado,
viviendo algo más que nunca,
temiendo que al fin todo fuese
impertinencia o desahogo,
casi lejanía, almidón, recuerdo.
Ahora me preguntas por lo que escribo
y yo me sé anacrónico, destino improbable,
desahogo de nuevo, música y mar
en el presente puro. Siempre acabado
pero siendo lo mismo siempre,
permaneciendo casi como la música, igual,
a pesar de nosotros, del tiempo y por él.
Uno es todo, pero entonces –tú ya lo sabías-
nada importa.


enero 16, 2008

domingo, diciembre 09, 2007

Conversaciones con una extraña

Espectador perplejo,
inmerso entre ruinas y días sin interés
dialogas, una vez más, con la extraña.
Siempre hace frío cuando cierras los ojos
y, a solas, te recreas visitando lugares
donde la decisión aún es posible.
También pensabas siempre que nunca volverías,
pero a veces no puedes evitarlo
—esas viejas escenas en su perfección quieta—.
Es una sensación como volver a pintar
un cuadro; o volver a construir un muro
que sabes que no puede protegerte del tiempo.
Volveré entonces a juntar palabras
a espaldas del suicidio:
tretas vanas para eludir la muerte
en el viejo ritual de escribir para nadie,
como queriendo aún.


diciembre 9, 2007

viernes, noviembre 30, 2007

Ofelia



Tengo miedo, Ofelia,
hace frío
y la fábula cedió su lugar
a un agua de sombras.
Ahora duermes, duermes
y yo te veo dormida en el frío.
Dime, Ofelia, dime si añoras
aquellos lugares de sol y mareas bajas,
si estuviste perdida, tan perdida
y lúcida como la noche y el silencio.

Tengo miedo, Ofelia, y tú,
entre flores de acebuche
y sombras de álamos, flotas.
Verde en la corriente verde flotas
y las gotas se extienden en ti
y rodean tu cuerpo lento y frío
en la lentitud húmeda 

de tu bogar.

Tú venías y partiste, Ofelia,
tendida a la luz pálida de mi casi muerte
entre flores de acebuche.
                                        Dime, Ofelia,
dime qué encontraste en el río,
en el fondo de esa noche
callada ya para siempre.

noviembre 30, 2007

sábado, noviembre 24, 2007

Adagio para cuerda



La tarde vuelve a aburrirse
en la transparencia gris de un orujo
que sabes que no es capaz de salvarte
pero que aún piensas que te ayuda a resistir,
a olvidar ese dolor primigenio
que desde nunca —terco— te persigue.
Debe de ser que no sé ignorar,
que no sé dejar correr el agua,
ser madera fluyendo en la corriente,
luz en la luz del día, ceniza entre cenizas.
Tuvimos que volver
—el enemigo siempre estuvo dentro—,
regresar de la noche de labios compartidos,
de una vez por todas dejar caer el sueño,
descender al fin, callar para siempre
lejos de la llama y la razón.
Después de tantas excusas y humos
nada hay aquí que no sea derrota,
tus manos están frías
y la tarde vuelve a aburrirse
en una morosidad sin recompensa.
Debe de ser que ésta es una de esas luchas
entre aquellos hermosos perdedores
de las letras de Cohen.


noviembre 24, 2007

lunes, noviembre 05, 2007

Lluvia

Caes y caes y estás cayendo.

Sobre las antenas
y las despintadas azoteas,
ahora caes.

Más abajo
cristales y farolas y nosotros
teorizando acerca del dolor,
escudriñando el horizonte
nuevamente.

Desvalidos frente a tus límites
nada podemos hacer
más que observarte, atónitos,
mientras tú, torrentera,

caes y caes y sigues cayendo
arrastrándonos, hojarasca,
hacia la noche.


noviembre 5, 2007

domingo, noviembre 04, 2007

Tú sabías de mí

Sólo una imagen
desdibujada
frente al vértigo todavía.
Quizás las calles y algo a descifrar
de una realidad que sabemos invisible.
Lo demás volver y la materia.
Nadie viene, pero tú eres dichoso:
nadie
es tu idea de la palabra frío,
de ese vacío gris que nos rodea.
A veces es necesario dejar
que todo caiga,
que todo se derrumbe
y encuentre al fin su lugar en el pozo.
Sólo una imagen, me decías,
quizás tu cuerpo practicando el mundo
al lado de nadie, en el incendio
que nos mantiene vivos,
dueños de un lugar donde los árboles esperan,
como la promesa de un buen tiempo,
la promesa de soles cubriendo el mapa
restañando lo irreal de tu estar aquí.
Por las esquinas huimos,
anochecidos,
y queda sólo una imagen desdibujada:
pájaros de niebla abandonando,
sin querer, la escena. Lejos de siempre.
Tú sabías de mí antes de mí mismo.


