Se me ocurre que ahora,
a pesar de nosotros,
podría ponerme a escribir. Escribir,
por ejemplo, —no soy original, lo sé—
del modo extraño en que tantas cosas
podrían haber sido
y quedaron lejanísimas, extraviadas
en ese lugar pantanoso
que es la memoria. O escribir
—sin que sepa muy bien por qué—
de la aspereza antigua
cuando caigo en la cuenta
de lo que hubiera podido decir,
o callar, tal vez, si hubiese apretado
con fuerza los dientes
y en silencio hubiese resistido
los embates de las ideas
y sus tristes argumentos. Escribir
para terminar repitiendo
este intento de asesinato
que sigue siendo la escritura,
la anacrónica inocencia que alguien
—ridícula, tercamente—
persiste en hacernos creer
que continúa siendo necesario,
cuando sabemos bien
que no es más que otro truco:
la ráfaga de viento
que por unos instatntes zarandea
—apócrifa ilusión—
a unas sábanas tendidas.
Escribir,
haber dejado a un lado el miedo
que dio vida a esta muerte
para terminar comprendiendo
que nada quedará.
octubre 31, 2006
martes, octubre 31, 2006
domingo, octubre 22, 2006
Pequeño poema perdido (canción suicida nº 5)
Mes de julio,
mientras los coches vienen y van
como las llamas en los resecos pinares;
cuando el instante no tiene dueño
y uno intenta ponerle nombre a su vida
pulsando un deseo remoto
escurrido en el tiempo.
Mes de julio,
en el caer de la noche,
para no decir abismo
y dejar que la escritura –aún misterio
y laberinto– hable por sí misma.
Despacio, después de tantas tardes,
después de tanto olvido.
Si ya no esperas más de ti.
julio, 2006
mientras los coches vienen y van
como las llamas en los resecos pinares;
cuando el instante no tiene dueño
y uno intenta ponerle nombre a su vida
pulsando un deseo remoto
escurrido en el tiempo.
Mes de julio,
en el caer de la noche,
para no decir abismo
y dejar que la escritura –aún misterio
y laberinto– hable por sí misma.
Despacio, después de tantas tardes,
después de tanto olvido.
Si ya no esperas más de ti.
julio, 2006
sábado, octubre 07, 2006
Sueños no dormidos
Te busco
–demolición de agua, danza de moradas al viento–.
Fue certeza la piel y el mar midiéndote
como la noche piloto de duendes, vagando dragones.
Gaviotas del reposo en las cimas,
te busco.
He de hallarte.
De los sortilegios escalo barandas,
días como señal he dejado, señuelos en las redes.
¿Serías posible tú –luz nival orbitando mi noche–,
serían posibles los bosques agitando nubes sin ti?
He de hallarte.
Te hallaré.
Habrá barcos con altas banderas como perfume de otoño,
estallarán las olas tras nuestros pasos, sueños no dormidos.
Porque nadie –tú menos que nadie–
se atrevió a decir que ese fruto germinó de las lágrimas
de una mujer enamorada,
te hallaré.
octubre 7, 2006
–demolición de agua, danza de moradas al viento–.
Fue certeza la piel y el mar midiéndote
como la noche piloto de duendes, vagando dragones.
Gaviotas del reposo en las cimas,
te busco.
He de hallarte.
De los sortilegios escalo barandas,
días como señal he dejado, señuelos en las redes.
¿Serías posible tú –luz nival orbitando mi noche–,
serían posibles los bosques agitando nubes sin ti?
He de hallarte.
Te hallaré.
Habrá barcos con altas banderas como perfume de otoño,
estallarán las olas tras nuestros pasos, sueños no dormidos.
