Desde la gloria al acecho
mi herida averigua sus límites
entre mis más íntimas palabras de ceniza.
Tras una ventana honda
el mar caracolea y vibra con la noche.
En realidad ya es hora -como temíamos-
de que cruce las líneas enemigas.
Ya hace tiempo
que nuestras tropas perdieron la guerra,
esa guerra que transcurre ilusoria,
llena de olvido,
en el mismo frente cada día;
esa guerra de calles seguras y salir ilesos
que nos rodea y abarca
mientras te desangras sin flores, volátil,
y obstinadamente hablas de mariposas
y labios.
Y sol afuera, ventanas cerradas,
abejas y silencio.
De Cantos suicidas
marzo 10, 2007
domingo, marzo 11, 2007
sábado, marzo 03, 2007
La noche esconde la noche
La noche esconde la noche
al lugar en el que todo muere y nace
sin refugio.
Ahí va mi caducidad,
en este acto de fe que es estar aquí
desde ahora y para nunca,
o en este querer llevarme
algún instante de ruido
a favor de un imposible.
Agria es la lucha nocturna
midiendo las horas con precisión
de falsificador
definitivamente para nadie.
Agrio es el viento que nos agita
cuando el silencio baja un suicidio tras otro
y tú subsistes.
De Cantos suicidas
marzo 3, 2007
al lugar en el que todo muere y nace
sin refugio.
Ahí va mi caducidad,
en este acto de fe que es estar aquí
desde ahora y para nunca,
o en este querer llevarme
algún instante de ruido
a favor de un imposible.
Agria es la lucha nocturna
midiendo las horas con precisión
de falsificador
definitivamente para nadie.
Agrio es el viento que nos agita
cuando el silencio baja un suicidio tras otro
y tú subsistes.
De Cantos suicidas
marzo 3, 2007
sábado, febrero 24, 2007
Geometría sin orden
Era nuestro, pero al final
el tiempo hizo de su casa un poliedro
y ya nadie fue inocente tras el otoño.
Nunca sabré por qué
olvidamos el camino de vuelta,
ni por qué quisimos construir un muro
en cada esquina.
Tus ojeras sin respuestas y los horarios
-lentos como un paquebote abandonando tus retinas-
dialogaban con Marguerite y su amante
-en cada página un anhelo,
en cada deseo una noche-
en su laberinto de océanos y extraños.
Geometría sin orden tu casa ahora,
tristes pollos congelados las palabras;
las palabras que esperan en la noche
el asalto de las patrullas,
incluso cuando las muchachas sin nombre
juegan a naufragios en tu pantalla
y tú deseas ser diferente,
ser diferente sólo por un día.
febrero 23, 2007
el tiempo hizo de su casa un poliedro
y ya nadie fue inocente tras el otoño.
Nunca sabré por qué
olvidamos el camino de vuelta,
ni por qué quisimos construir un muro
en cada esquina.
Tus ojeras sin respuestas y los horarios
-lentos como un paquebote abandonando tus retinas-
dialogaban con Marguerite y su amante
-en cada página un anhelo,
en cada deseo una noche-
en su laberinto de océanos y extraños.
Geometría sin orden tu casa ahora,
tristes pollos congelados las palabras;
las palabras que esperan en la noche
el asalto de las patrullas,
incluso cuando las muchachas sin nombre
juegan a naufragios en tu pantalla
y tú deseas ser diferente,
ser diferente sólo por un día.
febrero 23, 2007
martes, febrero 20, 2007
Febrero siempre
Febrero siempre.
Deslumbrados por ése
en el que tanto nos desconocemos.
Es la edad de lo anterior e ir despacio,
es mirar con tu nombre de contigo y nunca,
demencia apenas en este arte de callar.
Lo demás es sol, es lo demás abril,
la lividez de una muchacha onírica
que me visita a veces
en una Valencia imaginaria.
También
los astros que giran sobre los límites
de todo cuanto fui.
