domingo, febrero 11, 2007

Mejor que la locura



Estoy en mi butaca lila,
apurando el fondo de una mañana de invierno;
en el desvarío que otorga algún sinsentido
a este cuerpo
creado para tantas otras cosas.
Voy a juntar cuatro o cinco palabras,
borrar escenas, hacerme en otros lugares.
Voy a celebrar mi otra verdad
como si hubiera otra.

Probablemente entre tú y yo el tiempo ya no gire,
lo sé por el olor enfermo, primario,
de las hojas caídas que nos invade; las hojas
caídas que alimentan a la tierra que las acoge.
Parecido a Dios y a la muerte.
Mejor que la locura.

Vamos de un puerto al silencio,
en mi butaca lila, donde queda la lluvia.
Vamos de la hoguera a las horas
ensanchando los pulmones de ganas quebradas.
Vamos y, sin embargo, escribimos sonidos
que no sabemos
por si por un casual un día nos quedamos.


febrero 10 y 11, 2007

domingo, febrero 04, 2007

Triste oficio



Tú buscas, como yo, una palabra, una oración
después, que redondee una faena
aunque la sepamos interminable.
Los dos nos disfrazamos de trabajo
cada mañana y tomamos el coche
o el autobús de las ocho menos diez, ausentes
como en una capilla de hospital.
Notarios venidos a menos, nos semejamos
a esa muerte de la que escribimos, entre ruinas
de un mundo extraño que desconocemos
pero del que estamos empeñados en dar fe.
Tú y yo condenados a nombrar, como
si en el papel pudiésemos retener el tiempo
o el oleaje de aquellas noches de verano.

febrero 4, 2007

sábado, febrero 03, 2007

Escribir da miedo

No eres sino la razón que escapa a través de un espejo,
esa tristeza que es anterior a la vida.
Nos hemos acostumbrado a tu confusión,
a la idea de la tempestad
atravesando el aire con la noche.
Me pregunto qué haría el paraíso si volvieras,
cuántos cuerpos extendidos acompañarían nuestra boga,
cuánto sacrificio, cuánta juventud anochecida
bajo el vuelo de las aves cubriría nuestra suerte.
Debería tratar de salvar el poema,
en vez de eso
formulo preguntas inútiles a las sombras,
al recuerdo de un combate y un fracaso.
Es cierto, escribir sigue dando miedo.


febrero 3, 2007

domingo, enero 28, 2007

Atentamente

Los atardeceres son siempre mejores
que los poemas sobre atardeceres
—dijiste—. En aquel tiempo
avanzábamos con la certeza de quien sabe
que la muerte es una cita inevitable
y que hay precios que no conviene pagar
por postergarla.
Si este lugar no hubiese existido;
si pieza a pieza no hubiésemos compuesto
este rompecabezas
donde soñamos y abjuramos de espaldas a la noche;
si no hubiese existido este lugar
nuestros cuerpos nunca habrían estado unidos,
nunca nos habríamos hecho fuertes
sobre la costumbre,
empeñados en desconocernos,
anochecidos
por todas las guerras del planeta
y la furia de una soledad lejana y hermosa
como una isla.
Este lugar siempre será nuestro,
por eso sabes que te negaré siempre,
por eso nunca me hallarás sin ti.
Más tarde, mientras la tierra aguarda,
dejarás que el viento responda.
Pero ahora quiero tenerte aquí,
atenta a lo más nimio,
luego de que los trenes partan
—y yo tras ella—
hacia el próximo poema
y el día gire en una palabra.

Tuyo. Atentamente.
Enrique.


(De Conversaciones con la poesía)
enero 28 y 29, 2007

lunes, enero 15, 2007

Leo tu nombre en los posos del café

Es de tu memoria
de donde se alimentan las metáforas,
las palabras que colorean
su nombre de estiércol a las nubes.
Es de ti de quien me protejo cuando
la sequía construye su ataúd a las estaciones,
justo donde escarbo en mí tu simiente
y encuentro un cuerpo solo.

Tal vez debimos quedarnos allí,
sobre la tierra muerta
que da cobijo a esta ciudad.
Quedarnos allí, hechos trizas, en su subsuelo,
copulando pensamientos para nada.

