(Para Eva Cassidy, en memoria)
Quedan cantos intactos de tan libres;
quedan arpegios de guitarra
nacidos entre nieves perpetuas;
queda también saber de lo fugaz
y de palabras de ida y vuelta,
sin abalorios, como si alguna vez
llegásemos a nombrar.
Y todavía existe estar, ser en ti,
no el consuelo antiguo de lo cercano
y la temperatura
subiendo y bajando un goce efímero
por orden de la costumbre.
Y te recuerdo,
para ti, de cerca, entre hojas de otoño
y un sol naranja y oro
creciendo flores con el universo.
“El tiempo es el mejor cicatrizante”
—dijiste—, y yo sin saber por qué
tu voz desandándome como si anduviese,
rajándome como si fueras El Poema.
Habrá nieblas en el alba,
árboles lejanos, telarañas y señales
en la luz de lo que fue y es
y envejece, a punto de sangre,
sin barandas. Y esto de ahora,
detrás de nadie, no será. No será,
pero si lo fuera, que lo fuera en silencio
y tu voz sea el silencio que cuente la historia.
mayo 23, 2006
miércoles, mayo 24, 2006
viernes, mayo 19, 2006
Hombre que dice adiós
No cae la lluvia de este cielo de goteras,
no se extingue la noche bajo la luz del alba,
no habrá más palabras que entretejan sus raíces
en esta tierra sin verbo ni asomo de asombro.
Dijimos que la vida tenía las facetas
de un poliedro vencido,
que cada misterio nunca exhibía
definitivamente sus razones.
Lo intentamos,
ignorantes del mundo y sus designios,
poseedores de quimeras, a tientas,
lo intentamos,
aunque no supiéramos decir nada.
Si has decidido al fin partir,
limpiar el salitre de tus alforjas,
renunciar a tus rastros venideros,
si de verdad te irás, llévate contigo
la canción sin palabras de tu lluvia,
tus brazos siempre cerrados
de tan abiertos, el bosquejo sinsentido
de ti mismo. Si decides marchar,
desistir de este tiempo de desguace
con la culpa de lo extraño en tu frente,
aquí y ahora, llévate tu pedantería
y tus boletos hacia cualquier otro lugar
donde no existan orden ni sintaxis
frente a todo. Ten dignidad, di adiós,
que ésta sea tu última sacudida.
Serás entonces
el derroche más inútil,
el sintagma vacío,
porque ya no escribes.
mayo 19, 2006
no se extingue la noche bajo la luz del alba,
no habrá más palabras que entretejan sus raíces
en esta tierra sin verbo ni asomo de asombro.
Dijimos que la vida tenía las facetas
de un poliedro vencido,
que cada misterio nunca exhibía
definitivamente sus razones.
Lo intentamos,
ignorantes del mundo y sus designios,
poseedores de quimeras, a tientas,
lo intentamos,
aunque no supiéramos decir nada.
Si has decidido al fin partir,
limpiar el salitre de tus alforjas,
renunciar a tus rastros venideros,
si de verdad te irás, llévate contigo
la canción sin palabras de tu lluvia,
tus brazos siempre cerrados
de tan abiertos, el bosquejo sinsentido
de ti mismo. Si decides marchar,
desistir de este tiempo de desguace
con la culpa de lo extraño en tu frente,
aquí y ahora, llévate tu pedantería
y tus boletos hacia cualquier otro lugar
donde no existan orden ni sintaxis
frente a todo. Ten dignidad, di adiós,
que ésta sea tu última sacudida.
Serás entonces
el derroche más inútil,
el sintagma vacío,
porque ya no escribes.
mayo 19, 2006
lunes, mayo 08, 2006
Para que no me recuerdes
Estabas durmiendo
en la ignorancia más luminosa.
Bajo una calma sin principios
enmendabas ancestrales liturgias.
Estabas resquebrajándote
en otra pérdida,
trazando mapas sin tesoro
contra el inevitable legado del futuro.
Antes de emprender esta travesía
de extinción lenta
negabas todo nombre.
Estabas agotando
—como cada día— tus últimas dosis
alargando una sombra sobre la razón,
pero la razón —siempre lo supiste—
era un caballo sin rumbo y sin amo.
mayo 7, 2006
en la ignorancia más luminosa.
Bajo una calma sin principios
enmendabas ancestrales liturgias.
Estabas resquebrajándote
en otra pérdida,
trazando mapas sin tesoro
contra el inevitable legado del futuro.
Antes de emprender esta travesía
de extinción lenta
negabas todo nombre.
Estabas agotando
—como cada día— tus últimas dosis
alargando una sombra sobre la razón,
pero la razón —siempre lo supiste—
era un caballo sin rumbo y sin amo.
mayo 7, 2006
martes, abril 18, 2006
Un daño lento

