jueves, enero 15, 2009

Habrá una manera

Habrá una manera de decir,
dejar de lado la revelación
y el culto insano y agrio a la palabra;
desbordar el garabato obsesivo
que nunca nos nombra, pero que, terco,
fija una herida de tiempo y memoria.

A pesar de saberlo innecesario,
con la impertinencia del que se cree
portador de razones todavía,
habremos de romper esta mudez
y rescatar nuestras armas intactas
en este orden de arcanos y puertas
anónimas.

A pesar del absurdo de seguir intentándolo,
habrá una manera al fin de decir,
de decir donde nadie nunca nada.

enero 12, 2009

domingo, diciembre 21, 2008

Una foto de bordes dentados



Hay objetos que empujan las ideas,
que nos obligan a indagar en la saliva
de este sol amable de diciembre;
formas que saben de ti como los años
o la luz blanca de los hospitales;
cosas como una pequeña foto
de tamaño cinco por ocho
y bordes dentados.
Una imagen que vino desde ningún lugar
de los años cuarenta.

Dos figuras femeninas sonrientes,
zapatos de tacón y de domingo,
las faldas tableadas
justo por debajo de las rodillas,
los abrigos dejados caer sobre los hombros,
una plaza diáfana —Melilla probablemente—,
un palacete neoclásico, castrense o municipal,
de tres alturas al fondo
y unos chavales con su siempre diario
y pantalones que no crecen.

A veces las fotos tienen agujeros sin fin,
laberintos donde encontramos
un más de oscuridad
en el pisado charco de la noche.

Aspiro a verte otra vez
con esa sonrisa de final feliz.

Y si es verdad que nada importan estos versos,
que nada pueden importar estas palabras
o esa fotografía,
también es cierto —entonces no podías saberlo—
que me diste estos ojos y estas manos
con los que he llegado hasta aquí,
después de caminos y autopistas,
noches y puentes y labios azules
que se diluyeron sin desagravio.

Y soy en mí sabiéndome fragmento,
resquebrajado por ver una imagen
detenida en su inocencia caníbal;
esa imagen que torpemente intento
plasmar aquí, entre
cenizas y rastros que no sabrán retratarme
como esa fotografía tus veinte años.

diciembre 21, 2008

martes, diciembre 16, 2008

Escúchame

Escúchame ahora. Traigo signos de este mundo
que desconozco.
Ninguno podrá hablar por mí,
y sin embargo hay palabras que nacen
y crean este espacio entre tormentas
y tiñen de azul montañas y noches.
Fotograma a fotograma, hay palabras
que me ordenan seguir,
componer una historia que no es mía.
Escúchame ahora,
siente la fascinación de lo que no es,
que a pesar de este inmenso
e implacable paisaje
otra sensibilidad es posible.
Escucha, huye de mí
después de todo.


diciembre 15, 2008

miércoles, diciembre 03, 2008

Cosas que no hacer en Valencia cuando estás vivo

Igual que un suicida persiguiendo su luz falsa
has perpetrado
el último hálito del deseo
para encontrar el agua de las manos resecas
al término de ti.

Hoy has saboreado el final de dos voces,
dos almas que no saben ni preguntan
pero que repiten una y otra vez
los mismos gestos, los mismos designios,
las mismas profecías.

Después serán preguntas de alquiler,
ese no sabernos si no es en otro
hasta que a ciegas tentamos otra soledad
para abrasarnos un instante incierto.

Más tarde —más lejos— será el cansancio,
el veneno cierto del que se escucha
en una caracola
igual que se huye de uno mismo
tras cualquier lluvia.

Más tarde, después, hoy, igual.
El tiempo abre y cierra su negocio
abandonándonos
como equipajes extraviados
en la consigna de una estación de tren
entre objetos perdidos que nadie echa de menos.


noviembre 30, 2008

martes, octubre 14, 2008

Confesión



Se nos fue de las manos,
echamos pájaros a los sollozos,
donde solían nubes
pusimos nuestros nombres,
las palabras se mezclaron con lluvia.

Extraña página ésta,
absurdo lugar donde terminar
perdido y aún pareciendo cuerdo,
extraños estos muertos que ya nos acompañan
en todos los poemas,
exactamente iguales a la mímica
de estatuas y niebla que nos sostiene.

Y llego tarde.
Con estas palabras que sobran
llego tarde.

Se nos fue de las manos.
Han sucedido muertos
y tú ya no me escuchas.


octubre 13, 2008

domingo, septiembre 21, 2008

Tiempo de decir

Habremos de seguir en este oficio
de ratos robados contra marea
y apariencia de años que no transcurren,
como si aún fuésemos testigos
de todo lo extraño, de toda esa estupidez
que nos conforma.

Terca tarea muda entre sordos,
habremos de seguir
entre palabras que crujen y gritan
alto contra nada y se deshacen
frías frente al viento frío de otoño.

Intentos para encender otra noche
sabiendo que no merece la pena,
privilegio absurdo
que no me acerca a ningún otro ser,
a ningún otro lugar que sea distinto,
habremos de seguir en esta implacable
tentativa de escapar de otra muerte
como si aún pudiéramos.

Tal vez esto ya fue escrito mucho antes
y ahora sea tiempo de decir
que estamos cansados y hartos de actuar
como protagonistas de esta farsa.

septiembre 20, 2008

viernes, agosto 29, 2008

A medida de la derrota

Parece que hay que nombrar,
que para seguir, esta atmósfera de rutina
requiere de este cuello
que se haga verbo y símbolo,
que designe, que diga y que llame
y con ello soñemos que creamos.
Seremos en la absurda perfección
de unos signos apátridas,
para encontrar en ellos algo que sea niebla
con nosotros, o laberinto poema adentro.
Hay que nombrar, sí, designar por una indefensa
luz viajera y una soledad entre sábanas;
pero también para afirmar, para proclamar
nuestra inocencia por mantenernos aquí
y engañarnos con la tinta de las ilusiones.
Porque vivir no basta y porque nos fue dicho
que este dolor crecerá conforme
nuestro triste saber vaya creciendo.
Nombrar, designar, decir,
expresiones tan sólo,
armas dispuestas en el campo de batalla,
palabras hechas a medida de la derrota.


agosto 29, 2008

miércoles, agosto 27, 2008

Urgencia y fantasía

Ponernos de acuerdo y encallar juntos, 
sostenernos para descender unidos 
por si fuera menester algo más, 
o que sean ventanas en nosotros 
y escribirte bajito 
como si nunca antes 
y ya no importara Constantinopla, 
ni la flor que se oculta en la palabra 
Alejandría. 

 agosto 27, 2008

lunes, agosto 04, 2008

Tratado de convencionalismos

Hubo un tiempo en que rogué por tenerte,
un tiempo en el que no eran posibles las mudanzas,
donde el desorden perfecto y el insomnio
buscaban un alivio
en el que enjugar todas mis derrotas.
Pero una cosa lleva siempre a otra
y otra a una más
y luego no sabemos qué nos trajo hasta aquí.
Y aunque sea convencional, ya dicho, previsible,
ahora nada importa demasiado
e interrogas al aire, al calor,
al gris plomizo ya noche del cielo.
Renegaré de ti, Dios,
por haberme concedido
aquello que te pedí,
aquello que ahora –los dos lo sabemos–
yace sordo y distante
igual que el giro que ya no esperamos,
como tampoco esperamos ya
el asombro de la carne herida
cuando recorrer tu cuerpo quemaba
y aquello era todo,
y si acaso no lo era
sólo eso parecía salvarnos.
Tardamos lustros en levantar nuestro
dolor más privado, minutos en relatar
la humillada explicación de una historia diaria
donde todo al fin fue indefensión,
promesa, desgarradura.
Tal vez te ame todavía
(cursi, convencional, ya dicho)
por eso renegaré de ti, Dios,
por haberme concedido
aquello por lo que tanto rogué,
renegaré de ti mientras celebro,
frente a la terquedad del pasado,
cómo la utopía del tiempo y su mentira
(convencional, ya dicho, previsible)
me devuelve la sed de aquellas horas.


agosto 2, 2008

lunes, julio 28, 2008

Aquí no hay más

Hay muchos lugares como éste,
lugares donde leer palabras inútiles
y atisbos de aquello que pudo ser,
y hechos acopiados y luz disuelta
en un cántaro sin huesos.

En esos lugares —aquí— no hay más,
nadie que sepa mi nombre, nada
que sea mío en tanta tentativa,
en tanto dejarse morir.

No es posible estar más lejos,
no está permitida otra dirección.
Y sin embargo las palabras vienen
y sin embargo las palabras van
y las letras nos dejan y las nubes mueren
en un suelo cansado de signos.

Para escapar
sé que debo indagar fuera de mí,
para aprender
desgajarme, ascender en la distancia
para quedar a un lado.

Hay muchos lugares como éste,
conozco tantos
que sólo puedo olvidarlos,
lugares donde se hace difícil advertir
los pedacitos de uno que se pierden
con cada verso.

julio 14, 2008

miércoles, mayo 14, 2008

Rastros por venir



Haber sido sobre maleficios y risas,
haber sido las sobras de un banquete
al que nunca fuimos invitados,
haber tenido el ánimo y ser otro
entre tantos ritos y tantas muertes,
haber sido, total, para seguir aquí,
entre palabras,
y decir que somos a pesar de nosotros
y de una puntería que perdimos.

Si desde siempre eso recuerdo, quizá esta casa
—la improbable o tenaz morada de mis letras—
no sea en verdad mi rastro,
o tal vez el verbo sea el modo en que la noche
va siendo todo
y todas las caligrafías se hacen memoria,
actas de lo que nunca confesamos.

Y entonces, aunque parezca increíble,
que aún haya cuerpo para inventar
un pasaje hacia el destierro,
una torpeza más
en la postguerra de un tiempo agrietado,
para finalmente darnos cuenta, terminar
sabiendo, que todo ya fue dicho,
y balbucear y callar, y ser eso:
vaguedades, silencio.


lunes, mayo 12, 2008

Escribimos para nadie

Escribimos para nadie
con palabras que ya no dicen
y, sin embargo, llenan los papeles
de lluvia y otros difuntos.
Escribimos —aún lejos del suicidio—
sobre un puente que nunca atravesamos,
con la certeza de que nada
es ya aquí por nosotros.
Se diría que nada entonces fue logrado,
que falta norte a esta retirada
y allá quedó el misterio, la música
y el desierto que siempre estuvo
a pesar de ella.
Pero no has muerto,
aún alguien aquí recita un miserere,
alguien que en su discurso de demiurgo
pareciera haber comprado el silencio
y, como un signo,
interrogándonos, nos recordase:
¿por qué, si ya no hay nadie?

mayo 12, 2008

lunes, abril 28, 2008

El imposible del poema

Se escapaba el aire de tus ojos
—era difícil arriesgarse,
olvidar a los difuntos de siempre;
era mejor la certeza falsa,
la mentira cruel de vivir ya nunca—,
y yo miraba al lugar de los que dicen.