Debe ser que estamos en febrero,
en febrero siempre.
febrero 20, 2007
Deslumbrados por ése
en el que tanto nos desconocemos.
Es la edad de lo anterior e ir despacio,
es mirar con tu nombre de contigo y nunca,
demencia apenas en este arte de callar.
Lo demás es sol, es lo demás abril,
la lividez de una muchacha onírica
que me visita a veces
en una Valencia imaginaria.
También
los astros que giran sobre los límites
de todo cuanto fui.
Debe ser que estamos en febrero,
en febrero siempre.
febrero 20, 2007
viernes, febrero 16, 2007
Foto de promoción
El por qué aquí ya no sirve.
No sirve la conciencia temporal,
ni las palabras expectantes que sueñan su nombre.
No hay esencia alguna en el recuerdo,
esa materia que a nadie escucha y a todos vale.
No trascenderá la propia historia
a los testigos inmóviles que nos acompañaron.
No hay enigmas, sólo transcurrir banal,
terco viaje entre fantasmas que no dicen nada.
Y es que somos tierra en silencio,
el indefenso tacto de la ropa gastada,
el rostro sepia —humilde y asustado— del colegial
en esa foto de promoción.
Absurdos más que imperfectos,
en esa forma deslumbrante en la que
parecemos ser otros.
Y en otra geometría un pecho dormido
quieto y lejano como un ave
en su pequeña casa de la muerte.
febrero 16, 2007
No sirve la conciencia temporal,
ni las palabras expectantes que sueñan su nombre.
No hay esencia alguna en el recuerdo,
esa materia que a nadie escucha y a todos vale.
No trascenderá la propia historia
a los testigos inmóviles que nos acompañaron.
No hay enigmas, sólo transcurrir banal,
terco viaje entre fantasmas que no dicen nada.
Y es que somos tierra en silencio,
el indefenso tacto de la ropa gastada,
el rostro sepia —humilde y asustado— del colegial
en esa foto de promoción.
Absurdos más que imperfectos,
en esa forma deslumbrante en la que
parecemos ser otros.
Y en otra geometría un pecho dormido
quieto y lejano como un ave
en su pequeña casa de la muerte.
febrero 16, 2007
domingo, febrero 11, 2007
Mejor que la locura

Estoy en mi butaca lila,
apurando el fondo de una mañana de invierno;
en el desvarío que otorga algún sinsentido
a este cuerpo
creado para tantas otras cosas.
Voy a juntar cuatro o cinco palabras,
borrar escenas, hacerme en otros lugares.
Voy a celebrar mi otra verdad
como si hubiera otra.
Probablemente entre tú y yo el tiempo ya no gire,
lo sé por el olor enfermo, primario,
de las hojas caídas que nos invade; las hojas
caídas que alimentan a la tierra que las acoge.
Parecido a Dios y a la muerte.
Mejor que la locura.
Vamos de un puerto al silencio,
en mi butaca lila, donde queda la lluvia.
Vamos de la hoguera a las horas
ensanchando los pulmones de ganas quebradas.
Vamos y, sin embargo, escribimos sonidos
que no sabemos
por si por un casual un día nos quedamos.
febrero 10 y 11, 2007
apurando el fondo de una mañana de invierno;
en el desvarío que otorga algún sinsentido
a este cuerpo
creado para tantas otras cosas.
Voy a juntar cuatro o cinco palabras,
borrar escenas, hacerme en otros lugares.
Voy a celebrar mi otra verdad
como si hubiera otra.
Probablemente entre tú y yo el tiempo ya no gire,
lo sé por el olor enfermo, primario,
de las hojas caídas que nos invade; las hojas
caídas que alimentan a la tierra que las acoge.
Parecido a Dios y a la muerte.
Mejor que la locura.
Vamos de un puerto al silencio,
en mi butaca lila, donde queda la lluvia.
Vamos de la hoguera a las horas
ensanchando los pulmones de ganas quebradas.