Hay un muerto que nos espera sin prisas,
un muerto que se ha vestido con sus últimos despojos
para observar el espacio sin pájaros de nuestras manos
y su eterna culpabilidad.
Acaso esa culpabilidad sea
el origen de todos los poemas,
sombras que construyen sombras ficticias
que a lo mejor nacen también por ti.


enero 14, 2007

lunes, enero 08, 2007

Ya no sabe



Mi madre ya no sabe,
no sabe ya cómo formar tríos y escaleras.
No renace el aire la sangre en su rostro.
Sobre el poema la intemperie, el adentro
del silencio y lo prohibido,
cadáveres en vigilia por mi boca.
Me importa el mar,
el estallido de piedras del mar;
me importa la muerte,
el llevárselo todo de la muerte.
Estaba el mundo de vísperas,
mi madre ya no sabe.


enero 7, 2007

Enero es frío sin compañía

Lames en la tarde un sueño de pájaros.

Era preciso que volvieras, desde los escombros,
a esta tierra cercana a la noche
donde las brasas no queman, donde
siempre habitó —delirante— el rocío,
y yo cabalgo y voy, y yo cabalgo y vengo.

Era preciso dejar correr el río blanco, aquí mismo,
en su fábula, como creíamos; en su fábula
parecida a un loco hecho para ti. Natural y terrible
como ese loco que sabe del sonido verdadero
mientras tú, entre naipes y pájaros,

lames en la tarde el sueño que nos protege.

Enero es frío sin compañía. Era preciso.


enero 7, 2007

viernes, enero 05, 2007

Pero te espera



He inventado unas lágrimas
—enlazadas como fichas de dominó—
para celebrar la hermosura del otro lado;
he escuchado al predicador labrando
su silencio de frontera; he medido
con la precisión de un cartógrafo medieval
el abismo metálico del dinero en la palabra;
he sentido —sé que he sentido— inmóvil,
íntimamente, cada instante contigo
y todos ellos —incalculables—
fueron en soledad.
Aún soy el hombre que persigue
la luz de los tinglados de otros puertos
y una playa remota al abrigo de las corrientes,
el hombre —invencible como un muerto—
que escucha, que sólo escucha,
el transcurrir de las horas.
Pero el tiempo exige su servidumbre
y ya no quedan más palabras,
así que ya no importa si estás ahí
o si todo sucede por última vez
y no nos volvemos a encontrar,
porque —dime—
qué se puede hacer con un poema;
qué puede edificarse
describiendo el desfile de la luna
o la dulce melodía de un recuerdo;
qué con el eco del agua en el aire
o con el desconcierto
de quien no sabe nada de ti
pero te espera.


enero 4, 2007

domingo, diciembre 31, 2006

En el buró

He estado buscando unos documentos
en el buró de mi padre,
los extractos de bancos, los donativos
a las obras misioneras, las estampitas
y los calendarios de hace diez o veinte años.
El alfabeto son unas páginas desvaídas
donde nunca es posible contener lo sucedido,
y mi mirada,
extraviada sobre los grafos de aquellos tiempos,
es el silencio que nos aleja.
He estado buscando unos documentos
en el buró de mi padre;
como un habitante de una playa invernal
he estado rastreando los hilos de otros días.
La Agencia Tributaria no entiende de sentimientos.



diciembre 31, 2006

sábado, diciembre 30, 2006

En cierto sentido

En cierto sentido somos el escenario de un dolor primigenio; testigos inútiles de una orfandad labrada en la mudez; campos de cultivo de una llaga hecha a medida, como esos juegos del parchís y de la oca, personalizados con nuestras fotografías. Esta noche los ojos tienen el brillo oscuro de la lluvia en reposo, de la lluvia una vez ha concluido su largo viaje, después de horadar tantas cartografías abruptas. ¿Sería posible en esa desolación cambiar el rumbo de la noche con unas simples palabras? Bajo mi piel hay huesos que quieren tener su protagonismo, su lugar frente al sol y los vientos; huesos que sueñan con una música tenue que los capture sin la amortiguación de tanta carne, sin la espesura de tanto miedo. En cierto sentido la fe es la certeza de que mis huesos tendrán su cuota de protagonismo. diciembre 30, 2006