Se escapaban la vanidad y el tiempo
—triste espejo, pájaro transparente,
penuria de vivir detrás de las palabras—,
y yo hablaba con sonidos de barcos lejanos,
y decía un nombre, una apariencia,
unos gritos entre lobos.

Se escapaba el aire de tus ojos,
se escapaba alguien como nadie
nunca podría.

Fue rojo el buscar, el buscar, no saber y ella.
Pero la luz disolvió su rumbo de armario
y nos trajo hospitales,
túneles en el cielo,
monstruos de números.

Aquello ahora era perder, saber
del imposible de nombrarte, del imposible
del poema.

Se escapaba el aire y nada decía,
se escapaba por siempre, para nunca.


abril 26 y 27, 2008

sábado, marzo 08, 2008

Tránsito

No fue la vida lo que llamó mi atención
sino más bien la muerte,
y con ella creí entender sus alrededores,
ese narcótico paisaje azul
en el lejano esplendor del crepúsculo.
Vuelve a la sangre la primera sangre,
al comienzo todo lo terminado,
y es tuyo todo lo oscuro y la claridad,
la edad de los molinos y los patios.
Como si hubiéramos muerto encendidos
vamos hacia un reposo que no existe,
perdidos en el útero
de un dios de vaticinios, venganzas y misterios.
No te extrañes si después de ti no hay después,
nada que añadir a este desencuentro.
Qué puede decirse entonces aquí y ahora
entre mi verdad y una culpa sin puertas
y este silencio angosto y paralítico.
Fue la muerte, no la vida,
y todo lo que fue fueron palabras.

marzo 8,

sábado, febrero 23, 2008

Has debido florecer en la espuma

A Voro, por si, después de esto,
sí hubiera algo.

Tal vez no digas nunca
una sola palabra nueva, nada
que no acabe al pronunciarse
o al ser escrito.
Somos
lo que una vez tuvimos;
lo que una vez tomamos
cubiertos de invierno
sobre los alrededores de ti,
interminable mar;
la infinita hambruna del pasado,
ni tan irrepetible ni tan vacío.
Has debido florecer en la espuma
donde los pájaros y los caballos,
donde las delirantes frondas duermen.
(Cómo quisiera tenerte aquí
y abrazarte).
En una mágica casualidad
un cuerpo, un destino, un grito,
todo se hace haciéndose,
y tú con esta vida tres minutos
y yo no debería.
No tengas prisa, espérame,
haz de ése, tu no miedo, bandera,
que yo iré a buscarte
vuelto hacia el mañana,
negando el silencio de los domingos,
hundiendo los recuerdos
de los que estamos hechos
noche tras noche
aunque el día no llegue.


febrero 23, 2008

miércoles, febrero 13, 2008

Algunas palabras afectadas

He regresado.
Por mi boca de muro andan los siglos
y las palomas bajan
donde los astrolabios surcan su rumbo a oriente
y la tristeza celebra su fiesta.

En las calles las islas deambulan
lentamente en la mañana festiva.
Desde un bosque fluvial
el musgo corre a buscarte adentro
y en el fondo del río alguien entona salmos.

No hace falta ir o volver o buscar el orden,
Valencia desaparece y nos lleva
reconstruyéndonos
sin saber de ataúdes ni de verbos.
Una canción nos trae, una manzana frágil,
un ir y venir caótico junto al agua,
el viento dormido del primer puerto
sobre esa mirada suya de siempre.

Contra ti nada hice y nada haré,
Valencia, pero
en una expiación absurda te nombro,
lanzo algunas palabras afectadas
y vuelvo a ti. Regreso
a nuestras calles, a nuestros fulgores,
a esos lugares que son tan tuyos,
tanto, que tú sabes que me pertenecen.


febrero 10, 2008

sábado, febrero 02, 2008

Tal vez ella pasee entre nubes


                                                                                      Layla - Eric Clapton

Tal vez ella pasee entre nubes
y cuentos de hadas
escuchando su nombre sobre un riff de Eric Clapton,
o quizá Dios la haya despertado al fin
y mañana decidirá marchar
hacia un nuevo mundo de perlas y hojas
de platanera.
Bien, yo sigo recorriendo las calles
arrastrándome entre polvo y basura,
buscando esos silencios
que marcan las palabras que la nombran.
No puedo recordar nada de muchos días,
pero aún sigo vivo.
Tal vez ella pasee entre nubes
siguiendo el compás de un riff de Eric Clapton,
o quizá se haya disuelto en la noche
en un suspiro de vuelos y mapas.
El caso es que yo estoy de nuevo aquí,
sin saber cómo demonios llegué,
danzando a ambos lados del abismo,
dando vueltas y vueltas
alrededor de esta noche de música,
esa música en la que alguien me dice,
contra toda evidencia,
que vivo aún.


febrero 2, 2008

lunes, enero 21, 2008

Desvarío

Uno es todo,
pero entonces saber no importa,
como si el tiempo finalmente no jugase
con nosotros; como si el espacio
no contuviese más
que lo que alguna vez fuimos o hicimos;
como si siempre hubiera sido así
y la noche impúdica, al temer la llegada del alba,
nos contase todos sus secretos
y descubriésemos que la verdad al fin
es sólo un laberinto tramposo.
Allí estábamos, donde el deseo no alcanza,
bebiendo algo menos que demasiado,
viviendo algo más que nunca,
temiendo que al fin todo fuese
impertinencia o desahogo,
casi lejanía, almidón, recuerdo.
Ahora me preguntas por lo que escribo
y yo me sé anacrónico, destino improbable,
desahogo de nuevo, música y mar
en el presente puro. Siempre acabado
pero siendo lo mismo siempre,
permaneciendo casi como la música, igual,
a pesar de nosotros, del tiempo y por él.
Uno es todo, pero entonces –tú ya lo sabías-
nada importa.


enero 16, 2008

domingo, diciembre 09, 2007

Conversaciones con una extraña

Espectador perplejo,
inmerso entre ruinas y días sin interés
dialogas, una vez más, con la extraña.
Siempre hace frío cuando cierras los ojos
y, a solas, te recreas visitando lugares
donde la decisión aún es posible.
También pensabas siempre que nunca volverías,
pero a veces no puedes evitarlo
—esas viejas escenas en su perfección quieta—.
Es una sensación como volver a pintar
un cuadro; o volver a construir un muro
que sabes que no puede protegerte del tiempo.
Volveré entonces a juntar palabras
a espaldas del suicidio:
tretas vanas para eludir la muerte
en el viejo ritual de escribir para nadie,
como queriendo aún.


diciembre 9, 2007

viernes, noviembre 30, 2007

Ofelia



Tengo miedo, Ofelia,
hace frío
y la fábula cedió su lugar
a un agua de sombras.
Ahora duermes, duermes
y yo te veo dormida en el frío.
Dime, Ofelia, dime si añoras
aquellos lugares de sol y mareas bajas,
si estuviste perdida, tan perdida
y lúcida como la noche y el silencio.

Tengo miedo, Ofelia, y tú,
entre flores de acebuche
y sombras de álamos, flotas.
Verde en la corriente verde flotas
y las gotas se extienden en ti
y rodean tu cuerpo lento y frío
en la lentitud húmeda 

de tu bogar.

Tú venías y partiste, Ofelia,
tendida a la luz pálida de mi casi muerte
entre flores de acebuche.
                                        Dime, Ofelia,
dime qué encontraste en el río,
en el fondo de esa noche
callada ya para siempre.

noviembre 30, 2007

sábado, noviembre 24, 2007

Adagio para cuerda



La tarde vuelve a aburrirse
en la transparencia gris de un orujo
que sabes que no es capaz de salvarte
pero que aún piensas que te ayuda a resistir,
a olvidar ese dolor primigenio
que desde nunca —terco— te persigue.
Debe de ser que no sé ignorar,
que no sé dejar correr el agua,
ser madera fluyendo en la corriente,
luz en la luz del día, ceniza entre cenizas.
Tuvimos que volver
—el enemigo siempre estuvo dentro—,
regresar de la noche de labios compartidos,
de una vez por todas dejar caer el sueño,
descender al fin, callar para siempre
lejos de la llama y la razón.
Después de tantas excusas y humos
nada hay aquí que no sea derrota,
tus manos están frías
y la tarde vuelve a aburrirse
en una morosidad sin recompensa.
Debe de ser que ésta es una de esas luchas
entre aquellos hermosos perdedores
de las letras de Cohen.


noviembre 24, 2007

lunes, noviembre 05, 2007

Lluvia

Caes y caes y estás cayendo.

Sobre las antenas
y las despintadas azoteas,
ahora caes.

Más abajo
cristales y farolas y nosotros
teorizando acerca del dolor,
escudriñando el horizonte
nuevamente.

Desvalidos frente a tus límites
nada podemos hacer
más que observarte, atónitos,
mientras tú, torrentera,

caes y caes y sigues cayendo
arrastrándonos, hojarasca,
hacia la noche.


noviembre 5, 2007

domingo, noviembre 04, 2007

Tú sabías de mí

Sólo una imagen
desdibujada
frente al vértigo todavía.
Quizás las calles y algo a descifrar
de una realidad que sabemos invisible.
Lo demás volver y la materia.
Nadie viene, pero tú eres dichoso:
nadie
es tu idea de la palabra frío,
de ese vacío gris que nos rodea.
A veces es necesario dejar
que todo caiga,
que todo se derrumbe
y encuentre al fin su lugar en el pozo.
Sólo una imagen, me decías,
quizás tu cuerpo practicando el mundo
al lado de nadie, en el incendio
que nos mantiene vivos,
dueños de un lugar donde los árboles esperan,
como la promesa de un buen tiempo,
la promesa de soles cubriendo el mapa
restañando lo irreal de tu estar aquí.
Por las esquinas huimos,
anochecidos,
y queda sólo una imagen desdibujada:
pájaros de niebla abandonando,
sin querer, la escena. Lejos de siempre.
Tú sabías de mí antes de mí mismo.


noviembre 3, 2007

sábado, octubre 20, 2007

Cuatro de octubre

En agosto, mi hermano –maldita previsión–
me envió un presupuesto. Entonces no sabía
de su gran presteza y diligencia,
de esa forma sosegada y tranquila
con la que parecen arreglar todo.