Porque nadie –tú menos que nadie–
se atrevió a decir que ese fruto germinó de las lágrimas
de una mujer enamorada,
te hallaré.
octubre 7, 2006
viernes, octubre 06, 2006
La tierra blanca
Me pregunto si este lápiz que alguien dejó aquí olvidado
repetirá algún día estos gestos, si este lápiz desierto
abrirá alguna vez tus ojos, y si este papel
consumará la ceremonia tocando de nuevo, reiterando
las mismas sombras, como quien, sobre esta tierra blanca,
intentase encontrar el poema
y no pudiera más
que dejar correr el tiempo.
octubre 5, 2006
repetirá algún día estos gestos, si este lápiz desierto
abrirá alguna vez tus ojos, y si este papel
consumará la ceremonia tocando de nuevo, reiterando
las mismas sombras, como quien, sobre esta tierra blanca,
intentase encontrar el poema
y no pudiera más
que dejar correr el tiempo.
octubre 5, 2006
viernes, septiembre 29, 2006
Sueño febril
Acechan con certeza —tibios y derrumbados—
los días escritos. Acecha aquella mujer
—cópula incansable—
que toma sus armas y elige,
tan largo como fue el descubrimiento.
Aquella mujer que te escala y se vierte,
derramándose siempre entre niños
que ahora son tú. Inmensamente tú
—identidad de laberinto,
apenas repetición de lo no nombrado—.
O tal vez sea nunca. Decías
que era ya para nunca. Decías algo así
como lágrimas buscando unos ojos.
Decías una sucesión de lluvias
enteramente secas. Límites
donde te juro que no hay final.
septiembre 29, 2006
los días escritos. Acecha aquella mujer
—cópula incansable—
que toma sus armas y elige,
tan largo como fue el descubrimiento.
Aquella mujer que te escala y se vierte,
derramándose siempre entre niños
que ahora son tú. Inmensamente tú
—identidad de laberinto,
apenas repetición de lo no nombrado—.
O tal vez sea nunca. Decías
que era ya para nunca. Decías algo así
como lágrimas buscando unos ojos.
Decías una sucesión de lluvias
enteramente secas. Límites
donde te juro que no hay final.
septiembre 29, 2006
domingo, septiembre 24, 2006
Nevus
Dicen que al final, como la noche,
la música busca refugio en el silencio,
que allí –viento detenido–, de nada sirven
ni el miedo ni las letras. Y te diluyes,
de a poquito, en el nunca-tiempo-cero
dicen que te diluyes de a poquito.
Hay un nombre en esa hora
delante de la vida, un nombre
más allá del poema
que ofrece su sueño por volver.
Quién sabe entonces qué destrucción vendrá.
Esta noche
–melanocitos corriendo por mis venas
siguiendo el camino de Cassidy, la cantante–
he visto mi mano saludando a Dios,
mi mano sucia de tanta vida,
diciendo infinitos que no he visto,
mi mano vacía, triste,
ahora que la noche se evade en tu mirada
como una limosna.
septiembre 24, 2006
la música busca refugio en el silencio,
que allí –viento detenido–, de nada sirven
ni el miedo ni las letras. Y te diluyes,
de a poquito, en el nunca-tiempo-cero
dicen que te diluyes de a poquito.
Hay un nombre en esa hora
delante de la vida, un nombre
más allá del poema
que ofrece su sueño por volver.
Quién sabe entonces qué destrucción vendrá.
Esta noche
–melanocitos corriendo por mis venas
siguiendo el camino de Cassidy, la cantante–
he visto mi mano saludando a Dios,
mi mano sucia de tanta vida,
diciendo infinitos que no he visto,
mi mano vacía, triste,
ahora que la noche se evade en tu mirada
como una limosna.
septiembre 24, 2006
sábado, septiembre 16, 2006
Habrá que sabernos de nuevo

Habrá que sabernos de nuevo,
desocultos de toda sombra,
de toda manera de estar.
Sabernos
mutuamente nosotros,
donde siempre estuvimos.
Porque aquí crecen las reliquias
en una noria que empuja nubes misteriosas
e irrepetibles, nubes que crecen y te dicen
y te preguntan, por ejemplo,
si sabrías, por una última vez,
conservar algo de aquella espuma,
si ahora que eres malva
como la ley de tus paisajes
sabrías retener el mar
en su más y más silencio,
en su sólo lluvia o todo,
donde no elijo.