Por ver si aquella imagen me abandona
rescato tardes y tiempos quemados
y en cada vaso bebo aquellos otros vasos
perdidos en un rastro de azules y siluetas.
Ahora que en el día la sombra te arrincona
frío adentro, y en ella eres más tú
—o lo somos, tal vez, en una soledad
que ya no es la nuestra—, tercamente
insistes en cambiar memorias. Pero
hay un daño lento, un daño paciente
y minucioso que tendrá lugar
allá donde habitó el deseo.
Y la lluvia une a las tuyas sus fuerzas
por ver si aquella imagen te abandona.
abril 18, 2006
lunes, abril 17, 2006
Alguien en el otro lado

Hay alguien
en el otro lado de estas palabras.
Entre fragmentos y ecos de sí mismo
y una memoria varada, hay alguien
que busca, que necesita cumplir
un rito ancestral
que dé sentido a signos y lenguajes.
Dicen que los versos nacen en la soledad
de un aire intruso, sobre huellas de fantasmas,
pero aquí y ahora, esto que escribo
es una cicatriz, una contraseña sin mensaje
de alguien que comienza a morir su muerte
mientras la muerte, inclemente y absurda,
decide dejarle para el final,
como si no fuera bastante aún.
Porque esta realidad es una ilusión,
un espejismo,
cosas que no me pertenecen
y que existen sólo porque las pienso.
Y luego están
los pasos que andamos sin dirección
entre sacos de miedo. Y todo el gasto
en unas pocas células, esas pocas células
leves y exhaustas, que reniegan ya
aunque sepan de ti en el otro lado.
abril 13, 2006
jueves, abril 06, 2006
Día quinto
Abril dos mil seis, día quinto.
Nada existe
salvo tus cárceles
y la protesta ilegible que a golpes
va deletreando el pozo y su tinta
apolillada.
Tiempo inocente para una sed antigua
—cadenas y píldoras y niños
empujando hacia territorios quemados—,
tiempo anticuado de manuscritos interruptus
esparciendo su conciencia en el sol naciente
y su música vegetal.
Día quinto, abril dos mil seis,
bajo un cielo adorablemente tísico:
lugares como fantasmas que dicen adiós
y quizá estén diciendo
(quizá siempre me hayan dicho)
otras cosas que nunca entendí.
Un indicio más,
como una fotografía sin recuerdos
entre cosas y luchas que ya no conozco
en esta cacería incomprensible y minuciosa
de habitaciones lentísimas
porque nos supimos cuerpo y verbo.
El acompañamiento, por favor,
de viento, percusión y cuerda.
abril 5, 2006
Nada existe
salvo tus cárceles
y la protesta ilegible que a golpes
va deletreando el pozo y su tinta
apolillada.
Tiempo inocente para una sed antigua
—cadenas y píldoras y niños
empujando hacia territorios quemados—,
tiempo anticuado de manuscritos interruptus
esparciendo su conciencia en el sol naciente
y su música vegetal.
Día quinto, abril dos mil seis,
bajo un cielo adorablemente tísico:
lugares como fantasmas que dicen adiós
y quizá estén diciendo
(quizá siempre me hayan dicho)
otras cosas que nunca entendí.
Un indicio más,
como una fotografía sin recuerdos
entre cosas y luchas que ya no conozco
en esta cacería incomprensible y minuciosa
de habitaciones lentísimas
porque nos supimos cuerpo y verbo.
El acompañamiento, por favor,
de viento, percusión y cuerda.
abril 5, 2006
viernes, marzo 10, 2006
Un lugar cercano

