Nos importan los vivos,
aunque el río nos duela
en la cerrada soledad de ese pensamiento,
aunque sean cadáveres jugando,
rostros de noche
en el tiempo monólogo.
Vuelvo a la razón y al río, lentísimo
y terco desde su conciencia cierta
de canto funerario.
Qué misterio en ese mapa que trazan
la lluvia y los hombres fluyendo,
rebuscando entre palabras de siempre
y nubes de polvo baldío
mientras el miedo late y mora entre nosotros.
Nos importan los vivos aunque el río nos duela
y el laberinto nos deslumbre
ahora que los cuerpos se tienden a esperar
como si creyesen nacer de nuevo
acabada casi la travesía.
Nos importan los vivos,
cadáveres jugando
y labios que aún tiemblan
en el cerrado abismo de estas letras.
abril 25, 2009
sábado, abril 25, 2009
lunes, marzo 16, 2009
Mañana es ella

Mañana es ella quien desnuda la palabra
—todo poema es marzo y sus misterios—
quien va escribiéndome
con cada poema que escribo.
Mañana es ella quien viaja la noche,
quien deshoja el viento que no transcurre
y nos ofrece su rosa vacía
presentida y profunda.
Antes fui caligrafía y mar
a lomos del prodigio de sus velas,
imaginario pez enmudecido.
Hoy vibras más adentro:
tallo de espinas que vuelas y vuelves
como aire poderoso,
descarnado en tu nombre.
Con el solo día y la tierra misma
es ella quien desnuda la palabra,
y ella sigue escribiéndome
inextricablemente cerca y lejos
con cada poema que escribo.
marzo 15, 2009
—todo poema es marzo y sus misterios—
quien va escribiéndome
con cada poema que escribo.
Mañana es ella quien viaja la noche,
quien deshoja el viento que no transcurre
y nos ofrece su rosa vacía
presentida y profunda.
Antes fui caligrafía y mar
a lomos del prodigio de sus velas,
imaginario pez enmudecido.
Hoy vibras más adentro:
tallo de espinas que vuelas y vuelves
como aire poderoso,
descarnado en tu nombre.
Con el solo día y la tierra misma
es ella quien desnuda la palabra,
y ella sigue escribiéndome
inextricablemente cerca y lejos
con cada poema que escribo.
marzo 15, 2009
miércoles, marzo 11, 2009
Vida en común
Mientras te abrazo, afuera
oscurece y las calles son luces que nos buscan.
Conversamos, y así vemos pasar
la tarde y sus venturas.
Cada gesto es un lugar compartido,
cada palabra un sitio transitado.
Tal vez nada sea como parece,
pero es amable este pasar de cuentas:
nos conocemos bien
y sabemos que así envejeceremos:
entre palabras que tú dices,
entre palabras que yo escucho.
Acaso esta forma nuestra de evitar el frío,
esta forma de mezclar diminutos
porvenires y hacerlos en común
supere a los relatos
de esas historias imposibles
de las novelas románticas;
acaso querernos así no sea
tan aburrido y triste.
En la bulliciosa alma de la noche
(tú ya no hablas, yo ya no te escucho),
con el timón destruido, varado en el recuerdo,
escribo estas sensaciones de siempre.
Hoy eres un navío a merced del papel.
marzo 10, 2009
oscurece y las calles son luces que nos buscan.
Conversamos, y así vemos pasar
la tarde y sus venturas.
Cada gesto es un lugar compartido,
cada palabra un sitio transitado.
Tal vez nada sea como parece,
pero es amable este pasar de cuentas:
nos conocemos bien
y sabemos que así envejeceremos:
entre palabras que tú dices,
entre palabras que yo escucho.
Acaso esta forma nuestra de evitar el frío,
esta forma de mezclar diminutos
porvenires y hacerlos en común
supere a los relatos
de esas historias imposibles
de las novelas románticas;
acaso querernos así no sea
tan aburrido y triste.
En la bulliciosa alma de la noche
(tú ya no hablas, yo ya no te escucho),
con el timón destruido, varado en el recuerdo,
escribo estas sensaciones de siempre.