Vamos y, sin embargo, escribimos sonidos
que no sabemos
por si por un casual un día nos quedamos.
febrero 10 y 11, 2007
domingo, febrero 04, 2007
Triste oficio

Tú buscas, como yo, una palabra, una oración
después, que redondee una faena
aunque la sepamos interminable.
Los dos nos disfrazamos de trabajo
cada mañana y tomamos el coche
o el autobús de las ocho menos diez, ausentes
como en una capilla de hospital.
Notarios venidos a menos, nos semejamos
a esa muerte de la que escribimos, entre ruinas
de un mundo extraño que desconocemos
pero del que estamos empeñados en dar fe.
Tú y yo condenados a nombrar, como
si en el papel pudiésemos retener el tiempo
o el oleaje de aquellas noches de verano.
después, que redondee una faena
aunque la sepamos interminable.
Los dos nos disfrazamos de trabajo
cada mañana y tomamos el coche
o el autobús de las ocho menos diez, ausentes
como en una capilla de hospital.
Notarios venidos a menos, nos semejamos
a esa muerte de la que escribimos, entre ruinas
de un mundo extraño que desconocemos
pero del que estamos empeñados en dar fe.
Tú y yo condenados a nombrar, como
si en el papel pudiésemos retener el tiempo
o el oleaje de aquellas noches de verano.
febrero 4, 2007
sábado, febrero 03, 2007
Escribir da miedo
No eres sino la razón que escapa a través de un espejo,
esa tristeza que es anterior a la vida.
Nos hemos acostumbrado a tu confusión,
a la idea de la tempestad
atravesando el aire con la noche.
Me pregunto qué haría el paraíso si volvieras,
cuántos cuerpos extendidos acompañarían nuestra boga,
cuánto sacrificio, cuánta juventud anochecida
bajo el vuelo de las aves cubriría nuestra suerte.
Debería tratar de salvar el poema,
en vez de eso
formulo preguntas inútiles a las sombras,
al recuerdo de un combate y un fracaso.
Es cierto, escribir sigue dando miedo.
febrero 3, 2007
esa tristeza que es anterior a la vida.
Nos hemos acostumbrado a tu confusión,
a la idea de la tempestad
atravesando el aire con la noche.
Me pregunto qué haría el paraíso si volvieras,
cuántos cuerpos extendidos acompañarían nuestra boga,
cuánto sacrificio, cuánta juventud anochecida
bajo el vuelo de las aves cubriría nuestra suerte.
Debería tratar de salvar el poema,
en vez de eso
formulo preguntas inútiles a las sombras,
al recuerdo de un combate y un fracaso.
Es cierto, escribir sigue dando miedo.
febrero 3, 2007
domingo, enero 28, 2007
Atentamente
Los atardeceres son siempre mejores
que los poemas sobre atardeceres
—dijiste—. En aquel tiempo
avanzábamos con la certeza de quien sabe
que la muerte es una cita inevitable
y que hay precios que no conviene pagar
por postergarla.
Si este lugar no hubiese existido;
si pieza a pieza no hubiésemos compuesto
este rompecabezas
donde soñamos y abjuramos de espaldas a la noche;
si no hubiese existido este lugar
nuestros cuerpos nunca habrían estado unidos,
nunca nos habríamos hecho fuertes
sobre la costumbre,
empeñados en desconocernos,
anochecidos
por todas las guerras del planeta
y la furia de una soledad lejana y hermosa
como una isla.
Este lugar siempre será nuestro,
por eso sabes que te negaré siempre,
por eso nunca me hallarás sin ti.
Más tarde, mientras la tierra aguarda,
dejarás que el viento responda.
Pero ahora quiero tenerte aquí,
atenta a lo más nimio,
luego de que los trenes partan
—y yo tras ella—
hacia el próximo poema
y el día gire en una palabra.
Tuyo. Atentamente.
Enrique.