noviembre 3, 2007

sábado, octubre 20, 2007

Cuatro de octubre

En agosto, mi hermano –maldita previsión–
me envió un presupuesto. Entonces no sabía
de su gran presteza y diligencia,
de esa forma sosegada y tranquila
con la que parecen arreglar todo.

Un certificado son sólo tres
con ochenta y tres; la corona ciento
veinte; y la misa sesenta. Luego está
el coche y el acondicionamiento del cuerpo
y la gestión y la documentación.
Lo más caro el féretro y la esquela
y la sala del tanatorio. También el nicho,
por supuesto. Y aquí podemos escoger
doble o sencillo,
por cinco o cincuenta años.
Sin traslados ni defunción judicial
nos vamos a los cuatro mil. O casi.

(Has debido quedarte donde dicen el cielo,
en aquella pradera de noches para siempre)

Es un servicio eficiente, sin duda,
esa forma profesional y limpia
con la que todo parece arreglarse.
Es, sin duda, un servicio diligente,
aunque nadie sepa cómo tapar
el agujero. Ese enorme agujero
que ha partido en pedazos el pecho de mi madre.

Llamar, en caso de fallecimiento,
al teléfono cinco-cinco-cinco,
seis-cero-ocho, dos-siete-tres. Sr.
Martínez.


octubre 2007

martes, agosto 28, 2007

Músico Albéniz, 2

Puerta veintiuno, y The Boxer sonando
—I’m leaving, I’m leaving—
y, sí, realmente estábamos yéndonos,
abandonando, sin saberlo, todo
lo que alguna vez fuimos, o creíamos ser,
en compañía de amigos y extraños.

Eran tiempos de hermanos y de largos estudios
y de fortunas en forma de sueños impíos.
Tiempos de Silvia, de Amparo y de Eve
y de otras —no muchas— que no recuerdo
—nos hemos olvidado de algas y de intemperies—
pero que dieron sentido a la música
y a palpitantes noches de quimeras.

Músico Albéniz, 2 es decir años
setenta, la eternidad en la novia,
la morada celeste transformándonos
a cada paso. Es decir hogar,
una paga —corta— el fin de semana
y unos ideales por los que vivir.
Es decir autobús y tocadiscos
y veranos de interminables olas
y guerras lejanas y poesías.

Es mercenaria ahora la limpieza
en esa casa donde el aire se vicia
de incontinencia una y otra noche
y la televisión aúlla sin remedio.
(No quiero llegar a viejo —me digo—,
pero que ellos no me abandonen nunca).

Tal vez era preciso que escapara,
tal vez era preciso
que abandonara aquellos ropajes de verano.

Aunque el fuego aún permanezca encendido
y aquella tenue música —Lai-da-lai— continúe,
Músico Albéniz, 2, puerta veintiuno,
nos hemos quedado lejos del sol.


agosto, 2007

miércoles, agosto 22, 2007

Casi a punto

Las cosas cambian, pero algo ahí nos perdura
—dijiste—, aunque aquí sólo el cristal nos muestra
un lugar diferente.
La vida a veces
son los gestos de un amante inexperto,
la irrealidad gris de una venganza gótica
que nunca deseamos perpetrar.
Y en otras ocasiones
el olor de las terrazas vacías
cuando el alcohol es el último cómplice.
—Tú has sido mi silencio—.
Aquellas guerras nuestras nunca fueron verdad
del todo, o tal vez sí, y la mentira es esta
madrugada de nuncas y palabras ociosas.
Este viejo mundo sigue rodando
dejándonos como poso unos días
y algunas pocas cosas que recordar de noche.
—Tú has sido mi extravío—.
Yo me pregunto si al fin llegará
un viento que borre todas las horas.
Porque el viaje todavía nos lleva
y el instante es eterno
cuando todo es impaciencia de ti
y ya es invierno en los tejados rotos
en el momento de desconocernos,
casi a punto de un último suicidio.