Un certificado son sólo tres
con ochenta y tres; la corona ciento
veinte; y la misa sesenta. Luego está
el coche y el acondicionamiento del cuerpo
y la gestión y la documentación.
Lo más caro el féretro y la esquela
y la sala del tanatorio. También el nicho,
por supuesto. Y aquí podemos escoger
doble o sencillo,
por cinco o cincuenta años.
Sin traslados ni defunción judicial
nos vamos a los cuatro mil. O casi.

(Has debido quedarte donde dicen el cielo,
en aquella pradera de noches para siempre)

Es un servicio eficiente, sin duda,
esa forma profesional y limpia
con la que todo parece arreglarse.
Es, sin duda, un servicio diligente,
aunque nadie sepa cómo tapar
el agujero. Ese enorme agujero
que ha partido en pedazos el pecho de mi madre.

Llamar, en caso de fallecimiento,
al teléfono cinco-cinco-cinco,
seis-cero-ocho, dos-siete-tres. Sr.
Martínez.


octubre 2007

martes, agosto 28, 2007

Músico Albéniz, 2

Puerta veintiuno, y The Boxer sonando
I’m leaving, I’m leaving
y, sí, realmente estábamos yéndonos,
abandonando, sin saberlo, todo
lo que alguna vez fuimos, o creíamos ser,
en compañía de amigos y extraños.

Eran tiempos de hermanos y de largos estudios
y de fortunas en forma de sueños impíos.
Tiempos de Silvia, de Amparo y de Eve
y de otras —no muchas— que no recuerdo
—nos hemos olvidado de algas y de intemperies—
pero que dieron sentido a la música
y a palpitantes noches de quimeras.

Músico Albéniz, 2 es decir años
setenta, la eternidad en la novia,
la morada celeste transformándonos
a cada paso. Es decir hogar,
una paga —corta— el fin de semana
y unos ideales por los que vivir.
Es decir autobús y tocadiscos
y veranos de interminables olas
y guerras lejanas y poesías.

Es mercenaria ahora la limpieza
en esa casa donde el aire se vicia
de incontinencia una y otra noche
y la televisión aúlla sin remedio.
(No quiero llegar a viejo —me digo—,
pero que ellos no me abandonen nunca).

Tal vez era preciso que escapara,
tal vez era preciso
que abandonara aquellos ropajes de verano.

Aunque el fuego aún permanezca encendido
y aquella tenue música —Lai-da-lai— continúe,
Músico Albéniz, 2, puerta veintiuno,
nos hemos quedado lejos del sol.


agosto, 2007

miércoles, agosto 22, 2007

Casi a punto

Las cosas cambian, pero algo ahí nos perdura
—dijiste—, aunque aquí sólo el cristal nos muestra
un lugar diferente.
La vida a veces
son los gestos de un amante inexperto,
la irrealidad gris de una venganza gótica
que nunca deseamos perpetrar.
Y en otras ocasiones
el olor de las terrazas vacías
cuando el alcohol es el último cómplice.
—Tú has sido mi silencio—.
Aquellas guerras nuestras nunca fueron verdad
del todo, o tal vez sí, y la mentira es esta
madrugada de nuncas y palabras ociosas.
Este viejo mundo sigue rodando
dejándonos como poso unos días
y algunas pocas cosas que recordar de noche.
—Tú has sido mi extravío—.
Yo me pregunto si al fin llegará
un viento que borre todas las horas.
Porque el viaje todavía nos lleva
y el instante es eterno
cuando todo es impaciencia de ti
y ya es invierno en los tejados rotos
en el momento de desconocernos,
casi a punto de un último suicidio.



agosto 10, 2007

domingo, julio 29, 2007

Sargazos



La piel de la noche está hecha de mujer
y de silencio,
como las letras de las canciones que nos unen
y los billetes de ese tren que nunca tomamos.
Yo podría haber sido la memoria
de tus árboles. O eso supongo.
En realidad
no podemos saber lo que no ha sido.
Extraños de un viaje nunca iniciado
yo fui a ti cuando tú regresabas
a la tierra antigua, a la sede del misterio
y la dulzura agria donde el tiempo
parecía no pudrirnos.
La herencia de la noche es un muelle
donde ya no recalan los navíos
y nos amontonamos como sargazos
interpretando escenas imposibles.


julio 29, 2007

sábado, julio 21, 2007

El quinto elemento

Irremediable abandono, culpas de otra edad,
perdidos sólo porque nos diste habla
y la palabra sea muerte al fin.
Debiste ser galerna de otras nubes,
mañanas rojas frente al agua rota
del amanecer, reflejos inmóviles
en armonía de pájaros y aire.
Lo sabemos desde la hoja vacía,
nombres que son fuego y revelación,
ventanas de profundísimas celdas
hacia la tierra donde siempre huimos.
Debiste ser aire de otros lugares,
el quinto frente a los cuatro elementos,
contrapunto de poemas inútiles
este crepúsculo en el que te añoro.

julio 21, 2007

sábado, julio 07, 2007

La casa vacía

Es más grande la casa vacía,
o más pequeña.
Hay medianoches en los rincones,
conejos y ciervos tras las puertas,
hierros y frutos sobre el gres, ahora tan solo.
Me pregunto si las horas cosecharán aquí
ruidos silvestres, gestos, deseos;
si cuando el polvo sigiloso la nutra
los insectos perseguirán nuestros espíritus
por estancias y pasillos.
He de volver aquí cuando me muera,
a tu cuerpo cuerpo, a tu senda senda.
Habré de envolverme con el olor de estos tabiques,
cubrirme con la luz apresada de los ausentes.
He de volver aquí cuando te pierda,
vestirme de este vacío tan grande
o tan pequeño.


julio 7, 2007

domingo, julio 01, 2007

Adolescencia

Estaré donde entonces deseamos,
girando
con la lluvia y la noche,
ligeramente ardiendo.
Botellas en mis sienes el paisaje
junto a aquella sombra en la arena
y la camisa limpia de tus ojos.
Estaré en tu cuerpo de ciprés,
hiriente como puñal,
volando la adolescencia.
Será tierra y alba ahora
y luego árboles lejanos
lamiendo un verano nuevo,
hallándote siempre.
Estaré donde entonces, en cada escombro,
fluvial, apartando dioses y sombras,
ligeramente ardiendo,
sin volver a la vida.


julio 1, 2007

jueves, junio 14, 2007

El laberinto

Dijimos que no sabíamos,
que no sabíamos algo
que ahora no recordamos
y que ya no importa.
Habrá de ser así una y otra vez
—el invierno no son unos meses oblicuos,
ni noches grandes como osos
en el límite lentísimo del sueño—.
Estoy aquí
donde aún puedo pedir perdón
a una luz muerta, pensando
que alguna vez casi lo logro.
Habrá de ser nunca y ahora.
Y tú estás aquí también,
con los brazos abiertos
—aunque no sea posible—
muriendo de nadie. Y es que
todavía crees en las letras
y en las sílabas alineadas
en su perfección de convento.
Habrá de ser nunca y siempre.
Tú y yo
todo el tiempo aquí
dejando de intentar más idas y venidas,
derrochando el presente, muriendo
con nadie. Por más que la noche
aparte nuestras sombras, tú y yo aquí,
despojando el futuro.


junio 14, 2007

martes, mayo 29, 2007

Una razón para no creer

Allí donde la palabra se evade
y aspira a expresarse por sí misma.
En el sitio del hombre
huérfano de toda necesidad.
Mientras el significado busca su lugar
en el discurso. Allí,
donde está permitido recoger
nuestros propios pedazos,
allí se hace preciso rebelarse,
levantarse en armas contra nosotros
y contra todo lo que alguna vez
dimos por hecho.
Allí donde otra posibilidad se sugiere
hay una razón para no creer.

mayo 21, 2007

domingo, mayo 06, 2007

Nada que sea tú

Hoy escribiré de nada que sea tú,
de nada que sea nuevo o que pudiera ocurrir
o que dejase atrás.
Mientras el sol se hunde en un asfalto amarillo
escribiré piel y misterio y ocaso,
naranjas azules en el muelle de Suzanne,
tañer de sueños en la soledad de un oasis
de palabras y secretos.
Mentiras que son
porque fueron verdad, escribiré.
Escribiré hasta no saber qué palabras digo yo
y cuáles me dicta tu voz.

mayo 5, 2007

sábado, abril 28, 2007

La mirada de otra luz


Olas, cañizos
y dientes de dragón
habitan en sus párpados.
El fulgor de la arena
y el dorado salino de la piel.
Y en el cristal
el latido de mil vigilias.
Su universo es mi sueño
y el tiempo de narcótico y martini
el esqueleto de la tarde.
Nada que puedas descartar
de esas fotografías,
con la mirada de otra luz

y un fragmento de cielo.


abril 28, 2007

domingo, abril 22, 2007

Pequeñas cosas

La memoria imaginaria adueñándose
de nuestra casa,
un reino de oro oculto
entre brasas que ya no nos calientan,
unas pocas lecturas y algunos recuerdos
que no sucedieron —el cazador nómada
que nunca fuiste, o las notas de un piano
inexistente, acompañando al tintineo
del silencio—. Así es la tarde a veces.
Pequeñas cosas para mantenerte atrapado.
Poco importa entonces el transcurrir del tiempo,
las horas navegando entre sargazos,
vida y muerte, la caída del imperio
o las sílfides de mil y una noches.
En la fatiga de otro crepúsculo a sotavento
uno se encuentra entre luces y limos
y tráficos que nunca nos llevan,
y otras veces en un viejo cine de colegio,
con butacas de madera plegables
y películas de amor y aventuras.
De lo que significa habitar este cuerpo
nada más nos cabe esperar. Si acaso
esa sensación del que regresa
y extraña el lugar, como le parece extraño
todo lo que algún día
la insolencia del que no sabe
le hizo creer que era suyo.


abril 21 y 22, 2007

domingo, abril 15, 2007

El destino teme a los valientes

El destino teme a los valientes
y se ensaña con los cobardes
(Séneca)

Las mismas vistas, la misma ciudad,
todas esas mentiras en los mismos papeles.
Sólo la noche desde la ventana.

Me digo que es muy tarde para tanto dolor,
para tanto estar en todas las sombras,
para tanta y tanta desolación.
Como se teme el dolor o la vida
—ese caótico deambular
sabiéndonos muertos e indiferentes—,
lo que tantas veces temí soy ahora.
Hablo de lo que nada puede hacerse,
de los recuerdos a uno y otro lado de la luz,
de una mirada tan antigua
como la memoria de los árboles
y un desamparo de piedra y días
donde sólo tu cuerpo te acompaña;
hablo, al fin, de deambular entre poemas, cuando
llamarte es la excusa que ya no busco.

Entonces, dime:
¿qué teme el destino de los valientes?


abril 13 y 14, 2007

lunes, abril 09, 2007

Buzón de voz

Tienes activado el buzón de voz.
Tus palabras resbalan por antenas y cables
pronunciando un mensaje conocido y absurdo.