(De Conversaciones con la poesía)
enero 28 y 29, 2007
que los poemas sobre atardeceres
—dijiste—. En aquel tiempo
avanzábamos con la certeza de quien sabe
que la muerte es una cita inevitable
y que hay precios que no conviene pagar
por postergarla.
Si este lugar no hubiese existido;
si pieza a pieza no hubiésemos compuesto
este rompecabezas
donde soñamos y abjuramos de espaldas a la noche;
si no hubiese existido este lugar
nuestros cuerpos nunca habrían estado unidos,
nunca nos habríamos hecho fuertes
sobre la costumbre,
empeñados en desconocernos,
anochecidos
por todas las guerras del planeta
y la furia de una soledad lejana y hermosa
como una isla.
Este lugar siempre será nuestro,
por eso sabes que te negaré siempre,
por eso nunca me hallarás sin ti.
Más tarde, mientras la tierra aguarda,
dejarás que el viento responda.
Pero ahora quiero tenerte aquí,
atenta a lo más nimio,
luego de que los trenes partan
—y yo tras ella—
hacia el próximo poema
y el día gire en una palabra.
Tuyo. Atentamente.
Enrique.
(De Conversaciones con la poesía)
enero 28 y 29, 2007
lunes, enero 15, 2007
Leo tu nombre en los posos del café
Es de tu memoria
de donde se alimentan las metáforas,
las palabras que colorean
su nombre de estiércol a las nubes.
Es de ti de quien me protejo cuando
la sequía construye su ataúd a las estaciones,
justo donde escarbo en mí tu simiente
y encuentro un cuerpo solo.
Tal vez debimos quedarnos allí,
sobre la tierra muerta
que da cobijo a esta ciudad.
Quedarnos allí, hechos trizas, en su subsuelo,
copulando pensamientos para nada.
Hay un muerto que nos espera sin prisas,
un muerto que se ha vestido con sus últimos despojos
para observar el espacio sin pájaros de nuestras manos
y su eterna culpabilidad.
Acaso esa culpabilidad sea
el origen de todos los poemas,
sombras que construyen sombras ficticias
que a lo mejor nacen también por ti.
enero 14, 2007
de donde se alimentan las metáforas,
las palabras que colorean
su nombre de estiércol a las nubes.
Es de ti de quien me protejo cuando
la sequía construye su ataúd a las estaciones,
justo donde escarbo en mí tu simiente
y encuentro un cuerpo solo.
Tal vez debimos quedarnos allí,
sobre la tierra muerta
que da cobijo a esta ciudad.
Quedarnos allí, hechos trizas, en su subsuelo,
copulando pensamientos para nada.
Hay un muerto que nos espera sin prisas,
un muerto que se ha vestido con sus últimos despojos
para observar el espacio sin pájaros de nuestras manos
y su eterna culpabilidad.
Acaso esa culpabilidad sea
el origen de todos los poemas,
sombras que construyen sombras ficticias
que a lo mejor nacen también por ti.
enero 14, 2007
lunes, enero 08, 2007
Ya no sabe

Mi madre ya no sabe,
no sabe ya cómo formar tríos y escaleras.
No renace el aire la sangre en su rostro.
Sobre el poema la intemperie, el adentro
del silencio y lo prohibido,
cadáveres en vigilia por mi boca.
Me importa el mar,
el estallido de piedras del mar;
me importa la muerte,
el llevárselo todo de la muerte.
Estaba el mundo de vísperas,
mi madre ya no sabe.
enero 7, 2007
no sabe ya cómo formar tríos y escaleras.
No renace el aire la sangre en su rostro.
Sobre el poema la intemperie, el adentro
del silencio y lo prohibido,
cadáveres en vigilia por mi boca.
Me importa el mar,
el estallido de piedras del mar;
me importa la muerte,
el llevárselo todo de la muerte.
Estaba el mundo de vísperas,
mi madre ya no sabe.
enero 7, 2007
Enero es frío sin compañía
Lames en la tarde un sueño de pájaros.