Hoy eres un navío a merced del papel.
marzo 10, 2009
miércoles, febrero 25, 2009
Aquellos pequeños rincones
Las fincas frente al parque;
las oxidadas, tristes esculturas;
la oscuridad temprana
y aquellos pequeños rincones
propicios para juegos y parejas.
Los dos allí, paseando en la noche,
hablando de fractales,
del número pi inventando el mundo
—aún recuerdo aquel poema—;
los dos lejos, todavía, de aquí
y de este deseo de no pensar
cada mañana.
Recuerdo aquella tarde,
indiferentes cruzamos la noche.
No sabíamos nada de estos lutos.
febrero 25, 2008
las oxidadas, tristes esculturas;
la oscuridad temprana
y aquellos pequeños rincones
propicios para juegos y parejas.
Los dos allí, paseando en la noche,
hablando de fractales,
del número pi inventando el mundo
—aún recuerdo aquel poema—;
los dos lejos, todavía, de aquí
y de este deseo de no pensar
cada mañana.
Recuerdo aquella tarde,
indiferentes cruzamos la noche.
No sabíamos nada de estos lutos.
febrero 25, 2008
miércoles, febrero 04, 2009
Nunca te escribí un poema
Escribo para ti estas pocas palabras
—tú que sabes de mí como bulto en la noche
y silencios de fotografía—
para decirte
con esta especie de literatura
—y tú dirás que ya iba siendo hora—
que aquel amor fue cierto.
Nos conocimos un verano
y no volvimos a vernos hasta otro.
Estuvimos entonces en las mismas trincheras,
en los mismos delirios, en las mismas canciones.
Luego vino la humillación del tiempo,
terrenos comunes que nos vedamos,
las cuentas de unos años que tú sabrás injustos,
la juventud ahora con tus hijos.
Aquel amor fue cierto, ya lo dije,
y tú sabes muy bien lo que me queda:
instantes hechos de palabras vanas,
un horario fijo que sabe a cárcel,
esa forma casi complementaria
de untar la mantequilla que tenemos
y mil sitios por ver que pondrás en tu lista
—siempre te gustó ser organizada—.
Escribo para ti estas pocas palabras
—al otro lado del ventanal
las luces del puente cubren la niebla
y los golpes metálicos
y las crines de centellas de las soldaduras
patrullan el techo de nuestra cama—.
Triste manera ésta de decirte
que aún sigues conmigo estando sola
—sólo es literatura—.
Tú seguirás diciéndome
que nunca te escribí un poema.
febrero 2, 2009
—tú que sabes de mí como bulto en la noche
y silencios de fotografía—
para decirte
con esta especie de literatura
—y tú dirás que ya iba siendo hora—
que aquel amor fue cierto.
Nos conocimos un verano
y no volvimos a vernos hasta otro.
Estuvimos entonces en las mismas trincheras,
en los mismos delirios, en las mismas canciones.
Luego vino la humillación del tiempo,
terrenos comunes que nos vedamos,
las cuentas de unos años que tú sabrás injustos,
la juventud ahora con tus hijos.
Aquel amor fue cierto, ya lo dije,
y tú sabes muy bien lo que me queda:
instantes hechos de palabras vanas,
un horario fijo que sabe a cárcel,
esa forma casi complementaria
de untar la mantequilla que tenemos
y mil sitios por ver que pondrás en tu lista
—siempre te gustó ser organizada—.
Escribo para ti estas pocas palabras
—al otro lado del ventanal
las luces del puente cubren la niebla
y los golpes metálicos
y las crines de centellas de las soldaduras
patrullan el techo de nuestra cama—.
Triste manera ésta de decirte
que aún sigues conmigo estando sola
—sólo es literatura—.
Tú seguirás diciéndome
que nunca te escribí un poema.
febrero 2, 2009
jueves, enero 15, 2009
Habrá una manera
Habrá una manera de decir,
dejar de lado la revelación
y el culto insano y agrio a la palabra;
desbordar el garabato obsesivo
que nunca nos nombra, pero que, terco,
fija una herida de tiempo y memoria.