Habrá que saber, y no sé. No sé.
septiembre 16, 2006
miércoles, agosto 30, 2006
Imprecisiones
Mientras cae la tarde
recuerdo aquellos días
diferentes y tan iguales a éstos
que ahora nos recorren.
Nada ha cambiado
-el poema no dice nada ahora-
pero todo es distinto,
porque el tiempo se empeña en ir mutándonos.
Hablo de un mes calcinado que muere
junto a maletas y bolsos vacíos,
equipajes deshechos
y pieles en mudanza de serpiente;
de un mes de ángulos y fotografías
que pronto sabrá qué es
casi morir sin nombre ni memoria.
Quiero tener la herida y retenerla apenas
el tiempo de un cigarrillo en tus labios,
hoy no quiero saber dónde me encuentro,
de agosto no se sobrevive sin cicatrices.
agosto 30, 2006
recuerdo aquellos días
diferentes y tan iguales a éstos
que ahora nos recorren.
Nada ha cambiado
-el poema no dice nada ahora-
pero todo es distinto,
porque el tiempo se empeña en ir mutándonos.
Hablo de un mes calcinado que muere
junto a maletas y bolsos vacíos,
equipajes deshechos
y pieles en mudanza de serpiente;
de un mes de ángulos y fotografías
que pronto sabrá qué es
casi morir sin nombre ni memoria.
Quiero tener la herida y retenerla apenas
el tiempo de un cigarrillo en tus labios,
hoy no quiero saber dónde me encuentro,
de agosto no se sobrevive sin cicatrices.
agosto 30, 2006
La metáfora sigue
Cuando ya no hay nada que compartir,
todavía sustancia frente al tiempo,
destituida, quizá, de su conciencia,
la metáfora sigue.
Tú has visto cómo se quiebra un poema,
tantas y tantas veces
sin remordimientos los has destruido
para que también las palabras sean,
en esta soledad, sólo memoria.
La inmortalidad no es fácil, lo sabes,
por eso te preguntas a menudo
por qué no bastará con la lectura.
Ahora nada es igual y lo es todo,
después será el pasado,
secretos sin sentido solamente,
los abrazos nocturnos de lluvia y dormitorio
al ritmo cansino de la rutina.
Todavía muerte frente al silencio,
la metáfora sigue.
agosto 30, 2006
todavía sustancia frente al tiempo,
destituida, quizá, de su conciencia,
la metáfora sigue.
Tú has visto cómo se quiebra un poema,
tantas y tantas veces
sin remordimientos los has destruido
para que también las palabras sean,
en esta soledad, sólo memoria.
La inmortalidad no es fácil, lo sabes,
por eso te preguntas a menudo
por qué no bastará con la lectura.
Ahora nada es igual y lo es todo,
después será el pasado,
secretos sin sentido solamente,
los abrazos nocturnos de lluvia y dormitorio
al ritmo cansino de la rutina.
Todavía muerte frente al silencio,
la metáfora sigue.
agosto 30, 2006
lunes, agosto 28, 2006
S.P.Q.R.
Tal vez estas ruinas contra los siglos
se mantengan aquí,
en una geografía sin tiempo,
para hacernos sentir un poco de ellas
y así extrañemos
la certidumbre absurda del nosotros
y seamos distintos y los mismos.
A veces estos días también vienen
—días de la celebración unánime,
salmodia de los años por venir,
días de la inocencia sin futuro
y el beso y la sonrisa acelerada
en los que nada podría dañarnos—.
En estos días yo quisiera otro yo,
otra materia
que pudiera fundirse con la estatua.
Están locos estos romanos —dicen—
aunque no fuera eso y también lo fuera
y las legiones y el senado y el pueblo romano
lo contradigan. Porque
hay señales que puedes ignorar,
apartarlas de ti como si nada,
mas, a tu pesar, sucederá lo sucedido,
todo tú está en esas estatuas grises
que hoy contemplas con un asombro falso.
agosto 27 y 28, 2006
se mantengan aquí,
en una geografía sin tiempo,
para hacernos sentir un poco de ellas
y así extrañemos
la certidumbre absurda del nosotros
y seamos distintos y los mismos.