Era preciso que volvieras, desde los escombros,
a esta tierra cercana a la noche
donde las brasas no queman, donde
siempre habitó —delirante— el rocío,
y yo cabalgo y voy, y yo cabalgo y vengo.
Era preciso dejar correr el río blanco, aquí mismo,
en su fábula, como creíamos; en su fábula
parecida a un loco hecho para ti. Natural y terrible
como ese loco que sabe del sonido verdadero
mientras tú, entre naipes y pájaros,
lames en la tarde el sueño que nos protege.
Enero es frío sin compañía. Era preciso.
enero 7, 2007
Era preciso que volvieras, desde los escombros,
a esta tierra cercana a la noche
donde las brasas no queman, donde
siempre habitó —delirante— el rocío,
y yo cabalgo y voy, y yo cabalgo y vengo.
Era preciso dejar correr el río blanco, aquí mismo,
en su fábula, como creíamos; en su fábula
parecida a un loco hecho para ti. Natural y terrible
como ese loco que sabe del sonido verdadero
mientras tú, entre naipes y pájaros,
lames en la tarde el sueño que nos protege.
Enero es frío sin compañía. Era preciso.
enero 7, 2007
viernes, enero 05, 2007
Pero te espera

He inventado unas lágrimas
—enlazadas como fichas de dominó—
para celebrar la hermosura del otro lado;
he escuchado al predicador labrando
su silencio de frontera; he medido
con la precisión de un cartógrafo medieval
el abismo metálico del dinero en la palabra;
he sentido —sé que he sentido— inmóvil,
íntimamente, cada instante contigo
y todos ellos —incalculables—
fueron en soledad.
Aún soy el hombre que persigue
la luz de los tinglados de otros puertos
y una playa remota al abrigo de las corrientes,
el hombre —invencible como un muerto—
que escucha, que sólo escucha,
el transcurrir de las horas.
Pero el tiempo exige su servidumbre
y ya no quedan más palabras,
así que ya no importa si estás ahí
o si todo sucede por última vez
y no nos volvemos a encontrar,
porque —dime—
qué se puede hacer con un poema;
qué puede edificarse
—enlazadas como fichas de dominó—
para celebrar la hermosura del otro lado;
he escuchado al predicador labrando
su silencio de frontera; he medido
con la precisión de un cartógrafo medieval
el abismo metálico del dinero en la palabra;
he sentido —sé que he sentido— inmóvil,
íntimamente, cada instante contigo
y todos ellos —incalculables—
fueron en soledad.
Aún soy el hombre que persigue
la luz de los tinglados de otros puertos
y una playa remota al abrigo de las corrientes,
el hombre —invencible como un muerto—
que escucha, que sólo escucha,
el transcurrir de las horas.
Pero el tiempo exige su servidumbre
y ya no quedan más palabras,
así que ya no importa si estás ahí
o si todo sucede por última vez
y no nos volvemos a encontrar,
porque —dime—
qué se puede hacer con un poema;
qué puede edificarse
describiendo el desfile de la luna
o la dulce melodía de un recuerdo;
qué con el eco del agua en el aire
o con el desconcierto
de quien no sabe nada de ti
pero te espera.
enero 4, 2007
o la dulce melodía de un recuerdo;
qué con el eco del agua en el aire
o con el desconcierto
de quien no sabe nada de ti
pero te espera.
enero 4, 2007
domingo, diciembre 31, 2006
En el buró
He estado buscando unos documentos
en el buró de mi padre,
los extractos de bancos, los donativos
a las obras misioneras, las estampitas
y los calendarios de hace diez o veinte años.
El alfabeto son unas páginas desvaídas
donde nunca es posible contener lo sucedido,
y mi mirada,
extraviada sobre los grafos de aquellos tiempos,
es el silencio que nos aleja.
He estado buscando unos documentos
en el buró de mi padre;
como un habitante de una playa invernal
he estado rastreando los hilos de otros días.
