
La niebla es fría y fluye
irremediable
en esas notas, en esa voz
que persigue un eco ininteligible.
Los años picotean las entrañas
dejando tras de sí
una ausencia de vidrios en el estómago
y de amaneceres indescifrables.
Y es una locura nueva esta noche
el viaje hacia la simetría de su hondura.
No logro trasladar al papel
el estremecimiento de esta música,
de cualquier otra música. Así que
estas palabras
no son más que el fracaso de la palabra,
su transcurrir
hacia el ruido sin suturas del silencio.
Pero aún me está dado aullar,
derrumbarme junto con todos los vocablos
hasta hacerme silencio,
necesidad última
fuera de toda salvación.
febrero 1, 2006