Consumido el incendio
el tiempo se ríe de ti,
tanto que ni pasar ya quiere.
Y de repente, en un día cualquiera,
cuando las inmensas nubes se asoman,
el volver de aquellas tristes cenizas
perdidas entre el limo de la noche;
vestigios ya sin rostro pero con nombre aún.
El tiempo se ríe de ti
—y se levantan los velos, y las copas estallan
hechas trizas en el fondo de las sombras—,
tanto que pasó de largo como el invierno,
tanto que no lo cuentan los números.
Mujer como tinieblas,
no volveré ya más a remover
aquellos silencios no consumados.
Pero qué limpio, qué brutalmente limpio,
qué limpio todo ahora,
tanto que ni pisar ya quiero.
marzo 10, 2006
martes, marzo 07, 2006
Ni un indicio

Todo lo que he vivido,
todo lo vivido
por aquéllos que me precedieron,
me ha llevado hasta aquí.
Cientos y cientos
de cargas genéticas combinadas
—generación tras generación—
para llegar al desamparo de las palabras
que ahora vuelco en este papel.
Tortuoso y estéril itinerario
hasta llegar a esta hora precisa
en la que todos los vislumbres,
cerrando el círculo de lo desconocido,
me conducen hacia un futuro cierto
de eslabón hacia ninguna parte.
No existe aquí olvido del ser.
No existe aquí
pavor alguno frente a la infinidad.
No me restan ya
guerras que redimir en esta tierra.
Pero aquí continúo,
en la sinrazón del estar vivo,
sin saber
después de qué muerte existe otra vida,
intuyendo
que todos los números son el número
y todas las bestias una.
Sabiéndome solo,
llegado al absurdo de conocerme portador
de un germen primigenio. Solo
—despiadadamente solo—
escribo porque no puedo evitarlo.
En la larga y blanca noche
ni un indicio de ti.
marzo 7, 2006
lunes, marzo 06, 2006
Daba risa verte

Daba risa verte, sentirte lejana
bajo la luz última. Y tus lágrimas
en las mejillas quemando
la ilusión no poseída.
Y huyes, huyes sin irte,
sobre mi desbocado cuerpo, huyes
hacia el momento de los labios,
donde tener o ser tenido
es el sagrado himno de la devastación.
Y en otro instante decir, añorar
la sinrazón al fin del estar vivo
y repetir otra vez que era el viento
olisqueando, quizá, otra presencia.
Daba risa verte.
marzo 6, 2006
domingo, febrero 26, 2006
Una botella sin mensaje
A veces veo nuestros pies unidos
por una soga. Intentando escapar
una y otra vez la tensamos
y una y otra vez consiguimos sólo
el dolor de la piel en carne viva.
Qué difícil aceptar este oficio
de desahuciados
sin lanzar un mensaje de socorro
a la flota entera,
qué difícil resignarse a este amor
sin gritar, empapado,
que cese de llover
para que pueda de nuevo llorar
por lo impreciso y bello
de una pérdida aún no tenida.
Extraña historia ésta de masoquistas
y niños que esperan su regreso
como si fuesen nubes
mientras nos aferramos,
como pájaros temblorosos,
a la tibieza de un cable en la intemperie.
Somos lo mismo porque no somos,
y este amor enfermo,
arquetipo de nuestro desamparo,
reclama un cuerpo, una carne sin afueras,
un mismo horizonte sobre esta tierra salvaje
que con cualquier excusa nos disipa.
Extraña historia ésta
en la que todas las cosas que hicimos
nos separan,
pero esta terca soga no se quiebra
por más antiguo que su dolor sea.
febrero 26, 2005
por una soga. Intentando escapar
una y otra vez la tensamos
y una y otra vez consiguimos sólo
el dolor de la piel en carne viva.
Qué difícil aceptar este oficio
de desahuciados
sin lanzar un mensaje de socorro
a la flota entera,
qué difícil resignarse a este amor
sin gritar, empapado,
que cese de llover
para que pueda de nuevo llorar
por lo impreciso y bello
de una pérdida aún no tenida.
Extraña historia ésta de masoquistas
y niños que esperan su regreso
como si fuesen nubes
mientras nos aferramos,
como pájaros temblorosos,
a la tibieza de un cable en la intemperie.
Somos lo mismo porque no somos,
y este amor enfermo,
arquetipo de nuestro desamparo,
reclama un cuerpo, una carne sin afueras,
un mismo horizonte sobre esta tierra salvaje
que con cualquier excusa nos disipa.
Extraña historia ésta
en la que todas las cosas que hicimos
nos separan,
pero esta terca soga no se quiebra
por más antiguo que su dolor sea.
febrero 26, 2005
jueves, febrero 23, 2006
Absurdo