A veces estos días también vienen
—días de la celebración unánime,
salmodia de los años por venir,
días de la inocencia sin futuro
y el beso y la sonrisa acelerada
en los que nada podría dañarnos—.
En estos días yo quisiera otro yo,
otra materia
que pudiera fundirse con la estatua.
Están locos estos romanos —dicen—
aunque no fuera eso y también lo fuera
y las legiones y el senado y el pueblo romano
lo contradigan. Porque
hay señales que puedes ignorar,
apartarlas de ti como si nada,
mas, a tu pesar, sucederá lo sucedido,
todo tú está en esas estatuas grises
que hoy contemplas con un asombro falso.
agosto 27 y 28, 2006
lunes, agosto 21, 2006
Toño dice
Toño dice que un lienzo en blanco es un abismo, un abismo
del que el artista nunca sabe si logrará salir; que pintar bonito —sus ojos encendidos con esa media sonrisa y su acento ya casi canario—, eso vende, pero no es Pintura. Toño dice que rescató a Maya —creo recordar que así se llama su caniche— de sus últimos días en una perrera; que es un maestro friendo alitas de pollo y que a ver si le escribo algo para su libro (cualquier cosa, algo breve sobre la amistad, por ejemplo). Toño dice, y en el salón de su casa de Valencia, colgado junto a recuerdos de la África misionera, un vasto mar muestra sus primeros reflejos a la madrugada.
Y el mar nos dice.
agosto 21, 2006
del que el artista nunca sabe si logrará salir; que pintar bonito —sus ojos encendidos con esa media sonrisa y su acento ya casi canario—, eso vende, pero no es Pintura. Toño dice que rescató a Maya —creo recordar que así se llama su caniche— de sus últimos días en una perrera; que es un maestro friendo alitas de pollo y que a ver si le escribo algo para su libro (cualquier cosa, algo breve sobre la amistad, por ejemplo). Toño dice, y en el salón de su casa de Valencia, colgado junto a recuerdos de la África misionera, un vasto mar muestra sus primeros reflejos a la madrugada.
Y el mar nos dice.
agosto 21, 2006
viernes, agosto 18, 2006
Ven
Ven,
hay una extinción
que no es la nuestra,
una extinción
donde los dos somos el poema
y el poema no es
la habitación del delirio,
ese lugar donde hace falta irse
para seguir aquí,
donde no hace falta destruir
para volver a lo cierto
—ese castillo donde nadie habita
y el negocio somos nosotros—.
Nosotros,
¿en qué muerte —dime—
moriremos nosotros?. Ven,
hay un idioma
en el que la palabra adiós
no existe.
agosto 18, 2006
hay una extinción
que no es la nuestra,
una extinción
donde los dos somos el poema
y el poema no es
la habitación del delirio,
ese lugar donde hace falta irse
para seguir aquí,
donde no hace falta destruir
para volver a lo cierto
—ese castillo donde nadie habita
y el negocio somos nosotros—.
Nosotros,
¿en qué muerte —dime—
moriremos nosotros?. Ven,
hay un idioma
en el que la palabra adiós
no existe.
agosto 18, 2006
miércoles, agosto 09, 2006
Con bayoneta
Pongamos que es agosto, que es agosto
y no tienes que ir a ninguna cita
de números o de secretaria,
supongamos que entonces aprovechas
—en realidad te comprometiste—
para hacerte cargo —sólo unos días—
de tus mayores.
Pongamos que te mira fijamente,
que ella te mira
y sabe quién eres, y sabe quién
no eres. Y entonces,
como si un fusil de repetición,
te pregunta si acaso tú supieras
qué fue de aquel hijo, su hijo menor
que tanto le iluminó aquellos años,
ese hijo que hoy en su mente no eres tú.
Pongamos que tienes que recoger
—no hay más remedio—
las bragas húmedas y las compresas
desplomadas al lado del bidé
e intentas el imposible de obviar el hedor,
el imposible de limpiar con el fregasuelos
y la lejía
esa pregunta que su mente lúcida
te dejó clavada con bayoneta.
agosto 9, 2006
y no tienes que ir a ninguna cita
de números o de secretaria,
supongamos que entonces aprovechas
—en realidad te comprometiste—
para hacerte cargo —sólo unos días—
de tus mayores.
