(I)
La vida es una broma que no tenemos tiempo de entender,
alguien desconocido en una fotografía.
La alegría es un lugar efímero; las tinieblas, la noche, conforman el universo
que nos rodea, mientras nosotros, desde una lejana orilla, atisbamos unas luces
entre la oscuridad que nos rodea.
Siempre ha sido así, y así lo será también después nuestro.
Hacer el amor es escapar de un laberinto, el fugaz
encuentro de unos desconocidos, seres extraños que deambulan entre sombras,
tinieblas y noches hacia un lugar efímero; forasteros que se dirigen hacia
ninguna parte. (La oscuridad).
(II)
Juagando al solitario. Cada vez más te vas convirtiendo en
un desconocido para ti mismo.
Qué raro se nos parece este seguir aquí.
Queda el camino del lobo solitario, una vida, una suerte
de despedida que no cesa. Podría intentar escribir otra historia, pero sólo me
sé esta, la de lobo que no cesa de mirar
el horizonte y aúlla. Hay una telaraña
que finge ser nuestra, una telaraña que nos atrapa y nos mece entre silencios y músicas. (La telaraña).
(III)
Hablemos de pájaros, olvidemos lo que fuimos, abandonemos
todos esos recuerdos, las zonas de ese universo neuronal que tan tercamente nos
atosigan. Hablemos de pájaros volando entre
árboles, riéndose de ese muñeco de paja
que adorna los sembrados.
Tras la niebla observamos ojos de otra era, un viaje que
se detenía en una calle adormecida por
el canto. Habrá que seguir intentándolo, hablar de los pájaros volando sobre aquella luz invernal.
No sé qué hacemos aquí, intentado apagar luces con un
canto imaginario mientras pasa la luz, la oscuridad,, la guadaña de la noche.
Alguien nos observa, escribe la biografía de un mar de hielo, la sombra de unos
seres disecados. (Pájaros disecados).
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