A pesar de saberlo innecesario,
con la impertinencia del que se cree
portador de razones todavía,
habremos de romper esta mudez
y rescatar nuestras armas intactas
en este orden de arcanos y puertas
anónimas.
A pesar del absurdo de seguir intentándolo,
habrá una manera al fin de decir,
de decir donde nadie nunca nada.
enero 12, 2009
dejar de lado la revelación
y el culto insano y agrio a la palabra;
desbordar el garabato obsesivo
que nunca nos nombra, pero que, terco,
fija una herida de tiempo y memoria.
A pesar de saberlo innecesario,
con la impertinencia del que se cree
portador de razones todavía,
habremos de romper esta mudez
y rescatar nuestras armas intactas
en este orden de arcanos y puertas
anónimas.
A pesar del absurdo de seguir intentándolo,
habrá una manera al fin de decir,
de decir donde nadie nunca nada.
enero 12, 2009
domingo, diciembre 21, 2008
Una foto de bordes dentados

Hay objetos que empujan las ideas,
que nos obligan a indagar en la saliva
de este sol amable de diciembre;
formas que saben de ti como los años
o la luz blanca de los hospitales;
cosas como una pequeña foto
que nos obligan a indagar en la saliva
de este sol amable de diciembre;
formas que saben de ti como los años
o la luz blanca de los hospitales;
cosas como una pequeña foto
de tamaño cinco por ocho
y bordes dentados.
Una imagen que vino desde ningún lugar
Una imagen que vino desde ningún lugar
de los años cuarenta.
Dos figuras femeninas sonrientes,
zapatos de tacón y de domingo,
las faldas tableadas
justo por debajo de las rodillas,
los abrigos dejados caer sobre los hombros,
una plaza diáfana —Melilla probablemente—,
un palacete neoclásico, castrense o municipal,
de tres alturas al fondo
y unos chavales con su siempre diario
y pantalones que no crecen.
A veces las fotos tienen agujeros sin fin,
Dos figuras femeninas sonrientes,
zapatos de tacón y de domingo,
las faldas tableadas
justo por debajo de las rodillas,
los abrigos dejados caer sobre los hombros,
una plaza diáfana —Melilla probablemente—,
un palacete neoclásico, castrense o municipal,
de tres alturas al fondo
y unos chavales con su siempre diario
y pantalones que no crecen.
A veces las fotos tienen agujeros sin fin,
laberintos donde encontramos
un más de oscuridad
en el pisado charco de la noche.
Aspiro a verte otra vez
con esa sonrisa de final feliz.
un más de oscuridad
en el pisado charco de la noche.
Aspiro a verte otra vez
con esa sonrisa de final feliz.
Y si es verdad que nada importan estos versos,
que nada pueden importar estas palabras
o esa fotografía,
también es cierto —entonces no podías saberlo—
que me diste estos ojos y estas manos
con los que he llegado hasta aquí,
después de caminos y autopistas,
noches y puentes y labios azules
que se diluyeron sin desagravio.
Y soy en mí sabiéndome fragmento,
resquebrajado por ver una imagen
detenida en su inocencia caníbal;
esa imagen que torpemente intento
plasmar aquí, entre
cenizas y rastros que no sabrán retratarme
como esa fotografía tus veinte años.
cenizas y rastros que no sabrán retratarme
como esa fotografía tus veinte años.
diciembre 21, 2008
martes, diciembre 16, 2008
Escúchame
Escúchame ahora. Traigo signos de este mundo
que desconozco.
Ninguno podrá hablar por mí,
y sin embargo hay palabras que nacen
y crean este espacio entre tormentas
y tiñen de azul montañas y noches.
Fotograma a fotograma, hay palabras
que me ordenan seguir,
componer una historia que no es mía.
Escúchame ahora,
siente la fascinación de lo que no es,
que a pesar de este inmenso
e implacable paisaje
otra sensibilidad es posible.