La Agencia Tributaria no entiende de sentimientos.
diciembre 31, 2006
en el buró de mi padre,
los extractos de bancos, los donativos
a las obras misioneras, las estampitas
y los calendarios de hace diez o veinte años.
El alfabeto son unas páginas desvaídas
donde nunca es posible contener lo sucedido,
y mi mirada,
extraviada sobre los grafos de aquellos tiempos,
es el silencio que nos aleja.
He estado buscando unos documentos
en el buró de mi padre;
como un habitante de una playa invernal
he estado rastreando los hilos de otros días.
La Agencia Tributaria no entiende de sentimientos.
diciembre 31, 2006
sábado, diciembre 30, 2006
En cierto sentido
En cierto sentido somos el escenario
de un dolor primigenio;
testigos inútiles de una orfandad
labrada en la mudez;
campos de cultivo de una llaga
hecha a medida, como esos juegos
del parchís y de la oca, personalizados
con nuestras fotografías.
Esta noche los ojos tienen el brillo oscuro
de la lluvia en reposo, de la lluvia
una vez ha concluido su largo viaje,
después de horadar
tantas cartografías abruptas.
¿Sería posible en esa desolación
cambiar el rumbo de la noche
con unas simples palabras?
Bajo mi piel hay huesos
que quieren tener su protagonismo,
su lugar frente al sol y los vientos;
huesos que sueñan
con una música tenue que los capture
sin la amortiguación de tanta carne,
sin la espesura de tanto miedo.
En cierto sentido
la fe es la certeza de que mis huesos
tendrán su cuota de protagonismo.
diciembre 30, 2006
domingo, diciembre 10, 2006
Sobre lo que fuimos
Nadie como nosotros
ha buscado el sentido de sus manos
y ganó con tan poco unos plazos a la vida.
Nadie como nosotros
comprendió tanto
con tan exiguos argumentos.
Y ahora que al fin forjamos
el pacto de la luz trazando laberintos
y buscamos el alma de la palabra
en lo lejano y la cicuta, ahora
caemos en la cuenta
que existe sólo
este paisaje tras la ventana,
que lo demás no es cierto
y que todo será azul a medianoche.
Sobre fronteras y templos todo será azul,
casi como seguir sin más preguntas.
De nuevo, a traición, terminó el otoño,
de nuevo soy sobre lo que fuimos.
Nadie como nosotros, y aquí sigo,
buscándote
en el centro de una ventana
que no existe.
diciembre 9, 2006
ha buscado el sentido de sus manos
y ganó con tan poco unos plazos a la vida.
Nadie como nosotros
comprendió tanto
con tan exiguos argumentos.
Y ahora que al fin forjamos
el pacto de la luz trazando laberintos
y buscamos el alma de la palabra
en lo lejano y la cicuta, ahora
caemos en la cuenta
que existe sólo
este paisaje tras la ventana,
que lo demás no es cierto
y que todo será azul a medianoche.
Sobre fronteras y templos todo será azul,
casi como seguir sin más preguntas.
De nuevo, a traición, terminó el otoño,
de nuevo soy sobre lo que fuimos.
Nadie como nosotros, y aquí sigo,
buscándote
en el centro de una ventana
que no existe.
diciembre 9, 2006
jueves, diciembre 07, 2006
Todo bien por aquí
Lo recuerdo cubierto de niebla,
una niebla tersa, una niebla propicia
para extraviar pieles y misterios
y habitar los versos más tristes.
Pero todo está bien por aquí. Quiero decir,
aunque la alquimia donde encierras tus misterios
siga persiguiéndome, y no pueda abandonar
los aeródromos en los que nunca nos despedimos,
todo está bien contigo.
Dios, dame al menos
un viento clandestino, un viento de helicópteros
y apocalipsis, de estrellas azules
y calendarios de contrabando, más allá
de este dolor de sílabas y papeles arrugados.
Y es Valencia, y esto es el tiempo que no pasa
y mis manos transparentes como una habitación de hotel
y el silencio que nos une en su perfección sumergida.