Pongamos que te mira fijamente,
que ella te mira
y sabe quién eres, y sabe quién
no eres. Y entonces,
como si un fusil de repetición,
te pregunta si acaso tú supieras
qué fue de aquel hijo, su hijo menor
que tanto le iluminó aquellos años,
ese hijo que hoy en su mente no eres tú.
Pongamos que tienes que recoger
—no hay más remedio—
las bragas húmedas y las compresas
desplomadas al lado del bidé
e intentas el imposible de obviar el hedor,
el imposible de limpiar con el fregasuelos
y la lejía
esa pregunta que su mente lúcida
te dejó clavada con bayoneta.
agosto 9, 2006
viernes, agosto 04, 2006
El poema asesina a la tarde
El poema asesina a la tarde,
el poema te corrige, piensa, vive solo
y cree sólo
en lo que no es abismo y tiempo.
El poema sopla una trompeta con sordina
donde no hay razón, verbo para esta ofrenda,
para esta ofrenda en la que tú aún estás allí,
en la habitación sin paredes, balbuceando,
diciendo nada,
porque el poema no se deja ver,
porque el poema no nos deja vernos.
Y he aquí que los ángeles escogieron marchar
y he aquí que ya sólo hay cadáveres,
y aunque estemos alejados del frío
no es posible volver a amar.
El poema es la razón.
agosto 4, 2006
el poema te corrige, piensa, vive solo
y cree sólo
en lo que no es abismo y tiempo.
El poema sopla una trompeta con sordina
donde no hay razón, verbo para esta ofrenda,
para esta ofrenda en la que tú aún estás allí,
en la habitación sin paredes, balbuceando,
diciendo nada,
porque el poema no se deja ver,
porque el poema no nos deja vernos.
Y he aquí que los ángeles escogieron marchar
y he aquí que ya sólo hay cadáveres,
y aunque estemos alejados del frío
no es posible volver a amar.
El poema es la razón.
agosto 4, 2006
viernes, julio 28, 2006
Cosas de la poesía
Lleno páginas —ojalá no fuera así—
de palabras que no son mías,
palabras como:
“el silencio acaricia raíces
en la fragilidad insólita del dolor”,
pero el dolor existe, el dolor —terco,
irremediable— subsiste, como los teatros
lo hacen con las obras, igual que las butacas
permanecen junto a las miradas atónitas
de sus transeúntes.
Me gustaría poder, pero no sé,
quiero decir, querría poder describir
cuando aún éramos, o, mejor dicho,
cuando no sabíamos, cuando ni siquiera
intuíamos de qué iba esto.
Cómo son las cosas, cómo son
estas estúpidas cosas de la poesía.
julio 28, 2006
de palabras que no son mías,
palabras como:
“el silencio acaricia raíces
en la fragilidad insólita del dolor”,
pero el dolor existe, el dolor —terco,
irremediable— subsiste, como los teatros
lo hacen con las obras, igual que las butacas
permanecen junto a las miradas atónitas
de sus transeúntes.
Me gustaría poder, pero no sé,
quiero decir, querría poder describir
cuando aún éramos, o, mejor dicho,
cuando no sabíamos, cuando ni siquiera
intuíamos de qué iba esto.
Cómo son las cosas, cómo son
estas estúpidas cosas de la poesía.
julio 28, 2006
martes, julio 25, 2006
Te dices que no existe
Te dices que no existe
esa tristeza frágil del adolescente,
esa tristeza inefable que enseña
que es necesario morir para estar vivo,
que recorre ruinas y recuerdos
como si alguien —ceniza entre hierbas—
se viera empujado a iniciar
el lento viaje de regreso
y transitara sólo entre noches y lodos,
porque sabe que una palabra tuya
bastará para matarnos.
Para ti una canción —te dices—,
una canción indefensa, una canción
de silencio ya para siempre
en el día sin tiempo y sin pecado,
en el día que cae y se borra y se levanta
tambaleante como un eco
sobre un paisaje inmenso de tragedias sin riberas.