Escucha, huye de mí
después de todo.
diciembre 15, 2008
que desconozco.
Ninguno podrá hablar por mí,
y sin embargo hay palabras que nacen
y crean este espacio entre tormentas
y tiñen de azul montañas y noches.
Fotograma a fotograma, hay palabras
que me ordenan seguir,
componer una historia que no es mía.
Escúchame ahora,
siente la fascinación de lo que no es,
que a pesar de este inmenso
e implacable paisaje
otra sensibilidad es posible.
Escucha, huye de mí
después de todo.
diciembre 15, 2008
miércoles, diciembre 03, 2008
Cosas que no hacer en Valencia cuando estás vivo
Igual que un suicida persiguiendo su luz falsa
has perpetrado
el último hálito del deseo
para encontrar el agua de las manos resecas
al término de ti.
Hoy has saboreado el final de dos voces,
dos almas que no saben ni preguntan
pero que repiten una y otra vez
los mismos gestos, los mismos designios,
las mismas profecías.
Después serán preguntas de alquiler,
ese no sabernos si no es en otro
hasta que a ciegas tentamos otra soledad
para abrasarnos un instante incierto.
Más tarde —más lejos— será el cansancio,
el veneno cierto del que se escucha
en una caracola
igual que se huye de uno mismo
tras cualquier lluvia.
Más tarde, después, hoy, igual.
El tiempo abre y cierra su negocio
abandonándonos
como equipajes extraviados
en la consigna de una estación de tren
entre objetos perdidos que nadie echa de menos.
noviembre 30, 2008
has perpetrado
el último hálito del deseo
para encontrar el agua de las manos resecas
al término de ti.
Hoy has saboreado el final de dos voces,
dos almas que no saben ni preguntan
pero que repiten una y otra vez
los mismos gestos, los mismos designios,
las mismas profecías.
Después serán preguntas de alquiler,
ese no sabernos si no es en otro
hasta que a ciegas tentamos otra soledad
para abrasarnos un instante incierto.
Más tarde —más lejos— será el cansancio,
el veneno cierto del que se escucha
en una caracola
igual que se huye de uno mismo
tras cualquier lluvia.
Más tarde, después, hoy, igual.
El tiempo abre y cierra su negocio
abandonándonos
como equipajes extraviados
en la consigna de una estación de tren
entre objetos perdidos que nadie echa de menos.
noviembre 30, 2008
martes, octubre 14, 2008
Confesión

Se nos fue de las manos,
echamos pájaros a los sollozos,
echamos pájaros a los sollozos,
donde solían nubes
pusimos nuestros nombres,
las palabras se mezclaron con lluvia.
las palabras se mezclaron con lluvia.
Extraña página ésta,
absurdo lugar donde terminar
perdido y aún pareciendo cuerdo,
extraños estos muertos que ya nos acompañan
en todos los poemas,
exactamente iguales a la mímica
de estatuas y niebla que nos sostiene.
Y llego tarde.
Con estas palabras que sobran
llego tarde.
Se nos fue de las manos.
Se nos fue de las manos.
Han sucedido muertos
y tú ya no me escuchas.
octubre 13, 2008
octubre 13, 2008
domingo, septiembre 21, 2008
Tiempo de decir
Habremos de seguir en este oficio
de ratos robados contra marea
y apariencia de años que no transcurren,
como si aún fuésemos testigos
de todo lo extraño, de toda esa estupidez
que nos conforma.
Terca tarea muda entre sordos,
habremos de seguir
entre palabras que crujen y gritan
alto contra nada y se deshacen
frías frente al viento frío de otoño.
Intentos para encender otra noche
sabiendo que no merece la pena,
privilegio absurdo
que no me acerca a ningún otro ser,
a ningún otro lugar que sea distinto,
habremos de seguir en esta implacable
tentativa de escapar de otra muerte
como si aún pudiéramos.
Tal vez esto ya fue escrito mucho antes
y ahora sea tiempo de decir
que estamos cansados y hartos de actuar
como protagonistas de esta farsa.
septiembre 20, 2008
de ratos robados contra marea
y apariencia de años que no transcurren,
como si aún fuésemos testigos
de todo lo extraño, de toda esa estupidez
que nos conforma.