Absurdo
como haber llenado los bolsillos de versos y remiendos
y no saber de qué otro modo poder seguir tirando
una vez que las estrellas y los circos
se desvanecieron.
O como haber pasado una guerra
y en el blanco y negro posterior deambular entre líneas
con las armas intactas, sin enemigo ni bando propio,
deseando abandonar los adjetivos.
O como haber sido, y ahora bajar
para continuar bajando, a contrapié,
hacia un tiempo de palabras disecadas y árboles
que a coro recitan despedidas suplantando todo
hasta convertirse en ti.
Tan absurdo
como decir “te quiero”
o “hagamos el amor”.
Son sólo ejemplos.
febrero 23, 2006
miércoles, febrero 22, 2006
Contra ti

Contra ti me he vuelto un ser civilizado
como dicen que son
los adverbios y las preposiciones.
Mientras afuera cae la vida, contra ti
he visitado la luz como sólo la noche sabe.
Contra ti he recompuesto el escalofrío del invierno
y he llegado, como la madrugada, despacio,
donde dicen que el bosque, celoso,
guarda el nombre de sus dioses.
Contra ti, y a pesar de ti y del miedo definitivo,
he hablado de lo posible.
A lo mejor esto ya no cabe entre nosotros.
febrero 22, 2006
lunes, febrero 20, 2006
Te he visto
Envejecemos de repente y a traición,
dejando atrás todo lo que no hicimos.
Dentro de nada
discretamente saldremos,
discretamente abandonaremos
las cuatro cosas
que una vez tomamos como nuestras.
Dentro de nada —y como si nada—,
todo volverá a su sitio.
Pero en ocasiones pienso que no es verdad,
que no es cierto que pasara el tiempo,
que tú eres aún aquella muchacha
que me llenaba el cerebro de pistas
hacia una vía muerta
hablándome de un dios
que esperaba algo más de nosotros.
Y no puede ser cierto
porque yo te he visto hoy,
en el límite de las preguntas,
al oeste del miedo y de las cicatrices.
Te he visto hoy, más cierto
que esas cincuenta horas semanales,
cuarentaiocho semanas al año
de los últimos veinticuatro años. Te he visto,
aunque esta noche impune persista
más allá de la oscuridad
y todo sea ahora
la mirada perdida de un perro
frente al cadáver de su amo.
febrero 20, 2006
dejando atrás todo lo que no hicimos.
Dentro de nada
discretamente saldremos,
discretamente abandonaremos
las cuatro cosas
que una vez tomamos como nuestras.
Dentro de nada —y como si nada—,
todo volverá a su sitio.
Pero en ocasiones pienso que no es verdad,
que no es cierto que pasara el tiempo,
que tú eres aún aquella muchacha
que me llenaba el cerebro de pistas
hacia una vía muerta
hablándome de un dios
que esperaba algo más de nosotros.
Y no puede ser cierto
porque yo te he visto hoy,
en el límite de las preguntas,
al oeste del miedo y de las cicatrices.
Te he visto hoy, más cierto
que esas cincuenta horas semanales,
cuarentaiocho semanas al año
de los últimos veinticuatro años. Te he visto,
aunque esta noche impune persista
más allá de la oscuridad
y todo sea ahora
la mirada perdida de un perro
frente al cadáver de su amo.
febrero 20, 2006
domingo, febrero 12, 2006
Sucedía