Es la cena de la víspera, y por eso crees
tener la certeza de los que hablan sin decir,
tener la llama de los que dicen sin hablar
y miran a los ojos, de frente,
buscando dividir la noche
hasta que el peligro brinde con nosotros
en el nombre de un recuerdo,
y de su hijo, y del espíritu santo.
julio 25, 2006
esa tristeza frágil del adolescente,
esa tristeza inefable que enseña
que es necesario morir para estar vivo,
que recorre ruinas y recuerdos
como si alguien —ceniza entre hierbas—
se viera empujado a iniciar
el lento viaje de regreso
y transitara sólo entre noches y lodos,
porque sabe que una palabra tuya
bastará para matarnos.
Para ti una canción —te dices—,
una canción indefensa, una canción
de silencio ya para siempre
en el día sin tiempo y sin pecado,
en el día que cae y se borra y se levanta
tambaleante como un eco
sobre un paisaje inmenso de tragedias sin riberas.
Es la cena de la víspera, y por eso crees
tener la certeza de los que hablan sin decir,
tener la llama de los que dicen sin hablar
y miran a los ojos, de frente,
buscando dividir la noche
hasta que el peligro brinde con nosotros
en el nombre de un recuerdo,
y de su hijo, y del espíritu santo.
julio 25, 2006
lunes, julio 24, 2006
Dicen que esta ciudad
Dicen que esta ciudad
esconde su dolor por las esquinas,
que tras los edificios
los fantasmas separan soledades
de entre animales muertos.
Aquí es donde (casi) sobrevivimos,
como sombras en la canícula
bajo un cielo grotesco,
ocultos entre poemas sin palabras.
Espero que sabrás disculparme
si al llamarte te hubiera importunado,
sólo quería saber si así estás mejor,
si este sol, de una vez, valdrá para ambos,
si pensar ciudad, al fin, no será
imaginar lugares
donde algún voyeur pudiera observarnos.
Pensar ciudad, esconder el dolor
y los fantasmas y sus animales.
Decir ciudad. Perdón si te molesto.
julio 23, 2006
esconde su dolor por las esquinas,
que tras los edificios
los fantasmas separan soledades
de entre animales muertos.
Aquí es donde (casi) sobrevivimos,
como sombras en la canícula
bajo un cielo grotesco,
ocultos entre poemas sin palabras.
Espero que sabrás disculparme
si al llamarte te hubiera importunado,
sólo quería saber si así estás mejor,
si este sol, de una vez, valdrá para ambos,
si pensar ciudad, al fin, no será
imaginar lugares
donde algún voyeur pudiera observarnos.
Pensar ciudad, esconder el dolor
y los fantasmas y sus animales.
Decir ciudad. Perdón si te molesto.
julio 23, 2006
sábado, julio 15, 2006
Como todo el mundo
Como todo el mundo
yo una vez pensé
que era posible viajar sin maletas,
evitar los viscosos valles
de la desazón y el vértigo, los valles
que me hablaban desde una cúpula,
desde la altura
donde todos los juegos son uno.
Uno más entre los demás,
como todo el mundo,
yo he tomado de un trago,
irremediablemente,
toda la noche que podía contener un cuerpo,
y dejé de lado el absurdo
de los pensamientos que me alejaban,
que me llevaban siempre de agujero en agujero.
Si no fuera el tiempo sería el grito
—tu desnudez es el único resplandor,
el único despojo, que no ensucia la luz—,
si no fuera el tiempo sería el grito
y el infinito asustado gritando
como si un intruso reencontrara
en un instante todas las facetas
en el vacío altar de los deseos.
Como todo el mundo
yo una vez pensé que sería bueno
ser uno más, y estar allí
repitiendo frases sin interrogaciones,
y de repente
la mirada iluminada de una pelirroja inmensa
contradiciendo quién sabe qué axiomas,
y Dios observando como uno más,
como todo el mundo.
julio 15, 2006
yo una vez pensé
que era posible viajar sin maletas,
evitar los viscosos valles
de la desazón y el vértigo, los valles
que me hablaban desde una cúpula,
desde la altura
donde todos los juegos son uno.