Terca tarea muda entre sordos,
habremos de seguir
entre palabras que crujen y gritan
alto contra nada y se deshacen
frías frente al viento frío de otoño.
Intentos para encender otra noche
sabiendo que no merece la pena,
privilegio absurdo
que no me acerca a ningún otro ser,
a ningún otro lugar que sea distinto,
habremos de seguir en esta implacable
tentativa de escapar de otra muerte
como si aún pudiéramos.
Tal vez esto ya fue escrito mucho antes
y ahora sea tiempo de decir
que estamos cansados y hartos de actuar
como protagonistas de esta farsa.
septiembre 20, 2008
viernes, agosto 29, 2008
A medida de la derrota
Parece que hay que nombrar,
que para seguir, esta atmósfera de rutina
requiere de este cuello
que se haga verbo y símbolo,
que designe, que diga y que llame
y con ello soñemos que creamos.
Seremos en la absurda perfección
de unos signos apátridas,
para encontrar en ellos algo que sea niebla
con nosotros, o laberinto poema adentro.
Hay que nombrar, sí, designar por una indefensa
luz viajera y una soledad entre sábanas;
pero también para afirmar, para proclamar
nuestra inocencia por mantenernos aquí
y engañarnos con la tinta de las ilusiones.
Porque vivir no basta y porque nos fue dicho
que este dolor crecerá conforme
nuestro triste saber vaya creciendo.
Nombrar, designar, decir,
expresiones tan sólo,
armas dispuestas en el campo de batalla,
palabras hechas a medida de la derrota.
agosto 29, 2008
que para seguir, esta atmósfera de rutina
requiere de este cuello
que se haga verbo y símbolo,
que designe, que diga y que llame
y con ello soñemos que creamos.
Seremos en la absurda perfección
de unos signos apátridas,
para encontrar en ellos algo que sea niebla
con nosotros, o laberinto poema adentro.
Hay que nombrar, sí, designar por una indefensa
luz viajera y una soledad entre sábanas;
pero también para afirmar, para proclamar
nuestra inocencia por mantenernos aquí
y engañarnos con la tinta de las ilusiones.
Porque vivir no basta y porque nos fue dicho
que este dolor crecerá conforme
nuestro triste saber vaya creciendo.
Nombrar, designar, decir,
expresiones tan sólo,
armas dispuestas en el campo de batalla,
palabras hechas a medida de la derrota.
agosto 29, 2008
miércoles, agosto 27, 2008
Urgencia y fantasía
lunes, agosto 04, 2008
Tratado de convencionalismos
Hubo un tiempo en que rogué por tenerte,
un tiempo en el que no eran posibles las mudanzas,
donde el desorden perfecto y el insomnio
buscaban un alivio
en el que enjugar todas mis derrotas.
Pero una cosa lleva siempre a otra
y otra a una más
y luego no sabemos qué nos trajo hasta aquí.
Y aunque sea convencional, ya dicho, previsible,
ahora nada importa demasiado
e interrogas al aire, al calor,
al gris plomizo ya noche del cielo.
Renegaré de ti, Dios,
por haberme concedido
aquello que te pedí,
aquello que ahora –los dos lo sabemos–
yace sordo y distante
igual que el giro que ya no esperamos,
como tampoco esperamos ya
el asombro de la carne herida
cuando recorrer tu cuerpo quemaba
y aquello era todo,
y si acaso no lo era
sólo eso parecía salvarnos.
Tardamos lustros en levantar nuestro
dolor más privado, minutos en relatar
la humillada explicación de una historia diaria
donde todo al fin fue indefensión,
promesa, desgarradura.