El pulso es el recuerdo de un viaje
donde se amontonan hangares y rostros extraños
y plazas y puentes y edificios
y tu cuerpo, junto a nadie, desnudo,
tendido en aquella cama enorme.

Sólo unas imágenes, algunas músicas
y una pocas palabras
nos poseen finalmente.

No dejaré que suene la señal,
como tantas otras veces
no dejaré mensaje alguno.

No sé qué será de mí
cuando, de una vez, te decidas
y cambies de número de teléfono.


abril 9, 2007

martes, abril 03, 2007

Después del miedo

Llegó el invierno, tardío y hostil
como la culpa.
Atrás —entre los dos, atrás— el tránsito
hacia bordes delirantes y hendijas
—bajeles del amanecer, campos donde
mis manos encuentran las coordenadas
de tus colinas inocentes—.
Debería irme,
ahora que un sonido repite otros
irremediablemente;
cuando mi casa —nombre de sal—
es el humo de un estribillo loco
acudiendo a su cita con el aire,
sé que debería irme.
Porque no hay miedo después del miedo,
ya sin miedo irme
aunque nos parezca indispensable escribir:
ese morir que es ir tras una canción,
que es ir aún tras unos trazos
cuando la inmensa mentira de vivir
sin extrañeza; cuando ya somos
esa ventana abierta en la casa vacía
golpeada por un soplo de poniente.
Sólo un poco de ti a los pies del ser.
Y es por eso.
Llegó el invierno. Y así —se diría—
morir, aquí y ahora, es
observar a todos nosotros siendo.
¿Te dije ya
que no hay miedo después del miedo?

abril 1, 2007

domingo, marzo 11, 2007

Esa guerra

Desde la gloria al acecho
mi herida averigua sus límites
entre mis más íntimas palabras de ceniza.

Tras una ventana honda
el mar caracolea y vibra con la noche.

En realidad ya es hora -como temíamos-
de que cruce las líneas enemigas.
Ya hace tiempo
que nuestras tropas perdieron la guerra,
esa guerra que transcurre ilusoria,
llena de olvido,
en el mismo frente cada día;
esa guerra de calles seguras y salir ilesos
que nos rodea y abarca
mientras te desangras sin flores, volátil,
y obstinadamente hablas de mariposas
y labios.

Y sol afuera, ventanas cerradas,
abejas y silencio.


De Cantos suicidas
marzo 10, 2007

sábado, marzo 03, 2007

La noche esconde la noche

La noche esconde la noche
al lugar en el que todo muere y nace
sin refugio.
Ahí va mi caducidad,
en este acto de fe que es estar aquí
desde ahora y para nunca,
o en este querer llevarme
algún instante de ruido
a favor de un imposible.

Agria es la lucha nocturna
midiendo las horas con precisión
de falsificador
definitivamente para nadie.
Agrio es el viento que nos agita
cuando el silencio baja un suicidio tras otro
y tú subsistes.


De Cantos suicidas
marzo 3, 2007

sábado, febrero 24, 2007

Geometría sin orden

Era nuestro, pero al final
el tiempo hizo de su casa un poliedro
y ya nadie fue inocente tras el otoño.
Nunca sabré por qué
olvidamos el camino de vuelta,
ni por qué quisimos construir un muro
en cada esquina.
Tus ojeras sin respuestas y los horarios
-lentos como un paquebote abandonando tus retinas-
dialogaban con Marguerite y su amante
-en cada página un anhelo,
en cada deseo una noche-
en su laberinto de océanos y extraños.
Geometría sin orden tu casa ahora,
tristes pollos congelados las palabras;
las palabras que esperan en la noche
el asalto de las patrullas,
incluso cuando las muchachas sin nombre
juegan a naufragios en tu pantalla
y tú deseas ser diferente,
ser diferente sólo por un día.


febrero 23, 2007

martes, febrero 20, 2007

Febrero siempre

Febrero siempre.
Deslumbrados por ése
en el que tanto nos desconocemos.
Es la edad de lo anterior e ir despacio,
es mirar con tu nombre de contigo y nunca,
demencia apenas en este arte de callar.
Lo demás es sol, es lo demás abril,
la lividez de una muchacha onírica
que me visita a veces
en una Valencia imaginaria.
También
los astros que giran sobre los límites
de todo cuanto fui.
Debe ser que estamos en febrero,
en febrero siempre.


febrero 20, 2007

viernes, febrero 16, 2007

Foto de promoción

El por qué aquí ya no sirve.
No sirve la conciencia temporal,
ni las palabras expectantes que sueñan su nombre.
No hay esencia alguna en el recuerdo,
esa materia que a nadie escucha y a todos vale.
No trascenderá la propia historia
a los testigos inmóviles que nos acompañaron.
No hay enigmas, sólo transcurrir banal,
terco viaje entre fantasmas que no dicen nada.

Y es que somos tierra en silencio,
el indefenso tacto de la ropa gastada,
el rostro sepia —humilde y asustado— del colegial
en esa foto de promoción.
Absurdos más que imperfectos,
en esa forma deslumbrante en la que
parecemos ser otros.
Y en otra geometría un pecho dormido
quieto y lejano como un ave
en su pequeña casa de la muerte.


febrero 16, 2007

domingo, febrero 11, 2007

Mejor que la locura



Estoy en mi butaca lila,
apurando el fondo de una mañana de invierno;
en el desvarío que otorga algún sinsentido
a este cuerpo
creado para tantas otras cosas.
Voy a juntar cuatro o cinco palabras,
borrar escenas, hacerme en otros lugares.
Voy a celebrar mi otra verdad
como si hubiera otra.

Probablemente entre tú y yo el tiempo ya no gire,
lo sé por el olor enfermo, primario,
de las hojas caídas que nos invade; las hojas
caídas que alimentan a la tierra que las acoge.
Parecido a Dios y a la muerte.
Mejor que la locura.

Vamos de un puerto al silencio,
en mi butaca lila, donde queda la lluvia.
Vamos de la hoguera a las horas
ensanchando los pulmones de ganas quebradas.
Vamos y, sin embargo, escribimos sonidos
que no sabemos
por si por un casual un día nos quedamos.


febrero 10 y 11, 2007

domingo, febrero 04, 2007

Triste oficio



Tú buscas, como yo, una palabra, una oración
después, que redondee una faena
aunque la sepamos interminable.
Los dos nos disfrazamos de trabajo
cada mañana y tomamos el coche
o el autobús de las ocho menos diez, ausentes
como en una capilla de hospital.
Notarios venidos a menos, nos semejamos
a esa muerte de la que escribimos, entre ruinas
de un mundo extraño que desconocemos
pero del que estamos empeñados en dar fe.
Tú y yo condenados a nombrar, como
si en el papel pudiésemos retener el tiempo
o el oleaje de aquellas noches de verano.

febrero 4, 2007

sábado, febrero 03, 2007

Escribir da miedo

No eres sino la razón que escapa a través de un espejo,
esa tristeza que es anterior a la vida.
Nos hemos acostumbrado a tu confusión,
a la idea de la tempestad
atravesando el aire con la noche.
Me pregunto qué haría el paraíso si volvieras,
cuántos cuerpos extendidos acompañarían nuestra boga,
cuánto sacrificio, cuánta juventud anochecida
bajo el vuelo de las aves cubriría nuestra suerte.
Debería tratar de salvar el poema,
en vez de eso
formulo preguntas inútiles a las sombras,
al recuerdo de un combate y un fracaso.
Es cierto, escribir sigue dando miedo.


febrero 3, 2007

domingo, enero 28, 2007

Atentamente

Los atardeceres son siempre mejores
que los poemas sobre atardeceres
—dijiste—. En aquel tiempo
avanzábamos con la certeza de quien sabe
que la muerte es una cita inevitable
y que hay precios que no conviene pagar
por postergarla.
Si este lugar no hubiese existido;
si pieza a pieza no hubiésemos compuesto
este rompecabezas
donde soñamos y abjuramos de espaldas a la noche;
si no hubiese existido este lugar
nuestros cuerpos nunca habrían estado unidos,
nunca nos habríamos hecho fuertes
sobre la costumbre,
empeñados en desconocernos,
anochecidos
por todas las guerras del planeta
y la furia de una soledad lejana y hermosa
como una isla.
Este lugar siempre será nuestro,
por eso sabes que te negaré siempre,
por eso nunca me hallarás sin ti.
Más tarde, mientras la tierra aguarda,
dejarás que el viento responda.
Pero ahora quiero tenerte aquí,
atenta a lo más nimio,
luego de que los trenes partan
—y yo tras ella—
hacia el próximo poema
y el día gire en una palabra.

Tuyo. Atentamente.
Enrique.


(De Conversaciones con la poesía)
enero 28 y 29, 2007

lunes, enero 15, 2007

Leo tu nombre en los posos del café

Es de tu memoria
de donde se alimentan las metáforas,
las palabras que colorean
su nombre de estiércol a las nubes.
Es de ti de quien me protejo cuando
la sequía construye su ataúd a las estaciones,
justo donde escarbo en mí tu simiente
y encuentro un cuerpo solo.

Tal vez debimos quedarnos allí,
sobre la tierra muerta
que da cobijo a esta ciudad.
Quedarnos allí, hechos trizas, en su subsuelo,
copulando pensamientos para nada.

Hay un muerto que nos espera sin prisas,
un muerto que se ha vestido con sus últimos despojos
para observar el espacio sin pájaros de nuestras manos
y su eterna culpabilidad.
Acaso esa culpabilidad sea
el origen de todos los poemas,
sombras que construyen sombras ficticias
que a lo mejor nacen también por ti.


enero 14, 2007

lunes, enero 08, 2007

Ya no sabe



Mi madre ya no sabe,
no sabe ya cómo formar tríos y escaleras.
No renace el aire la sangre en su rostro.
Sobre el poema la intemperie, el adentro
del silencio y lo prohibido,
cadáveres en vigilia por mi boca.
Me importa el mar,
el estallido de piedras del mar;
me importa la muerte,
el llevárselo todo de la muerte.
Estaba el mundo de vísperas,
mi madre ya no sabe.


enero 7, 2007

Enero es frío sin compañía

Lames en la tarde un sueño de pájaros.

Era preciso que volvieras, desde los escombros,
a esta tierra cercana a la noche
donde las brasas no queman, donde
siempre habitó —delirante— el rocío,
y yo cabalgo y voy, y yo cabalgo y vengo.

Era preciso dejar correr el río blanco, aquí mismo,
en su fábula, como creíamos; en su fábula
parecida a un loco hecho para ti. Natural y terrible
como ese loco que sabe del sonido verdadero
mientras tú, entre naipes y pájaros,

lames en la tarde el sueño que nos protege.