domingo, diciembre 10, 2006

Sobre lo que fuimos

Nadie como nosotros
ha buscado el sentido de sus manos
y ganó con tan poco unos plazos a la vida.
Nadie como nosotros
comprendió tanto
con tan exiguos argumentos.
Y ahora que al fin forjamos
el pacto de la luz trazando laberintos
y buscamos el alma de la palabra
en lo lejano y la cicuta, ahora
caemos en la cuenta
que existe sólo
este paisaje tras la ventana,
que lo demás no es cierto
y que todo será azul a medianoche.
Sobre fronteras y templos todo será azul,
casi como seguir sin más preguntas.
De nuevo, a traición, terminó el otoño,
de nuevo soy sobre lo que fuimos.
Nadie como nosotros, y aquí sigo,
buscándote
en el centro de una ventana
que no existe.

diciembre 9, 2006

jueves, diciembre 07, 2006

Todo bien por aquí

Lo recuerdo cubierto de niebla,
una niebla tersa, una niebla propicia
para extraviar pieles y misterios
y habitar los versos más tristes.
Pero todo está bien por aquí. Quiero decir,
aunque la alquimia donde encierras tus misterios
siga persiguiéndome, y no pueda abandonar
los aeródromos en los que nunca nos despedimos,
todo está bien contigo.

Dios, dame al menos
un viento clandestino, un viento de helicópteros
y apocalipsis, de estrellas azules
y calendarios de contrabando, más allá
de este dolor de sílabas y papeles arrugados.

Y es Valencia, y esto es el tiempo que no pasa
y mis manos transparentes como una habitación de hotel
y el silencio que nos une en su perfección sumergida.

Allá arriba hay ruinas que todo lo saben
y un lenguaje que es verdad. Aquí
tu rostro ya no es el tuyo, y el poema
es un mapa tallado en una roca que no existe
pero que llueve.


diciembre 6 y 7, 2006

domingo, diciembre 03, 2006

Un lugar en el norte de Ontario


                                                                                 Helpless - Neil Young

Paisaje de persianas echadas.
Una canción de Neil Young
trae imágenes
de un hogar lejano y frío
con ventanas azules
y pájaros altísimos como cometas;
imágenes verdaderas igual que humo,
ese humo que huele
como dicen que huelen los recuerdos
cuando el silencio nos visita.
Yo sigo allí, donde el amor
las canciones afirman que es más real,
el faisán inerte de una pintura embalada
en los sótanos de un museo.
Y tú, supongo,
no estás más que en estas palabras.
Nada de esto es luz, lo sé,
para beber en ti las estrellas
hablo de un viento que desconozco
y de sueños que partieron olvidándonos.
Nada de esto es luz,
pero la música nos permite imaginar la llama,
porque, después de todo, es cierto,
hay un hogar en el norte de Ontario.

diciembre 3, 2006

viernes, diciembre 01, 2006

Inventario de necedades

Después de todo,
tal vez no queden más
que unas pocas canciones,
un mucho no saber por qué
y ese no haberse atrevido.
Tantas y tantas cortapisas
que nos hemos ido imponiendo
sin saber muy bien cómo,
porque algo dentro nos señalaba
–conciencia o inconsciencia–
que ésa era la dirección.
Unas pocas cosas ganadas
cuyo valor cada vez encontramos
más y más dudoso,
y otras muchas perdidas
que cada día nos van pareciendo
más primordiales.
También, claro, estás tú. Tú y yo
y esa forma absurda en la que nunca nos quisimos.
También los hijos, indudablemente,
y ahí todo el amor, y ahí
toda nuestra esperanza de más y mejor,
eso que ahora sabemos
que nunca se trató de hacer fortuna.
Algunos buenos recuerdos que nunca se repitieron,
haber intentado, inútilmente, olvidar
algunas malas experiencias y muchos errores
que en realidad a nadie importaron
y que sólo a fuerza de convivencia
hemos logrado allanar.
Y ya es la prisa una cita sin fecha
pero que, puntual, llegará para siempre.
Después de todo,
tal vez no queden más
que unas pocas canciones,
un mucho no saber por qué
y ese no haberse atrevido.