Tal vez te ame todavía
(cursi, convencional, ya dicho)
por eso renegaré de ti, Dios,
por haberme concedido
aquello por lo que tanto rogué,
renegaré de ti mientras celebro,
frente a la terquedad del pasado,
cómo la utopía del tiempo y su mentira
(convencional, ya dicho, previsible)
me devuelve la sed de aquellas horas.
agosto 2, 2008
un tiempo en el que no eran posibles las mudanzas,
donde el desorden perfecto y el insomnio
buscaban un alivio
en el que enjugar todas mis derrotas.
Pero una cosa lleva siempre a otra
y otra a una más
y luego no sabemos qué nos trajo hasta aquí.
Y aunque sea convencional, ya dicho, previsible,
ahora nada importa demasiado
e interrogas al aire, al calor,
al gris plomizo ya noche del cielo.
Renegaré de ti, Dios,
por haberme concedido
aquello que te pedí,
aquello que ahora –los dos lo sabemos–
yace sordo y distante
igual que el giro que ya no esperamos,
como tampoco esperamos ya
el asombro de la carne herida
cuando recorrer tu cuerpo quemaba
y aquello era todo,
y si acaso no lo era
sólo eso parecía salvarnos.
Tardamos lustros en levantar nuestro
dolor más privado, minutos en relatar
la humillada explicación de una historia diaria
donde todo al fin fue indefensión,
promesa, desgarradura.
Tal vez te ame todavía
(cursi, convencional, ya dicho)
por eso renegaré de ti, Dios,
por haberme concedido
aquello por lo que tanto rogué,
renegaré de ti mientras celebro,
frente a la terquedad del pasado,
cómo la utopía del tiempo y su mentira
(convencional, ya dicho, previsible)
me devuelve la sed de aquellas horas.
agosto 2, 2008
lunes, julio 28, 2008
Aquí no hay más
Hay muchos lugares como éste,
lugares donde leer palabras inútiles
y atisbos de aquello que pudo ser,
y hechos acopiados y luz disuelta
en un cántaro sin huesos.
En esos lugares —aquí— no hay más,
nadie que sepa mi nombre, nada
que sea mío en tanta tentativa,
en tanto dejarse morir.
No es posible estar más lejos,
no está permitida otra dirección.
Y sin embargo las palabras vienen
y sin embargo las palabras van
y las letras nos dejan y las nubes mueren
en un suelo cansado de signos.
Para escapar
sé que debo indagar fuera de mí,
para aprender
desgajarme, ascender en la distancia
para quedar a un lado.
Hay muchos lugares como éste,
conozco tantos
que sólo puedo olvidarlos,
lugares donde se hace difícil advertir
los pedacitos de uno que se pierden
con cada verso.
julio 14, 2008
lugares donde leer palabras inútiles
y atisbos de aquello que pudo ser,
y hechos acopiados y luz disuelta
en un cántaro sin huesos.
En esos lugares —aquí— no hay más,
nadie que sepa mi nombre, nada
que sea mío en tanta tentativa,
en tanto dejarse morir.
No es posible estar más lejos,
no está permitida otra dirección.
Y sin embargo las palabras vienen
y sin embargo las palabras van
y las letras nos dejan y las nubes mueren
en un suelo cansado de signos.
Para escapar
sé que debo indagar fuera de mí,
para aprender
desgajarme, ascender en la distancia
para quedar a un lado.
Hay muchos lugares como éste,
conozco tantos
que sólo puedo olvidarlos,
lugares donde se hace difícil advertir
los pedacitos de uno que se pierden
con cada verso.
julio 14, 2008
miércoles, mayo 14, 2008
Rastros por venir

Haber sido sobre maleficios y risas,
haber sido las sobras de un banquete
haber sido las sobras de un banquete
al que nunca fuimos invitados,
haber tenido el ánimo y ser otro
entre tantos ritos y tantas muertes,
haber sido, total, para seguir aquí,
entre palabras,
y decir que somos a pesar de nosotros
y de una puntería que perdimos.
Si desde siempre eso recuerdo, quizá esta casa
—la improbable o tenaz morada de mis letras—
no sea en verdad mi rastro,
o tal vez el verbo sea el modo en que la noche
va siendo todo
y todas las caligrafías se hacen memoria,
actas de lo que nunca confesamos.