Hemos soñado el dolor y la pérdida
y las brasas cesando su desconcierto último.
Hemos sabido de fechas y voces
y de nombres esculpidos de huida.
Pero hoy es otro el tiempo que me nombra,
otra la muerte diaria, otra la luz
en las venas que nos conoce
en su silbo de nieve y campanas.
Desesperadamente aquí recuerdo,
recuerdo o lloro, quizá, la desaparición.
Sucedía. Nada más. Sucedía.
febrero 12, 2006
Otra insoportable levedad
Hoy has decidido
dar una nueva oportunidad a las palabras;
cincelar lentamente tu biografía de duna
amontonando instantes; repasando
eternidades de precio tasado junto a
un DVD de alquiler y un cuenco de palomitas;
inventariar momentos para, más tarde,
desear saber cómo enterrarlos.
Dar una nueva oportunidad a las palabras,
anotar, una vez más —como si siempre
tuviésemos algo que decir—, tu nombre
entre el vacío y los acres vaivenes del deseo,
preguntarte qué pasaría si, de una vez,
dejases que el viento decidiese por ti,
si abandonases, al fin, lo que la marea, terca,
va devolviéndonos día tras día.
Nada desconocido es revelado aquí,
estas palabras no saben —nunca han sabido—
desvelar ninguna verdad eterna. En realidad,
hace tiempo que lo supiste:
nadie es capaz de explicarnos (de explicarte)
dónde está —o qué es— la verdad,
explicar de qué va esto.
Las sombras van cayendo sobre las horas
mientras los dados ruedan y ruedan
sobre un fieltro de probabilidades,
explorando los peligros de conocerte,
de darte nuevas oportunidades. La vida
—más vieja que todos nuestros lamentos—
continúa del mismo modo que nos alumbró.
En la oscuridad de las cavernas,
la mórbida levedad de las palabras.
febrero 12, 2006
dar una nueva oportunidad a las palabras;
cincelar lentamente tu biografía de duna
amontonando instantes; repasando
eternidades de precio tasado junto a
un DVD de alquiler y un cuenco de palomitas;
inventariar momentos para, más tarde,
desear saber cómo enterrarlos.
Dar una nueva oportunidad a las palabras,
anotar, una vez más —como si siempre
tuviésemos algo que decir—, tu nombre
entre el vacío y los acres vaivenes del deseo,
preguntarte qué pasaría si, de una vez,
dejases que el viento decidiese por ti,
si abandonases, al fin, lo que la marea, terca,
va devolviéndonos día tras día.
Nada desconocido es revelado aquí,
estas palabras no saben —nunca han sabido—
desvelar ninguna verdad eterna. En realidad,
hace tiempo que lo supiste:
nadie es capaz de explicarnos (de explicarte)
dónde está —o qué es— la verdad,
explicar de qué va esto.
Las sombras van cayendo sobre las horas
mientras los dados ruedan y ruedan
sobre un fieltro de probabilidades,
explorando los peligros de conocerte,
de darte nuevas oportunidades. La vida
—más vieja que todos nuestros lamentos—
continúa del mismo modo que nos alumbró.
En la oscuridad de las cavernas,
la mórbida levedad de las palabras.
febrero 12, 2006
lunes, febrero 06, 2006
Otro

Yo no soy el que, terco y minucioso,
va componiendo un rastro de papeles
y tintas de derrota.
Es otro
el que cada día sobrevive a los combates
lamiendo con palabras sus heridas.
Otro el que escribe y cae
y continúa en pie.
Mis versos, sin tapas pero con fechas
y remiendos, están hechos de lluvia
y en ella terminarán diluyéndose
tras la falta de pago de un portal
o el ataque de un pirata informático.
Regresarán entonces, sin remedio, al vacío
del que surgieron.
Pero quizás sea mejor así,
quizás sea mejor
dejar de convocar a estos fantasmas;
quizás sea mejor
abandonar esta búsqueda absurda
de antigüedades de caligrafía,
esta búsqueda ilógica en la que otro,
sin saberlo, va dejando la vida.
febrero 6, 2006
miércoles, febrero 01, 2006
Górecki – Sinfonía Nº 3