Uno más entre los demás,
como todo el mundo,
yo he tomado de un trago,
irremediablemente,
toda la noche que podía contener un cuerpo,
y dejé de lado el absurdo
de los pensamientos que me alejaban,
que me llevaban siempre de agujero en agujero.
Si no fuera el tiempo sería el grito
—tu desnudez es el único resplandor,
el único despojo, que no ensucia la luz—,
si no fuera el tiempo sería el grito
y el infinito asustado gritando
como si un intruso reencontrara
en un instante todas las facetas
en el vacío altar de los deseos.
Como todo el mundo
yo una vez pensé que sería bueno
ser uno más, y estar allí
repitiendo frases sin interrogaciones,
y de repente
la mirada iluminada de una pelirroja inmensa
contradiciendo quién sabe qué axiomas,
y Dios observando como uno más,
como todo el mundo.
julio 15, 2006
lunes, julio 10, 2006
Y vienes y vas
Y vienes y vas
—secuencias derrotadas por el tiempo,
periódicos que amarillean— y vas y vienes.
Un lugar distinto, una cama extraña,
unos gestos que nada dicen ya
y que nadie escucha.
Sabes que nunca más podrás quedarte.
Deben existir otras palabras,
(tengo que volver, este no es mi sitio,
tengo que hacer todas esas cosas
que nunca sucedieron,
aquí no quedan sino lugares
de minutos apretados,
momentos desechables frente al dolor).
Igual que cada sol, falleciendo,
no sabes dónde ni con quién estuviste
y piensas que este no es tu sitio
y cada día el sitio es diferente.
Y vienes y vas y vas y vienes,
pero todo eres tú al final de ti
y recoges tus restos al concluir.
julio 10, 2006
—secuencias derrotadas por el tiempo,
periódicos que amarillean— y vas y vienes.
Un lugar distinto, una cama extraña,
unos gestos que nada dicen ya
y que nadie escucha.
Sabes que nunca más podrás quedarte.
Deben existir otras palabras,
(tengo que volver, este no es mi sitio,
tengo que hacer todas esas cosas
que nunca sucedieron,
aquí no quedan sino lugares
de minutos apretados,
momentos desechables frente al dolor).
Igual que cada sol, falleciendo,
no sabes dónde ni con quién estuviste
y piensas que este no es tu sitio
y cada día el sitio es diferente.
Y vienes y vas y vas y vienes,
pero todo eres tú al final de ti
y recoges tus restos al concluir.
julio 10, 2006
domingo, junio 25, 2006
No saber de ti
Cansado ya por no saber de ti,
de no encontrarte
en el otro lado de los párpados,
cansado de recomponer escombros
y materiales de desguace
escuchando a los pájaros de la noche.
Pero pienso que este buscarte,
que estas cicatrices como vendas,
no son sino una razón
–verdadera o estúpida, inteligente o falsa-
para justificar,
para buscarle un sentido a este tránsito.
Es una obscenidad, entonces,
esto de saberme sin ti,
este horizonte vano y salobre
de vivir en la suerte de no haberte conocido.
Cansado de aquello de lo que no hablaremos
y que yo ya nunca podré entender,
de ese pasado, también, que no puede,
que nunca podrá, ser diferente.
Entre silencios que dirían más,
cansado ya por no querer saber de ti.
junio 24, 2006
de no encontrarte
en el otro lado de los párpados,
cansado de recomponer escombros
y materiales de desguace
escuchando a los pájaros de la noche.
Pero pienso que este buscarte,
que estas cicatrices como vendas,
no son sino una razón
–verdadera o estúpida, inteligente o falsa-
para justificar,
para buscarle un sentido a este tránsito.
Es una obscenidad, entonces,
esto de saberme sin ti,
este horizonte vano y salobre
de vivir en la suerte de no haberte conocido.
Cansado de aquello de lo que no hablaremos
y que yo ya nunca podré entender,
de ese pasado, también, que no puede,
que nunca podrá, ser diferente.
Entre silencios que dirían más,
cansado ya por no querer saber de ti.
junio 24, 2006
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