Enero es frío sin compañía. Era preciso.


enero 7, 2007

viernes, enero 05, 2007

Pero te espera



He inventado unas lágrimas
—enlazadas como fichas de dominó—
para celebrar la hermosura del otro lado;
he escuchado al predicador labrando
su silencio de frontera; he medido
con la precisión de un cartógrafo medieval
el abismo metálico del dinero en la palabra;
he sentido —sé que he sentido— inmóvil,
íntimamente, cada instante contigo
y todos ellos —incalculables—
fueron en soledad.
Aún soy el hombre que persigue
la luz de los tinglados de otros puertos
y una playa remota al abrigo de las corrientes,
el hombre —invencible como un muerto—
que escucha, que sólo escucha,
el transcurrir de las horas.
Pero el tiempo exige su servidumbre
y ya no quedan más palabras,
así que ya no importa si estás ahí
o si todo sucede por última vez
y no nos volvemos a encontrar,
porque —dime—
qué se puede hacer con un poema;
qué puede edificarse
describiendo el desfile de la luna
o la dulce melodía de un recuerdo;
qué con el eco del agua en el aire
o con el desconcierto
de quien no sabe nada de ti
pero te espera.


enero 4, 2007

domingo, diciembre 31, 2006

En el buró

He estado buscando unos documentos
en el buró de mi padre,
los extractos de bancos, los donativos
a las obras misioneras, las estampitas
y los calendarios de hace diez o veinte años.
El alfabeto son unas páginas desvaídas
donde nunca es posible contener lo sucedido,
y mi mirada,
extraviada sobre los grafos de aquellos tiempos,
es el silencio que nos aleja.
He estado buscando unos documentos
en el buró de mi padre;
como un habitante de una playa invernal
he estado rastreando los hilos de otros días.
La Agencia Tributaria no entiende de sentimientos.



diciembre 31, 2006

sábado, diciembre 30, 2006

En cierto sentido

En cierto sentido somos el escenario de un dolor primigenio; testigos inútiles de una orfandad labrada en la mudez; campos de cultivo de una llaga hecha a medida, como esos juegos del parchís y de la oca, personalizados con nuestras fotografías. Esta noche los ojos tienen el brillo oscuro de la lluvia en reposo, de la lluvia una vez ha concluido su largo viaje, después de horadar tantas cartografías abruptas. ¿Sería posible en esa desolación cambiar el rumbo de la noche con unas simples palabras? Bajo mi piel hay huesos que quieren tener su protagonismo, su lugar frente al sol y los vientos; huesos que sueñan con una música tenue que los capture sin la amortiguación de tanta carne, sin la espesura de tanto miedo. En cierto sentido la fe es la certeza de que mis huesos tendrán su cuota de protagonismo. diciembre 30, 2006

domingo, diciembre 10, 2006

Sobre lo que fuimos

Nadie como nosotros
ha buscado el sentido de sus manos
y ganó con tan poco unos plazos a la vida.
Nadie como nosotros
comprendió tanto
con tan exiguos argumentos.
Y ahora que al fin forjamos
el pacto de la luz trazando laberintos
y buscamos el alma de la palabra
en lo lejano y la cicuta, ahora
caemos en la cuenta
que existe sólo
este paisaje tras la ventana,
que lo demás no es cierto
y que todo será azul a medianoche.
Sobre fronteras y templos todo será azul,
casi como seguir sin más preguntas.
De nuevo, a traición, terminó el otoño,
de nuevo soy sobre lo que fuimos.
Nadie como nosotros, y aquí sigo,
buscándote
en el centro de una ventana
que no existe.

diciembre 9, 2006

jueves, diciembre 07, 2006

Todo bien por aquí

Lo recuerdo cubierto de niebla,
una niebla tersa, una niebla propicia
para extraviar pieles y misterios
y habitar los versos más tristes.
Pero todo está bien por aquí. Quiero decir,
aunque la alquimia donde encierras tus misterios
siga persiguiéndome, y no pueda abandonar
los aeródromos en los que nunca nos despedimos,
todo está bien contigo.

Dios, dame al menos
un viento clandestino, un viento de helicópteros
y apocalipsis, de estrellas azules
y calendarios de contrabando, más allá
de este dolor de sílabas y papeles arrugados.

Y es Valencia, y esto es el tiempo que no pasa
y mis manos transparentes como una habitación de hotel
y el silencio que nos une en su perfección sumergida.

Allá arriba hay ruinas que todo lo saben
y un lenguaje que es verdad. Aquí
tu rostro ya no es el tuyo, y el poema
es un mapa tallado en una roca que no existe
pero que llueve.


diciembre 6 y 7, 2006

domingo, diciembre 03, 2006

Un lugar en el norte de Ontario


                                                                                 Helpless - Neil Young

Paisaje de persianas echadas.
Una canción de Neil Young
trae imágenes
de un hogar lejano y frío
con ventanas azules
y pájaros altísimos como cometas;
imágenes verdaderas igual que humo,
ese humo que huele
como dicen que huelen los recuerdos
cuando el silencio nos visita.
Yo sigo allí, donde el amor
las canciones afirman que es más real,
el faisán inerte de una pintura embalada
en los sótanos de un museo.
Y tú, supongo,
no estás más que en estas palabras.
Nada de esto es luz, lo sé,
para beber en ti las estrellas
hablo de un viento que desconozco
y de sueños que partieron olvidándonos.
Nada de esto es luz,
pero la música nos permite imaginar la llama,
porque, después de todo, es cierto,
hay un hogar en el norte de Ontario.

diciembre 3, 2006

viernes, diciembre 01, 2006

Inventario de necedades

Después de todo,
tal vez no queden más
que unas pocas canciones,
un mucho no saber por qué
y ese no haberse atrevido.
Tantas y tantas cortapisas
que nos hemos ido imponiendo
sin saber muy bien cómo,
porque algo dentro nos señalaba
–conciencia o inconsciencia–
que ésa era la dirección.
Unas pocas cosas ganadas
cuyo valor cada vez encontramos
más y más dudoso,
y otras muchas perdidas
que cada día nos van pareciendo
más primordiales.
También, claro, estás tú. Tú y yo
y esa forma absurda en la que nunca nos quisimos.
También los hijos, indudablemente,
y ahí todo el amor, y ahí
toda nuestra esperanza de más y mejor,
eso que ahora sabemos
que nunca se trató de hacer fortuna.
Algunos buenos recuerdos que nunca se repitieron,
haber intentado, inútilmente, olvidar
algunas malas experiencias y muchos errores
que en realidad a nadie importaron
y que sólo a fuerza de convivencia
hemos logrado allanar.
Y ya es la prisa una cita sin fecha
pero que, puntual, llegará para siempre.
Después de todo,
tal vez no queden más
que unas pocas canciones,
un mucho no saber por qué
y ese no haberse atrevido.

noviembre 30, 2006

martes, octubre 31, 2006

Intento de asesinato

Se me ocurre que ahora,
a pesar de nosotros,
podría ponerme a escribir. Escribir,
por ejemplo, —no soy original, lo sé—
del modo extraño en que tantas cosas
podrían haber sido
y quedaron lejanísimas, extraviadas
en ese lugar pantanoso
que es la memoria. O escribir
—sin que sepa muy bien por qué—
de la aspereza antigua
cuando caigo en la cuenta
de lo que hubiera podido decir,
o callar, tal vez, si hubiese apretado
con fuerza los dientes
y en silencio hubiese resistido
los embates de las ideas
y sus tristes argumentos. Escribir
para terminar repitiendo
este intento de asesinato
que sigue siendo la escritura,
la anacrónica inocencia que alguien
—ridícula, tercamente—
persiste en hacernos creer
que continúa siendo necesario,
cuando sabemos bien
que no es más que otro truco:
la ráfaga de viento
que por unos instatntes zarandea
—apócrifa ilusión—
a unas sábanas tendidas.
Escribir,
haber dejado a un lado el miedo
que dio vida a esta muerte
para terminar comprendiendo
que nada quedará.

octubre 31, 2006

domingo, octubre 22, 2006

Pequeño poema perdido (canción suicida nº 5)

Mes de julio,
mientras los coches vienen y van
como las llamas en los resecos pinares;
cuando el instante no tiene dueño
y uno intenta ponerle nombre a su vida
pulsando un deseo remoto
escurrido en el tiempo.
Mes de julio,
en el caer de la noche,
para no decir abismo
y dejar que la escritura –aún misterio
y laberinto– hable por sí misma.
Despacio, después de tantas tardes,
después de tanto olvido.
Si ya no esperas más de ti.

julio, 2006

sábado, octubre 07, 2006

Sueños no dormidos

Te busco
–demolición de agua, danza de moradas al viento–.
Fue certeza la piel y el mar midiéndote
como la noche piloto de duendes, vagando dragones.
Gaviotas del reposo en las cimas,
te busco.

He de hallarte.
De los sortilegios escalo barandas,
días como señal he dejado, señuelos en las redes.
¿Serías posible tú –luz nival orbitando mi noche–,
serían posibles los bosques agitando nubes sin ti?
He de hallarte.

Te hallaré.
Habrá barcos con altas banderas como perfume de otoño,
estallarán las olas tras nuestros pasos, sueños no dormidos.
Porque nadie –tú menos que nadie–
se atrevió a decir que ese fruto germinó de las lágrimas
de una mujer enamorada,
te hallaré.

octubre 7, 2006

viernes, octubre 06, 2006

La tierra blanca

Me pregunto si este lápiz que alguien dejó aquí olvidado
repetirá algún día estos gestos, si este lápiz desierto
abrirá alguna vez tus ojos, y si este papel
consumará la ceremonia tocando de nuevo, reiterando
las mismas sombras, como quien, sobre esta tierra blanca,
intentase encontrar el poema
y no pudiera más
que dejar correr el tiempo.


octubre 5, 2006

viernes, septiembre 29, 2006

Sueño febril

Acechan con certeza —tibios y derrumbados—
los días escritos. Acecha aquella mujer
—cópula incansable—
que toma sus armas y elige,
tan largo como fue el descubrimiento.
Aquella mujer que te escala y se vierte,
derramándose siempre entre niños
que ahora son tú. Inmensamente tú
—identidad de laberinto,
apenas repetición de lo no nombrado—.
O tal vez sea nunca. Decías
que era ya para nunca. Decías algo así
como lágrimas buscando unos ojos.
Decías una sucesión de lluvias
enteramente secas. Límites
donde te juro que no hay final.