La niebla es fría y fluye
irremediable
en esas notas, en esa voz
que persigue un eco ininteligible.
Los años picotean las entrañas
dejando tras de sí
una ausencia de vidrios en el estómago
y de amaneceres indescifrables.
Y es una locura nueva esta noche
el viaje hacia la simetría de su hondura.
No logro trasladar al papel
el estremecimiento de esta música,
de cualquier otra música. Así que
estas palabras
no son más que el fracaso de la palabra,
su transcurrir
hacia el ruido sin suturas del silencio.
Pero aún me está dado aullar,
derrumbarme junto con todos los vocablos
hasta hacerme silencio,
necesidad última
fuera de toda salvación.
febrero 1, 2006
lunes, enero 23, 2006
Danza la noche

Danza la noche
trazando arcos sobre un invierno obsceno.
Danza la noche lejana y sola
rememorando
el ansia letal de bajarse del tren
para conquistar sus orillas blancas.
Y tú debes hacer lo que siempre temiste,
lo que no ha cambiado ni cambiará:
ahora —de repente y sin excusas—
cuando eres légamo que ya no importa,
sabes que deberás romper el ruido.
Desnudo, aunque en la claridad aún,
danzas en la noche lejana y sola.
Hablas, y sin embargo es el silencio;
escuchas, pero nadie dice nada;
hablas y hablas, e inútilmente hablas,
pero sólo pronuncias
proezas y augurios como pretextos
desbaratados.
¿Quién hubiera sabido de penas movedizas?,
¿quién hubiera sido o quedado intacto
y todavía no sabiendo nada?
Danza la noche, y tú
dices todo deprisa,
con la vida arreciando
desde un silencio sin letra. Deprisa
danzas en la noche lejana y sola
como si la brasa en la noche azul
esperase un último resplandor
antes del frío.
enero 23, 2006
martes, enero 17, 2006
Aún más, todavía más

Donde las cinturas trazan
una espesura derramada
y la infelicidad,
como cuello frente al hacha de paz,
espera y entiende, sin importar qué.
Más:
si, tristes, dos labios contra dos labios
—galopes al aire— abren un campo
de caracoles veloces
y memoria
donde el jardín y la luz siempre, siempre.
Aún más:
si anegarse inmenso de ojos y silencio
y escucharse azul, grito ahogado
corazón horizonte aire noche
y la respuesta brujo recién nacido
en un salón de lucernas
dichoso como un vals
cuando el instante arranca.
Aún más:
horizonte ancho e implacable viento,
extremo que nos navega
donde los siglos desbordan
senderos concéntricos, caricias
líquenes radiantes y los pájaros
y de mi fondo tu fondo
abandonados.
Aún más, todavía más:
donde estallan, obscenas, las aves
gritando: partamos.
enero 17, 2006
lunes, enero 16, 2006
Como jamás nadie
El sol persigue su corto camino
en el aire de este enero norteño.
Aúlla el viento sobre un revuelo
de gaviotas hambrientas.
Igual la sombra que persigo
en el camino de los espinos y las pitas.
Un día más
con el milagro sonriendo a la muerte
que sobrevive
al latir de su inexplicable meta.
Un día más que cae, consumido,
en su giro cósmico alrededor de Sirio.
Es el tiempo de Acuario
y como seres de agua
nada hemos opuesto a su rutina.
Pero alguien vive aún:
puesto en nosotros el falso espejo
del pasado, alguien vive
en su cerco de fatiga
que ya no espera.
Alguien, sí, pero
que nadie se atreva a decir aquí,
que nadie alce su voz buscando una señal,
que nadie,
pero que tú me sonrías
como jamás, ni nunca, nadie supo.
enero 15, 2006
en el aire de este enero norteño.
Aúlla el viento sobre un revuelo
de gaviotas hambrientas.
Igual la sombra que persigo
en el camino de los espinos y las pitas.
Un día más
con el milagro sonriendo a la muerte
que sobrevive
al latir de su inexplicable meta.
Un día más que cae, consumido,
en su giro cósmico alrededor de Sirio.
Es el tiempo de Acuario
y como seres de agua
nada hemos opuesto a su rutina.
Pero alguien vive aún:
puesto en nosotros el falso espejo
del pasado, alguien vive
en su cerco de fatiga
que ya no espera.
Alguien, sí, pero
que nadie se atreva a decir aquí,
que nadie alce su voz buscando una señal,
que nadie,
pero que tú me sonrías
como jamás, ni nunca, nadie supo.
enero 15, 2006
Suscribirse a:
Entradas (Atom)