Y entonces, aunque parezca increíble,
que aún haya cuerpo para inventar
un pasaje hacia el destierro,
una torpeza más
en la postguerra de un tiempo agrietado,
para finalmente darnos cuenta, terminar
sabiendo, que todo ya fue dicho,
y balbucear y callar, y ser eso:
vaguedades, silencio.
entre tantos ritos y tantas muertes,
haber sido, total, para seguir aquí,
entre palabras,
y decir que somos a pesar de nosotros
y de una puntería que perdimos.
Si desde siempre eso recuerdo, quizá esta casa
—la improbable o tenaz morada de mis letras—
no sea en verdad mi rastro,
o tal vez el verbo sea el modo en que la noche
va siendo todo
y todas las caligrafías se hacen memoria,
actas de lo que nunca confesamos.
Y entonces, aunque parezca increíble,
que aún haya cuerpo para inventar
un pasaje hacia el destierro,
una torpeza más
en la postguerra de un tiempo agrietado,
para finalmente darnos cuenta, terminar
sabiendo, que todo ya fue dicho,
y balbucear y callar, y ser eso:
vaguedades, silencio.
lunes, mayo 12, 2008
Escribimos para nadie
Escribimos para nadie
con palabras que ya no dicen
y, sin embargo, llenan los papeles
de lluvia y otros difuntos.
Escribimos —aún lejos del suicidio—
sobre un puente que nunca atravesamos,
con la certeza de que nada
es ya aquí por nosotros.
Se diría que nada entonces fue logrado,
que falta norte a esta retirada
y allá quedó el misterio, la música
y el desierto que siempre estuvo
a pesar de ella.
Pero no has muerto,
aún alguien aquí recita un miserere,
alguien que en su discurso de demiurgo
pareciera haber comprado el silencio
y, como un signo,
interrogándonos, nos recordase:
¿por qué, si ya no hay nadie?
mayo 12, 2008
con palabras que ya no dicen
y, sin embargo, llenan los papeles
de lluvia y otros difuntos.
Escribimos —aún lejos del suicidio—
sobre un puente que nunca atravesamos,
con la certeza de que nada
es ya aquí por nosotros.
Se diría que nada entonces fue logrado,
que falta norte a esta retirada
y allá quedó el misterio, la música
y el desierto que siempre estuvo
a pesar de ella.
Pero no has muerto,
aún alguien aquí recita un miserere,
alguien que en su discurso de demiurgo
pareciera haber comprado el silencio
y, como un signo,
interrogándonos, nos recordase:
¿por qué, si ya no hay nadie?
mayo 12, 2008
lunes, abril 28, 2008
El imposible del poema
Se escapaba el aire de tus ojos
—era difícil arriesgarse,
olvidar a los difuntos de siempre;
era mejor la certeza falsa,
la mentira cruel de vivir ya nunca—,
y yo miraba al lugar de los que dicen.
Se escapaban la vanidad y el tiempo
—triste espejo, pájaro transparente,
penuria de vivir detrás de las palabras—,
y yo hablaba con sonidos de barcos lejanos,
y decía un nombre, una apariencia,
unos gritos entre lobos.
Se escapaba el aire de tus ojos,
se escapaba alguien como nadie
nunca podría.
Fue rojo el buscar, el buscar, no saber y ella.
Pero la luz disolvió su rumbo de armario
y nos trajo hospitales,
túneles en el cielo,
monstruos de números.
Aquello ahora era perder, saber
del imposible de nombrarte, del imposible
del poema.
Se escapaba el aire y nada decía,
se escapaba por siempre, para nunca.
abril 26 y 27, 2008
—era difícil arriesgarse,
olvidar a los difuntos de siempre;
era mejor la certeza falsa,
la mentira cruel de vivir ya nunca—,
y yo miraba al lugar de los que dicen.
Se escapaban la vanidad y el tiempo
—triste espejo, pájaro transparente,
penuria de vivir detrás de las palabras—,
y yo hablaba con sonidos de barcos lejanos,
y decía un nombre, una apariencia,
unos gritos entre lobos.