septiembre 29, 2006

domingo, septiembre 24, 2006

Nevus

Dicen que al final, como la noche,
la música busca refugio en el silencio,
que allí –viento detenido–, de nada sirven
ni el miedo ni las letras. Y te diluyes,
de a poquito, en el nunca-tiempo-cero
dicen que te diluyes de a poquito.
Hay un nombre en esa hora
delante de la vida, un nombre
más allá del poema
que ofrece su sueño por volver.
Quién sabe entonces qué destrucción vendrá.
Esta noche
–melanocitos corriendo por mis venas
siguiendo el camino de Cassidy, la cantante–
he visto mi mano saludando a Dios,
mi mano sucia de tanta vida,
diciendo infinitos que no he visto,
mi mano vacía, triste,
ahora que la noche se evade en tu mirada
como una limosna.

septiembre 24, 2006

sábado, septiembre 16, 2006

Habrá que sabernos de nuevo



Habrá que sabernos de nuevo,
desocultos de toda sombra,
de toda manera de estar.
Sabernos
mutuamente nosotros,
donde siempre estuvimos.
Porque aquí crecen las reliquias
en una noria que empuja nubes misteriosas
e irrepetibles, nubes que crecen y te dicen
y te preguntan, por ejemplo,
si sabrías, por una última vez,
conservar algo de aquella espuma,
si ahora que eres malva
como la ley de tus paisajes
sabrías retener el mar
en su más y más silencio,
en su sólo lluvia o todo,
donde no elijo.
Habrá que saber, y no sé. No sé.

septiembre 16, 2006

miércoles, agosto 30, 2006

Imprecisiones

Mientras cae la tarde
recuerdo aquellos días
diferentes y tan iguales a éstos
que ahora nos recorren.
Nada ha cambiado
-el poema no dice nada ahora-
pero todo es distinto,
porque el tiempo se empeña en ir mutándonos.
Hablo de un mes calcinado que muere
junto a maletas y bolsos vacíos,
equipajes deshechos
y pieles en mudanza de serpiente;
de un mes de ángulos y fotografías
que pronto sabrá qué es
casi morir sin nombre ni memoria.
Quiero tener la herida y retenerla apenas
el tiempo de un cigarrillo en tus labios,
hoy no quiero saber dónde me encuentro,
de agosto no se sobrevive sin cicatrices.


agosto 30, 2006

La metáfora sigue

Cuando ya no hay nada que compartir,
todavía sustancia frente al tiempo,
destituida, quizá, de su conciencia,
la metáfora sigue.
Tú has visto cómo se quiebra un poema,
tantas y tantas veces
sin remordimientos los has destruido
para que también las palabras sean,
en esta soledad, sólo memoria.
La inmortalidad no es fácil, lo sabes,
por eso te preguntas a menudo
por qué no bastará con la lectura.
Ahora nada es igual y lo es todo,
después será el pasado,
secretos sin sentido solamente,
los abrazos nocturnos de lluvia y dormitorio
al ritmo cansino de la rutina.
Todavía muerte frente al silencio,
la metáfora sigue.


agosto 30, 2006

lunes, agosto 28, 2006

S.P.Q.R.

Tal vez estas ruinas contra los siglos
se mantengan aquí,
en una geografía sin tiempo,
para hacernos sentir un poco de ellas
y así extrañemos
la certidumbre absurda del nosotros
y seamos distintos y los mismos.

A veces estos días también vienen
—días de la celebración unánime,
salmodia de los años por venir,
días de la inocencia sin futuro
y el beso y la sonrisa acelerada
en los que nada podría dañarnos—.
En estos días yo quisiera otro yo,
otra materia
que pudiera fundirse con la estatua.

Están locos estos romanos —dicen—
aunque no fuera eso y también lo fuera
y las legiones y el senado y el pueblo romano
lo contradigan. Porque
hay señales que puedes ignorar,
apartarlas de ti como si nada,
mas, a tu pesar, sucederá lo sucedido,
todo tú está en esas estatuas grises
que hoy contemplas con un asombro falso.


agosto 27 y 28, 2006

lunes, agosto 21, 2006

Toño dice

Toño dice que un lienzo en blanco es un abismo, un abismo
del que el artista nunca sabe si logrará salir; que pintar bonito —sus ojos encendidos con esa media sonrisa y su acento ya casi canario—, eso vende, pero no es Pintura. Toño dice que rescató a Maya —creo recordar que así se llama su caniche— de sus últimos días en una perrera; que es un maestro friendo alitas de pollo y que a ver si le escribo algo para su libro (cualquier cosa, algo breve sobre la amistad, por ejemplo). Toño dice, y en el salón de su casa de Valencia, colgado junto a recuerdos de la África misionera, un vasto mar muestra sus primeros reflejos a la madrugada.
Y el mar nos dice.


agosto 21, 2006

viernes, agosto 18, 2006

Ven

Ven,
hay una extinción
que no es la nuestra,
una extinción
donde los dos somos el poema
y el poema no es
la habitación del delirio,
ese lugar donde hace falta irse
para seguir aquí,
donde no hace falta destruir
para volver a lo cierto
—ese castillo donde nadie habita
y el negocio somos nosotros—.
Nosotros,
¿en qué muerte —dime—
moriremos nosotros?. Ven,
hay un idioma
en el que la palabra adiós
no existe.


agosto 18, 2006

miércoles, agosto 09, 2006

Con bayoneta

Pongamos que es agosto, que es agosto
y no tienes que ir a ninguna cita
de números o de secretaria,
supongamos que entonces aprovechas
—en realidad te comprometiste—
para hacerte cargo —sólo unos días—
de tus mayores.
Pongamos que te mira fijamente,
que ella te mira
y sabe quién eres, y sabe quién
no eres. Y entonces,
como si un fusil de repetición,
te pregunta si acaso tú supieras
qué fue de aquel hijo, su hijo menor
que tanto le iluminó aquellos años,
ese hijo que hoy en su mente no eres tú.
Pongamos que tienes que recoger
—no hay más remedio—
las bragas húmedas y las compresas
desplomadas al lado del bidé
e intentas el imposible de obviar el hedor,
el imposible de limpiar con el fregasuelos
y la lejía
esa pregunta que su mente lúcida
te dejó clavada con bayoneta.


agosto 9, 2006

viernes, agosto 04, 2006

El poema asesina a la tarde

El poema asesina a la tarde,
el poema te corrige, piensa, vive solo
y cree sólo
en lo que no es abismo y tiempo.
El poema sopla una trompeta con sordina
donde no hay razón, verbo para esta ofrenda,
para esta ofrenda en la que tú aún estás allí,
en la habitación sin paredes, balbuceando,
diciendo nada,
porque el poema no se deja ver,
porque el poema no nos deja vernos.
Y he aquí que los ángeles escogieron marchar
y he aquí que ya sólo hay cadáveres,
y aunque estemos alejados del frío
no es posible volver a amar.
El poema es la razón.

agosto 4, 2006

viernes, julio 28, 2006

Cosas de la poesía

Lleno páginas —ojalá no fuera así—
de palabras que no son mías,
palabras como:
“el silencio acaricia raíces
en la fragilidad insólita del dolor”,

pero el dolor existe, el dolor —terco,
irremediable— subsiste, como los teatros
lo hacen con las obras, igual que las butacas
permanecen junto a las miradas atónitas
de sus transeúntes.
Me gustaría poder, pero no sé,
quiero decir, querría poder describir
cuando aún éramos, o, mejor dicho,
cuando no sabíamos, cuando ni siquiera
intuíamos de qué iba esto.
Cómo son las cosas, cómo son
estas estúpidas cosas de la poesía.


julio 28, 2006

martes, julio 25, 2006

Te dices que no existe

Te dices que no existe
esa tristeza frágil del adolescente,
esa tristeza inefable que enseña
que es necesario morir para estar vivo,
que recorre ruinas y recuerdos
como si alguien —ceniza entre hierbas—
se viera empujado a iniciar
el lento viaje de regreso
y transitara sólo entre noches y lodos,
porque sabe que una palabra tuya
bastará para matarnos.
Para ti una canción —te dices—,
una canción indefensa, una canción
de silencio ya para siempre
en el día sin tiempo y sin pecado,
en el día que cae y se borra y se levanta
tambaleante como un eco
sobre un paisaje inmenso de tragedias sin riberas.
Es la cena de la víspera, y por eso crees
tener la certeza de los que hablan sin decir,
tener la llama de los que dicen sin hablar
y miran a los ojos, de frente,
buscando dividir la noche
hasta que el peligro brinde con nosotros
en el nombre de un recuerdo,
y de su hijo, y del espíritu santo.


julio 25, 2006

lunes, julio 24, 2006

Dicen que esta ciudad

Dicen que esta ciudad
esconde su dolor por las esquinas,
que tras los edificios
los fantasmas separan soledades
de entre animales muertos.

Aquí es donde (casi) sobrevivimos,
como sombras en la canícula
bajo un cielo grotesco,
ocultos entre poemas sin palabras.

Espero que sabrás disculparme
si al llamarte te hubiera importunado,
sólo quería saber si así estás mejor,
si este sol, de una vez, valdrá para ambos,
si pensar ciudad, al fin, no será
imaginar lugares
donde algún voyeur pudiera observarnos.

Pensar ciudad, esconder el dolor
y los fantasmas y sus animales.
Decir ciudad. Perdón si te molesto.


julio 23, 2006

sábado, julio 15, 2006

Como todo el mundo

Como todo el mundo
yo una vez pensé
que era posible viajar sin maletas,
evitar los viscosos valles
de la desazón y el vértigo, los valles
que me hablaban desde una cúpula,
desde la altura
donde todos los juegos son uno.
Uno más entre los demás,
como todo el mundo,
yo he tomado de un trago,
irremediablemente,
toda la noche que podía contener un cuerpo,
y dejé de lado el absurdo
de los pensamientos que me alejaban,
que me llevaban siempre de agujero en agujero.
Si no fuera el tiempo sería el grito
—tu desnudez es el único resplandor,
el único despojo, que no ensucia la luz—,
si no fuera el tiempo sería el grito
y el infinito asustado gritando
como si un intruso reencontrara
en un instante todas las facetas
en el vacío altar de los deseos.
Como todo el mundo
yo una vez pensé que sería bueno
ser uno más, y estar allí
repitiendo frases sin interrogaciones,
y de repente
la mirada iluminada de una pelirroja inmensa
contradiciendo quién sabe qué axiomas,
y Dios observando como uno más,
como todo el mundo.

julio 15, 2006

lunes, julio 10, 2006

Y vienes y vas

Y vienes y vas
—secuencias derrotadas por el tiempo,
periódicos que amarillean— y vas y vienes.
Un lugar distinto, una cama extraña,
unos gestos que nada dicen ya
y que nadie escucha.
Sabes que nunca más podrás quedarte.
Deben existir otras palabras,
(tengo que volver, este no es mi sitio,
tengo que hacer todas esas cosas
que nunca sucedieron,
aquí no quedan sino lugares
de minutos apretados,
momentos desechables frente al dolor).
Igual que cada sol, falleciendo,
no sabes dónde ni con quién estuviste
y piensas que este no es tu sitio
y cada día el sitio es diferente.
Y vienes y vas y vas y vienes,
pero todo eres tú al final de ti
y recoges tus restos al concluir.


julio 10, 2006

domingo, junio 25, 2006

No saber de ti

Cansado ya por no saber de ti,
de no encontrarte
en el otro lado de los párpados,
cansado de recomponer escombros
y materiales de desguace
escuchando a los pájaros de la noche.