noviembre 30, 2006

martes, octubre 31, 2006

Intento de asesinato

Se me ocurre que ahora,
a pesar de nosotros,
podría ponerme a escribir. Escribir,
por ejemplo, —no soy original, lo sé—
del modo extraño en que tantas cosas
podrían haber sido
y quedaron lejanísimas, extraviadas
en ese lugar pantanoso
que es la memoria. O escribir
—sin que sepa muy bien por qué—
de la aspereza antigua
cuando caigo en la cuenta
de lo que hubiera podido decir,
o callar, tal vez, si hubiese apretado
con fuerza los dientes
y en silencio hubiese resistido
los embates de las ideas
y sus tristes argumentos. Escribir
para terminar repitiendo
este intento de asesinato
que sigue siendo la escritura,
la anacrónica inocencia que alguien
—ridícula, tercamente—
persiste en hacernos creer
que continúa siendo necesario,
cuando sabemos bien
que no es más que otro truco:
la ráfaga de viento
que por unos instatntes zarandea
—apócrifa ilusión—
a unas sábanas tendidas.
Escribir,
haber dejado a un lado el miedo
que dio vida a esta muerte
para terminar comprendiendo
que nada quedará.

octubre 31, 2006

domingo, octubre 22, 2006

Pequeño poema perdido (canción suicida nº 5)

Mes de julio,
mientras los coches vienen y van
como las llamas en los resecos pinares;
cuando el instante no tiene dueño
y uno intenta ponerle nombre a su vida
pulsando un deseo remoto
escurrido en el tiempo.
Mes de julio,
en el caer de la noche,
para no decir abismo
y dejar que la escritura –aún misterio
y laberinto– hable por sí misma.
Despacio, después de tantas tardes,
después de tanto olvido.
Si ya no esperas más de ti.

julio, 2006

sábado, octubre 07, 2006

Sueños no dormidos

Te busco
–demolición de agua, danza de moradas al viento–.
Fue certeza la piel y el mar midiéndote
como la noche piloto de duendes, vagando dragones.
Gaviotas del reposo en las cimas,
te busco.

He de hallarte.
De los sortilegios escalo barandas,
días como señal he dejado, señuelos en las redes.
¿Serías posible tú –luz nival orbitando mi noche–,
serían posibles los bosques agitando nubes sin ti?
He de hallarte.

Te hallaré.
Habrá barcos con altas banderas como perfume de otoño,
estallarán las olas tras nuestros pasos, sueños no dormidos.
Porque nadie –tú menos que nadie–
se atrevió a decir que ese fruto germinó de las lágrimas
de una mujer enamorada,
te hallaré.

octubre 7, 2006

viernes, octubre 06, 2006

La tierra blanca

Me pregunto si este lápiz que alguien dejó aquí olvidado
repetirá algún día estos gestos, si este lápiz desierto
abrirá alguna vez tus ojos, y si este papel
consumará la ceremonia tocando de nuevo, reiterando
las mismas sombras, como quien, sobre esta tierra blanca,
intentase encontrar el poema
y no pudiera más
que dejar correr el tiempo.


octubre 5, 2006

viernes, septiembre 29, 2006

Sueño febril

Acechan con certeza —tibios y derrumbados—
los días escritos. Acecha aquella mujer
—cópula incansable—
que toma sus armas y elige,
tan largo como fue el descubrimiento.
Aquella mujer que te escala y se vierte,
derramándose siempre entre niños
que ahora son tú. Inmensamente tú
—identidad de laberinto,
apenas repetición de lo no nombrado—.
O tal vez sea nunca. Decías
que era ya para nunca. Decías algo así
como lágrimas buscando unos ojos.
Decías una sucesión de lluvias
enteramente secas. Límites
donde te juro que no hay final.

septiembre 29, 2006

domingo, septiembre 24, 2006

Nevus

Dicen que al final, como la noche,
la música busca refugio en el silencio,
que allí –viento detenido–, de nada sirven
ni el miedo ni las letras. Y te diluyes,
de a poquito, en el nunca-tiempo-cero
dicen que te diluyes de a poquito.
Hay un nombre en esa hora
delante de la vida, un nombre
más allá del poema
que ofrece su sueño por volver.
Quién sabe entonces qué destrucción vendrá.
Esta noche
–melanocitos corriendo por mis venas
siguiendo el camino de Cassidy, la cantante–
he visto mi mano saludando a Dios,
mi mano sucia de tanta vida,
diciendo infinitos que no he visto,
mi mano vacía, triste,
ahora que la noche se evade en tu mirada
como una limosna.

septiembre 24, 2006