agosto 10, 2007

domingo, julio 29, 2007

Sargazos



La piel de la noche está hecha de mujer
y de silencio,
como las letras de las canciones que nos unen
y los billetes de ese tren que nunca tomamos.
Yo podría haber sido la memoria
de tus árboles. O eso supongo.
En realidad
no podemos saber lo que no ha sido.
Extraños de un viaje nunca iniciado
yo fui a ti cuando tú regresabas
a la tierra antigua, a la sede del misterio
y la dulzura agria donde el tiempo
parecía no pudrirnos.
La herencia de la noche es un muelle
donde ya no recalan los navíos
y nos amontonamos como sargazos
interpretando escenas imposibles.


julio 29, 2007

sábado, julio 21, 2007

El quinto elemento

Irremediable abandono, culpas de otra edad,
perdidos sólo porque nos diste habla
y la palabra sea muerte al fin.
Debiste ser galerna de otras nubes,
mañanas rojas frente al agua rota
del amanecer, reflejos inmóviles
en armonía de pájaros y aire.
Lo sabemos desde la hoja vacía,
nombres que son fuego y revelación,
ventanas de profundísimas celdas
hacia la tierra donde siempre huimos.
Debiste ser aire de otros lugares,
el quinto frente a los cuatro elementos,
contrapunto de poemas inútiles
este crepúsculo en el que te añoro.

julio 21, 2007

sábado, julio 07, 2007

La casa vacía

Es más grande la casa vacía,
o más pequeña.
Hay medianoches en los rincones,
conejos y ciervos tras las puertas,
hierros y frutos sobre el gres, ahora tan solo.
Me pregunto si las horas cosecharán aquí
ruidos silvestres, gestos, deseos;
si cuando el polvo sigiloso la nutra
los insectos perseguirán nuestros espíritus
por estancias y pasillos.
He de volver aquí cuando me muera,
a tu cuerpo cuerpo, a tu senda senda.
Habré de envolverme con el olor de estos tabiques,
cubrirme con la luz apresada de los ausentes.
He de volver aquí cuando te pierda,
vestirme de este vacío tan grande
o tan pequeño.


julio 7, 2007

domingo, julio 01, 2007

Adolescencia

Estaré donde entonces deseamos,
girando
con la lluvia y la noche,
ligeramente ardiendo.
Botellas en mis sienes el paisaje
junto a aquella sombra en la arena
y la camisa limpia de tus ojos.
Estaré en tu cuerpo de ciprés,
hiriente como puñal,
volando la adolescencia.
Será tierra y alba ahora
y luego árboles lejanos
lamiendo un verano nuevo,
hallándote siempre.
Estaré donde entonces, en cada escombro,
fluvial, apartando dioses y sombras,
ligeramente ardiendo,
sin volver a la vida.


julio 1, 2007

jueves, junio 14, 2007

El laberinto

Dijimos que no sabíamos,
que no sabíamos algo
que ahora no recordamos
y que ya no importa.
Habrá de ser así una y otra vez
—el invierno no son unos meses oblicuos,
ni noches grandes como osos
en el límite lentísimo del sueño—.
Estoy aquí
donde aún puedo pedir perdón
a una luz muerta, pensando
que alguna vez casi lo logro.
Habrá de ser nunca y ahora.
Y tú estás aquí también,
con los brazos abiertos
—aunque no sea posible—
muriendo de nadie. Y es que
todavía crees en las letras
y en las sílabas alineadas
en su perfección de convento.
Habrá de ser nunca y siempre.
Tú y yo
todo el tiempo aquí
dejando de intentar más idas y venidas,
derrochando el presente, muriendo
con nadie. Por más que la noche
aparte nuestras sombras, tú y yo aquí,
despojando el futuro.


junio 14, 2007

martes, mayo 29, 2007

Una razón para no creer

Allí donde la palabra se evade
y aspira a expresarse por sí misma.
En el sitio del hombre
huérfano de toda necesidad.
Mientras el significado busca su lugar
en el discurso. Allí,
donde está permitido recoger
nuestros propios pedazos,
allí se hace preciso rebelarse,
levantarse en armas contra nosotros
y contra todo lo que alguna vez
dimos por hecho.
Allí donde otra posibilidad se sugiere
hay una razón para no creer.

mayo 21, 2007