Pero pienso que este buscarte,
que estas cicatrices como vendas,
no son sino una razón
–verdadera o estúpida, inteligente o falsa-
para justificar,
para buscarle un sentido a este tránsito.
Es una obscenidad, entonces,
esto de saberme sin ti,
este horizonte vano y salobre
de vivir en la suerte de no haberte conocido.

Cansado de aquello de lo que no hablaremos
y que yo ya nunca podré entender,
de ese pasado, también, que no puede,
que nunca podrá, ser diferente.
Entre silencios que dirían más,
cansado ya por no querer saber de ti.

junio 24, 2006

miércoles, mayo 24, 2006

Palabras para Eva

(Para Eva Cassidy, en memoria)

Quedan cantos intactos de tan libres;
quedan arpegios de guitarra
nacidos entre nieves perpetuas;
queda también saber de lo fugaz
y de palabras de ida y vuelta,
sin abalorios, como si alguna vez
llegásemos a nombrar.

Y todavía existe estar, ser en ti,
no el consuelo antiguo de lo cercano
y la temperatura
subiendo y bajando un goce efímero
por orden de la costumbre.
Y te recuerdo,
para ti, de cerca, entre hojas de otoño
y un sol naranja y oro
creciendo flores con el universo.
“El tiempo es el mejor cicatrizante”
—dijiste—, y yo sin saber por qué
tu voz desandándome como si anduviese,
rajándome como si fueras El Poema.

Habrá nieblas en el alba,
árboles lejanos, telarañas y señales
en la luz de lo que fue y es
y envejece, a punto de sangre,
sin barandas. Y esto de ahora,
detrás de nadie, no será. No será,
pero si lo fuera, que lo fuera en silencio
y tu voz sea el silencio que cuente la historia.


mayo 23, 2006

viernes, mayo 19, 2006

Hombre que dice adiós

No cae la lluvia de este cielo de goteras,
no se extingue la noche bajo la luz del alba,
no habrá más palabras que entretejan sus raíces
en esta tierra sin verbo ni asomo de asombro.

Dijimos que la vida tenía las facetas
de un poliedro vencido,
que cada misterio nunca exhibía
definitivamente sus razones.
Lo intentamos,
ignorantes del mundo y sus designios,
poseedores de quimeras, a tientas,
lo intentamos,
aunque no supiéramos decir nada.

Si has decidido al fin partir,
limpiar el salitre de tus alforjas,
renunciar a tus rastros venideros,
si de verdad te irás, llévate contigo
la canción sin palabras de tu lluvia,
tus brazos siempre cerrados
de tan abiertos, el bosquejo sinsentido
de ti mismo. Si decides marchar,
desistir de este tiempo de desguace
con la culpa de lo extraño en tu frente,
aquí y ahora, llévate tu pedantería
y tus boletos hacia cualquier otro lugar
donde no existan orden ni sintaxis
frente a todo. Ten dignidad, di adiós,
que ésta sea tu última sacudida.
Serás entonces
el derroche más inútil,
el sintagma vacío,
porque ya no escribes.

mayo 19, 2006

lunes, mayo 08, 2006

Para que no me recuerdes

Estabas durmiendo
en la ignorancia más luminosa.
Bajo una calma sin principios
enmendabas ancestrales liturgias.
Estabas resquebrajándote
en otra pérdida,
trazando mapas sin tesoro
contra el inevitable legado del futuro.
Antes de emprender esta travesía
de extinción lenta
negabas todo nombre.
Estabas agotando
—como cada día— tus últimas dosis
alargando una sombra sobre la razón,
pero la razón —siempre lo supiste—
era un caballo sin rumbo y sin amo.


mayo 7, 2006

martes, abril 18, 2006

Un daño lento



Por ver si aquella imagen me abandona
rescato tardes y tiempos quemados
y en cada vaso bebo aquellos otros vasos
perdidos en un rastro de azules y siluetas.
Ahora que en el día la sombra te arrincona
frío adentro, y en ella eres más tú
—o lo somos, tal vez, en una soledad
que ya no es la nuestra—, tercamente
insistes en cambiar memorias. Pero
hay un daño lento, un daño paciente
y minucioso que tendrá lugar
allá donde habitó el deseo.
Y la lluvia une a las tuyas sus fuerzas
por ver si aquella imagen te abandona.

abril 18, 2006

lunes, abril 17, 2006

Alguien en el otro lado



Hay alguien
en el otro lado de estas palabras.
Entre fragmentos y ecos de sí mismo
y una memoria varada, hay alguien
que busca, que necesita cumplir
un rito ancestral
que dé sentido a signos y lenguajes.
Dicen que los versos nacen en la soledad
de un aire intruso, sobre huellas de fantasmas,
pero aquí y ahora, esto que escribo
es una cicatriz, una contraseña sin mensaje
de alguien que comienza a morir su muerte
mientras la muerte, inclemente y absurda,
decide dejarle para el final,
como si no fuera bastante aún.
Porque esta realidad es una ilusión,
un espejismo,
cosas que no me pertenecen
y que existen sólo porque las pienso.
Y luego están
los pasos que andamos sin dirección
entre sacos de miedo. Y todo el gasto
en unas pocas células, esas pocas células
leves y exhaustas, que reniegan ya
aunque sepan de ti en el otro lado.


abril 13, 2006

jueves, abril 06, 2006

Día quinto

Abril dos mil seis, día quinto.
Nada existe
salvo tus cárceles
y la protesta ilegible que a golpes
va deletreando el pozo y su tinta
apolillada.
Tiempo inocente para una sed antigua
—cadenas y píldoras y niños
empujando hacia territorios quemados—,
tiempo anticuado de manuscritos interruptus
esparciendo su conciencia en el sol naciente
y su música vegetal.
Día quinto, abril dos mil seis,
bajo un cielo adorablemente tísico:
lugares como fantasmas que dicen adiós
y quizá estén diciendo
(quizá siempre me hayan dicho)
otras cosas que nunca entendí.
Un indicio más,
como una fotografía sin recuerdos
entre cosas y luchas que ya no conozco
en esta cacería incomprensible y minuciosa
de habitaciones lentísimas
porque nos supimos cuerpo y verbo.
El acompañamiento, por favor,
de viento, percusión y cuerda.


abril 5, 2006

viernes, marzo 10, 2006

Un lugar cercano



Consumido el incendio
el tiempo se ríe de ti,
tanto que ni pasar ya quiere.
Y de repente, en un día cualquiera,
cuando las inmensas nubes se asoman,
el volver de aquellas tristes cenizas
perdidas entre el limo de la noche;
vestigios ya sin rostro pero con nombre aún.
El tiempo se ríe de ti
—y se levantan los velos, y las copas estallan
hechas trizas en el fondo de las sombras—,
tanto que pasó de largo como el invierno,
tanto que no lo cuentan los números.
Mujer como tinieblas,
no volveré ya más a remover
aquellos silencios no consumados.
Pero qué limpio, qué brutalmente limpio,
qué limpio todo ahora,
tanto que ni pisar ya quiero.

marzo 10, 2006

martes, marzo 07, 2006

Ni un indicio


Todo lo que he vivido,
todo lo vivido
por aquéllos que me precedieron,
me ha llevado hasta aquí.
Cientos y cientos
de cargas genéticas combinadas
—generación tras generación—
para llegar al desamparo de las palabras
que ahora vuelco en este papel.
Tortuoso y estéril itinerario
hasta llegar a esta hora precisa
en la que todos los vislumbres,
cerrando el círculo de lo desconocido,
me conducen hacia un futuro cierto
de eslabón hacia ninguna parte.
No existe aquí olvido del ser.
No existe aquí
pavor alguno frente a la infinidad.
No me restan ya
guerras que redimir en esta tierra.
Pero aquí continúo,
en la sinrazón del estar vivo,
sin saber
después de qué muerte existe otra vida,
intuyendo
que todos los números son el número
y todas las bestias una.
Sabiéndome solo,
llegado al absurdo de conocerme portador
de un germen primigenio. Solo
—despiadadamente solo—
escribo porque no puedo evitarlo.

En la larga y blanca noche
ni un indicio de ti.


marzo 7, 2006

lunes, marzo 06, 2006

Daba risa verte



Daba risa verte, sentirte lejana
bajo la luz última. Y tus lágrimas
en las mejillas quemando
la ilusión no poseída.
Y huyes, huyes sin irte,
sobre mi desbocado cuerpo, huyes
hacia el momento de los labios,
donde tener o ser tenido
es el sagrado himno de la devastación.
Y en otro instante decir, añorar
la sinrazón al fin del estar vivo
y repetir otra vez que era el viento
olisqueando, quizá, otra presencia.
Daba risa verte.


marzo 6, 2006

domingo, febrero 26, 2006

Una botella sin mensaje

A veces veo nuestros pies unidos
por una soga. Intentando escapar
una y otra vez la tensamos
y una y otra vez consiguimos sólo
el dolor de la piel en carne viva.

Qué difícil aceptar este oficio
de desahuciados
sin lanzar un mensaje de socorro
a la flota entera,
qué difícil resignarse a este amor
sin gritar, empapado,
que cese de llover
para que pueda de nuevo llorar
por lo impreciso y bello
de una pérdida aún no tenida.

Extraña historia ésta de masoquistas
y niños que esperan su regreso
como si fuesen nubes
mientras nos aferramos,
como pájaros temblorosos,
a la tibieza de un cable en la intemperie.

Somos lo mismo porque no somos,
y este amor enfermo,
arquetipo de nuestro desamparo,
reclama un cuerpo, una carne sin afueras,
un mismo horizonte sobre esta tierra salvaje
que con cualquier excusa nos disipa.

Extraña historia ésta
en la que todas las cosas que hicimos
nos separan,
pero esta terca soga no se quiebra
por más antiguo que su dolor sea.


febrero 26, 2005

jueves, febrero 23, 2006

Absurdo



Absurdo
como haber llenado los bolsillos de versos y remiendos
y no saber de qué otro modo poder seguir tirando
una vez que las estrellas y los circos
se desvanecieron.