Allá arriba hay ruinas que todo lo saben
y un lenguaje que es verdad. Aquí
tu rostro ya no es el tuyo, y el poema
es un mapa tallado en una roca que no existe
pero que llueve.
diciembre 6 y 7, 2006
una niebla tersa, una niebla propicia
para extraviar pieles y misterios
y habitar los versos más tristes.
Pero todo está bien por aquí. Quiero decir,
aunque la alquimia donde encierras tus misterios
siga persiguiéndome, y no pueda abandonar
los aeródromos en los que nunca nos despedimos,
todo está bien contigo.
Dios, dame al menos
un viento clandestino, un viento de helicópteros
y apocalipsis, de estrellas azules
y calendarios de contrabando, más allá
de este dolor de sílabas y papeles arrugados.
Y es Valencia, y esto es el tiempo que no pasa
y mis manos transparentes como una habitación de hotel
y el silencio que nos une en su perfección sumergida.
Allá arriba hay ruinas que todo lo saben
y un lenguaje que es verdad. Aquí
tu rostro ya no es el tuyo, y el poema
es un mapa tallado en una roca que no existe
pero que llueve.
diciembre 6 y 7, 2006
domingo, diciembre 03, 2006
Un lugar en el norte de Ontario
Helpless - Neil Young
Paisaje de persianas echadas.
Una canción de Neil Young
trae imágenes
de un hogar lejano y frío
con ventanas azules
y pájaros altísimos como cometas;
imágenes verdaderas igual que humo,
ese humo que huele
como dicen que huelen los recuerdos
cuando el silencio nos visita.
Yo sigo allí, donde el amor
las canciones afirman que es más real,
el faisán inerte de una pintura embalada
en los sótanos de un museo.
Y tú, supongo,
no estás más que en estas palabras.
Nada de esto es luz, lo sé,
para beber en ti las estrellas
hablo de un viento que desconozco
y de sueños que partieron olvidándonos.
Nada de esto es luz,
pero la música nos permite imaginar la llama,
porque, después de todo, es cierto,
hay un hogar en el norte de Ontario.
diciembre 3, 2006
Una canción de Neil Young
trae imágenes
de un hogar lejano y frío
con ventanas azules
y pájaros altísimos como cometas;
imágenes verdaderas igual que humo,
ese humo que huele
como dicen que huelen los recuerdos
cuando el silencio nos visita.
Yo sigo allí, donde el amor
las canciones afirman que es más real,
el faisán inerte de una pintura embalada
en los sótanos de un museo.
Y tú, supongo,
no estás más que en estas palabras.
Nada de esto es luz, lo sé,
para beber en ti las estrellas
hablo de un viento que desconozco
y de sueños que partieron olvidándonos.
Nada de esto es luz,
pero la música nos permite imaginar la llama,
porque, después de todo, es cierto,
hay un hogar en el norte de Ontario.
diciembre 3, 2006
viernes, diciembre 01, 2006
Inventario de necedades
Después de todo,
tal vez no queden más
que unas pocas canciones,
un mucho no saber por qué
y ese no haberse atrevido.
Tantas y tantas cortapisas
que nos hemos ido imponiendo
sin saber muy bien cómo,
porque algo dentro nos señalaba
–conciencia o inconsciencia–
que ésa era la dirección.
Unas pocas cosas ganadas
cuyo valor cada vez encontramos
más y más dudoso,
y otras muchas perdidas
que cada día nos van pareciendo
más primordiales.
También, claro, estás tú. Tú y yo
y esa forma absurda en la que nunca nos quisimos.
También los hijos, indudablemente,
y ahí todo el amor, y ahí
toda nuestra esperanza de más y mejor,
eso que ahora sabemos
que nunca se trató de hacer fortuna.
Algunos buenos recuerdos que nunca se repitieron,
haber intentado, inútilmente, olvidar
algunas malas experiencias y muchos errores
que en realidad a nadie importaron
y que sólo a fuerza de convivencia
hemos logrado allanar.