Se escapaba el aire de tus ojos,
se escapaba alguien como nadie
nunca podría.
Fue rojo el buscar, el buscar, no saber y ella.
Pero la luz disolvió su rumbo de armario
y nos trajo hospitales,
túneles en el cielo,
monstruos de números.
Aquello ahora era perder, saber
del imposible de nombrarte, del imposible
del poema.
Se escapaba el aire y nada decía,
se escapaba por siempre, para nunca.
abril 26 y 27, 2008
sábado, marzo 08, 2008
Tránsito
No fue la vida lo que llamó mi atención
sino más bien la muerte,
y con ella creí entender sus alrededores,
ese narcótico paisaje azul
en el lejano esplendor del crepúsculo.
Vuelve a la sangre la primera sangre,
al comienzo todo lo terminado,
y es tuyo todo lo oscuro y la claridad,
la edad de los molinos y los patios.
Como si hubiéramos muerto encendidos
vamos hacia un reposo que no existe,
perdidos en el útero
de un dios de vaticinios, venganzas y misterios.
No te extrañes si después de ti no hay después,
nada que añadir a este desencuentro.
Qué puede decirse entonces aquí y ahora
entre mi verdad y una culpa sin puertas
y este silencio angosto y paralítico.
Fue la muerte, no la vida,
y todo lo que fue fueron palabras.
marzo 8,
sino más bien la muerte,
y con ella creí entender sus alrededores,
ese narcótico paisaje azul
en el lejano esplendor del crepúsculo.
Vuelve a la sangre la primera sangre,
al comienzo todo lo terminado,
y es tuyo todo lo oscuro y la claridad,
la edad de los molinos y los patios.
Como si hubiéramos muerto encendidos
vamos hacia un reposo que no existe,
perdidos en el útero
de un dios de vaticinios, venganzas y misterios.
No te extrañes si después de ti no hay después,
nada que añadir a este desencuentro.
Qué puede decirse entonces aquí y ahora
entre mi verdad y una culpa sin puertas
y este silencio angosto y paralítico.
Fue la muerte, no la vida,
y todo lo que fue fueron palabras.
marzo 8,
sábado, febrero 23, 2008
Has debido florecer en la espuma
A Voro, por si, después de esto,
sí hubiera algo.
sí hubiera algo.
Tal vez no digas nunca
una sola palabra nueva, nada
que no acabe al pronunciarse
o al ser escrito.
Somos
lo que una vez tuvimos;
lo que una vez tomamos
cubiertos de invierno
sobre los alrededores de ti,
interminable mar;
la infinita hambruna del pasado,
ni tan irrepetible ni tan vacío.
Has debido florecer en la espuma
donde los pájaros y los caballos,
donde las delirantes frondas duermen.
(Cómo quisiera tenerte aquí
y abrazarte).
En una mágica casualidad
un cuerpo, un destino, un grito,
todo se hace haciéndose,
y tú con esta vida tres minutos
y yo no debería.
No tengas prisa, espérame,
haz de ése, tu no miedo, bandera,
que yo iré a buscarte
lo que una vez tomamos
cubiertos de invierno
sobre los alrededores de ti,
interminable mar;
la infinita hambruna del pasado,
ni tan irrepetible ni tan vacío.
Has debido florecer en la espuma
donde los pájaros y los caballos,
donde las delirantes frondas duermen.
(Cómo quisiera tenerte aquí
y abrazarte).
En una mágica casualidad
un cuerpo, un destino, un grito,
todo se hace haciéndose,
y tú con esta vida tres minutos
y yo no debería.
No tengas prisa, espérame,
haz de ése, tu no miedo, bandera,
que yo iré a buscarte
vuelto hacia el mañana,
negando el silencio de los domingos,
hundiendo los recuerdos
de los que estamos hechos
noche tras noche
aunque el día no llegue.
febrero 23, 2008
negando el silencio de los domingos,
hundiendo los recuerdos
de los que estamos hechos
noche tras noche
aunque el día no llegue.
febrero 23, 2008
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