O como haber pasado una guerra
y en el blanco y negro posterior deambular entre líneas
con las armas intactas, sin enemigo ni bando propio,
deseando abandonar los adjetivos.

O como haber sido, y ahora bajar
para continuar bajando, a contrapié,
hacia un tiempo de palabras disecadas y árboles
que a coro recitan despedidas suplantando todo
hasta convertirse en ti.

Tan absurdo
como decir “te quiero”
o “hagamos el amor”.
Son sólo ejemplos.


febrero 23, 2006

miércoles, febrero 22, 2006

Contra ti



Contra ti me he vuelto un ser civilizado
como dicen que son
los adverbios y las preposiciones.
Mientras afuera cae la vida, contra ti
he visitado la luz como sólo la noche sabe.
Contra ti he recompuesto el escalofrío del invierno
y he llegado, como la madrugada, despacio,
donde dicen que el bosque, celoso,
guarda el nombre de sus dioses.
Contra ti, y a pesar de ti y del miedo definitivo,
he hablado de lo posible.
A lo mejor esto ya no cabe entre nosotros.


febrero 22, 2006

lunes, febrero 20, 2006

Te he visto

Envejecemos de repente y a traición,
dejando atrás todo lo que no hicimos.
Dentro de nada
discretamente saldremos,
discretamente abandonaremos
las cuatro cosas
que una vez tomamos como nuestras.
Dentro de nada —y como si nada—,
todo volverá a su sitio.
Pero en ocasiones pienso que no es verdad,
que no es cierto que pasara el tiempo,
que tú eres aún aquella muchacha
que me llenaba el cerebro de pistas
hacia una vía muerta
hablándome de un dios
que esperaba algo más de nosotros.
Y no puede ser cierto
porque yo te he visto hoy,
en el límite de las preguntas,
al oeste del miedo y de las cicatrices.
Te he visto hoy, más cierto
que esas cincuenta horas semanales,
cuarentaiocho semanas al año
de los últimos veinticuatro años. Te he visto,
aunque esta noche impune persista
más allá de la oscuridad
y todo sea ahora
la mirada perdida de un perro
frente al cadáver de su amo.

febrero 20, 2006

domingo, febrero 12, 2006

Sucedía



Hemos soñado el dolor y la pérdida
y las brasas cesando su desconcierto último.
Hemos sabido de fechas y voces
y de nombres esculpidos de huida.
Pero hoy es otro el tiempo que me nombra,
otra la muerte diaria, otra la luz
en las venas que nos conoce
en su silbo de nieve y campanas.
Desesperadamente aquí recuerdo,
recuerdo o lloro, quizá, la desaparición.

Sucedía. Nada más. Sucedía.

febrero 12, 2006

Otra insoportable levedad

Hoy has decidido
dar una nueva oportunidad a las palabras;
cincelar lentamente tu biografía de duna
amontonando instantes; repasando
eternidades de precio tasado junto a
un DVD de alquiler y un cuenco de palomitas;
inventariar momentos para, más tarde,
desear saber cómo enterrarlos.

Dar una nueva oportunidad a las palabras,
anotar, una vez más —como si siempre
tuviésemos algo que decir—, tu nombre
entre el vacío y los acres vaivenes del deseo,
preguntarte qué pasaría si, de una vez,
dejases que el viento decidiese por ti,
si abandonases, al fin, lo que la marea, terca,
va devolviéndonos día tras día.

Nada desconocido es revelado aquí,
estas palabras no saben —nunca han sabido—
desvelar ninguna verdad eterna. En realidad,
hace tiempo que lo supiste:
nadie es capaz de explicarnos (de explicarte)
dónde está —o qué es— la verdad,
explicar de qué va esto.

Las sombras van cayendo sobre las horas
mientras los dados ruedan y ruedan
sobre un fieltro de probabilidades,
explorando los peligros de conocerte,
de darte nuevas oportunidades. La vida
—más vieja que todos nuestros lamentos—
continúa del mismo modo que nos alumbró.
En la oscuridad de las cavernas,
la mórbida levedad de las palabras.


febrero 12, 2006

lunes, febrero 06, 2006

Otro



Yo no soy el que, terco y minucioso,
va componiendo un rastro de papeles
y tintas de derrota.
Es otro
el que cada día sobrevive a los combates
lamiendo con palabras sus heridas.
Otro el que escribe y cae
y continúa en pie.

Mis versos, sin tapas pero con fechas
y remiendos, están hechos de lluvia
y en ella terminarán diluyéndose
tras la falta de pago de un portal
o el ataque de un pirata informático.
Regresarán entonces, sin remedio, al vacío
del que surgieron.

Pero quizás sea mejor así,
quizás sea mejor
dejar de convocar a estos fantasmas;
quizás sea mejor
abandonar esta búsqueda absurda
de antigüedades de caligrafía,
esta búsqueda ilógica en la que otro,
sin saberlo, va dejando la vida.

febrero 6, 2006

miércoles, febrero 01, 2006

Górecki – Sinfonía Nº 3



La niebla es fría y fluye
irremediable
en esas notas, en esa voz
que persigue un eco ininteligible.

Los años picotean las entrañas
dejando tras de sí
una ausencia de vidrios en el estómago
y de amaneceres indescifrables.

Y es una locura nueva esta noche
el viaje hacia la simetría de su hondura.

No logro trasladar al papel
el estremecimiento de esta música,
de cualquier otra música. Así que
estas palabras
no son más que el fracaso de la palabra,
su transcurrir
hacia el ruido sin suturas del silencio.

Pero aún me está dado aullar,
derrumbarme junto con todos los vocablos
hasta hacerme silencio,
necesidad última
fuera de toda salvación.

febrero 1, 2006

lunes, enero 23, 2006

Danza la noche



Danza la noche
trazando arcos sobre un invierno obsceno.
Danza la noche lejana y sola
rememorando
el ansia letal de bajarse del tren
para conquistar sus orillas blancas.

Y tú debes hacer lo que siempre temiste,
lo que no ha cambiado ni cambiará:
ahora —de repente y sin excusas—
cuando eres légamo que ya no importa,
sabes que deberás romper el ruido.

Desnudo, aunque en la claridad aún,
danzas en la noche lejana y sola.
Hablas, y sin embargo es el silencio;
escuchas, pero nadie dice nada;
hablas y hablas, e inútilmente hablas,
pero sólo pronuncias
proezas y augurios como pretextos
desbaratados.

¿Quién hubiera sabido de penas movedizas?,
¿quién hubiera sido o quedado intacto
y todavía no sabiendo nada?

Danza la noche, y tú
dices todo deprisa,
con la vida arreciando
desde un silencio sin letra. Deprisa
danzas en la noche lejana y sola
como si la brasa en la noche azul
esperase un último resplandor
antes del frío.

enero 23, 2006

martes, enero 17, 2006

Aún más, todavía más



Donde las cinturas trazan
una espesura derramada
y la infelicidad,
como cuello frente al hacha de paz,
espera y entiende, sin importar qué.

Más:
si, tristes, dos labios contra dos labios
—galopes al aire— abren un campo
de caracoles veloces
y memoria
donde el jardín y la luz siempre, siempre.

Aún más:
si anegarse inmenso de ojos y silencio
y escucharse azul, grito ahogado
corazón horizonte aire noche
y la respuesta brujo recién nacido
en un salón de lucernas
dichoso como un vals
cuando el instante arranca.

Aún más:
horizonte ancho e implacable viento,
extremo que nos navega
donde los siglos desbordan
senderos concéntricos, caricias
líquenes radiantes y los pájaros
y de mi fondo tu fondo
abandonados.

Aún más, todavía más:

donde estallan, obscenas, las aves
gritando: partamos.

enero 17, 2006

lunes, enero 16, 2006

Como jamás nadie

El sol persigue su corto camino
en el aire de este enero norteño.
Aúlla el viento sobre un revuelo
de gaviotas hambrientas.
Igual la sombra que persigo
en el camino de los espinos y las pitas.
Un día más
con el milagro sonriendo a la muerte
que sobrevive
al latir de su inexplicable meta.
Un día más que cae, consumido,
en su giro cósmico alrededor de Sirio.
Es el tiempo de Acuario
y como seres de agua
nada hemos opuesto a su rutina.
Pero alguien vive aún:
puesto en nosotros el falso espejo
del pasado, alguien vive
en su cerco de fatiga
que ya no espera.
Alguien, sí, pero
que nadie se atreva a decir aquí,
que nadie alce su voz buscando una señal,
que nadie,
pero que tú me sonrías
como jamás, ni nunca, nadie supo.


enero 15, 2006

lunes, enero 09, 2006

La música de tu cuerpo




Cuando te leo
sólo existe la música.
Este mundo es sólo instrumento vano
cuando te leo,
notas que aún no han sido
y que no pueden ser.

Yo no sé quién calla cuando te leo,
quién me convoca encendiendo su luz,
desde qué no-ser retorno a abrirte
para cerrarte y abrirte y cerrarte
una y otra vez, en el monte frío
de esta noche azulada de cometas.

Nada es verdad,
nada puede serlo cuando te leo,
salvo el sonido justo,
salvo el sonido exacto,
salvo la música,
la música imposible de tu cuerpo.

enero 9, 2006

jueves, enero 05, 2006

Deseo



En tanto yo escucho acordes
de viola y cielo,
tú siembras una llama vertical
untada de escombros inocentes.

Y fuese lluvia de árboles en celo
el suave quebranto de cerros fugitivos
sobre el manso discurrir de tus bebidas.
Y fuese llanto indeciso tu rostro aún
plegado de luego en el nosotros.

Pero yo vivo en otra muerte,
en otra serenidad quieta de puro fulgor:
saber que no conoceré otro silencio
más afligido
que el dolor de tu casa cerrada
de par en par.



enero 5, 2006

lunes, enero 02, 2006

Ha venido el viento

Ha venido el viento,
un viento de tarde,
un viento ileso
de patrias ocultas y mecedoras.
Macerando arcos de infierno y luto
sobre las terrazas abandonadas,
alejando de nuestro lado un rastro
de hojas indecisas, renovando
el acre color a banderas en soledad,
ha llegado el viento.

A lo largo del viejo cauce
los vestidos, picantes, se agitan:
ha venido un viento insomne, un aire
de granito
golpeando nuestros rostros de adobe.

¿A dónde nos convoca este viento?

Sobre la tierra seca la luz se ha sometido
y el espacio ha derramado un vaso sin fondo.
Límpida de espanto, Selene colecta su herencia.

Signo de lo que no vendrá, ni echará raíces
en esta tierra, todo cuanto sé, este viento
parece querer llevárselo.

Ha pasado el viento,
—¿será acaso tu mirada la mía?—
un viento que ha construido en nosotros su necrópolis.
En el cielo inmóvil pían los osos.

diciembre 31, 2005