Y ya es la prisa una cita sin fecha
pero que, puntual, llegará para siempre.
Después de todo,
tal vez no queden más
que unas pocas canciones,
un mucho no saber por qué
y ese no haberse atrevido.
noviembre 30, 2006
tal vez no queden más
que unas pocas canciones,
un mucho no saber por qué
y ese no haberse atrevido.
Tantas y tantas cortapisas
que nos hemos ido imponiendo
sin saber muy bien cómo,
porque algo dentro nos señalaba
–conciencia o inconsciencia–
que ésa era la dirección.
Unas pocas cosas ganadas
cuyo valor cada vez encontramos
más y más dudoso,
y otras muchas perdidas
que cada día nos van pareciendo
más primordiales.
También, claro, estás tú. Tú y yo
y esa forma absurda en la que nunca nos quisimos.
También los hijos, indudablemente,
y ahí todo el amor, y ahí
toda nuestra esperanza de más y mejor,
eso que ahora sabemos
que nunca se trató de hacer fortuna.
Algunos buenos recuerdos que nunca se repitieron,
haber intentado, inútilmente, olvidar
algunas malas experiencias y muchos errores
que en realidad a nadie importaron
y que sólo a fuerza de convivencia
hemos logrado allanar.
Y ya es la prisa una cita sin fecha
pero que, puntual, llegará para siempre.
Después de todo,
tal vez no queden más
que unas pocas canciones,
un mucho no saber por qué
y ese no haberse atrevido.
noviembre 30, 2006
martes, octubre 31, 2006
Intento de asesinato
Se me ocurre que ahora,
a pesar de nosotros,
podría ponerme a escribir. Escribir,
por ejemplo, —no soy original, lo sé—
del modo extraño en que tantas cosas
podrían haber sido
y quedaron lejanísimas, extraviadas
en ese lugar pantanoso
que es la memoria. O escribir
—sin que sepa muy bien por qué—
de la aspereza antigua
cuando caigo en la cuenta
de lo que hubiera podido decir,
o callar, tal vez, si hubiese apretado
con fuerza los dientes
y en silencio hubiese resistido
los embates de las ideas
y sus tristes argumentos. Escribir
para terminar repitiendo
este intento de asesinato
que sigue siendo la escritura,
la anacrónica inocencia que alguien
—ridícula, tercamente—
persiste en hacernos creer
que continúa siendo necesario,
cuando sabemos bien
que no es más que otro truco:
la ráfaga de viento
que por unos instatntes zarandea
—apócrifa ilusión—
a unas sábanas tendidas.
Escribir,
haber dejado a un lado el miedo
que dio vida a esta muerte
para terminar comprendiendo
que nada quedará.
octubre 31, 2006
a pesar de nosotros,
podría ponerme a escribir. Escribir,
por ejemplo, —no soy original, lo sé—
del modo extraño en que tantas cosas
podrían haber sido
y quedaron lejanísimas, extraviadas
en ese lugar pantanoso
que es la memoria. O escribir
—sin que sepa muy bien por qué—
de la aspereza antigua
cuando caigo en la cuenta
de lo que hubiera podido decir,
o callar, tal vez, si hubiese apretado
con fuerza los dientes
y en silencio hubiese resistido
los embates de las ideas
y sus tristes argumentos. Escribir
para terminar repitiendo
este intento de asesinato
que sigue siendo la escritura,
la anacrónica inocencia que alguien
—ridícula, tercamente—
persiste en hacernos creer
que continúa siendo necesario,
cuando sabemos bien
que no es más que otro truco:
la ráfaga de viento
que por unos instatntes zarandea
—apócrifa ilusión—
a unas sábanas tendidas.
Escribir,
haber dejado a un lado el miedo
que dio vida a esta muerte
para terminar comprendiendo
que nada quedará.
octubre 31, 2006
Suscribirse a:
Entradas (Atom)