domingo, marzo 31, 2024

Marzo, 2024

 (I)

La vida es una broma que no tenemos tiempo de entender, alguien desconocido en una fotografía.

La alegría es un lugar efímero;  las tinieblas, la noche, conforman el universo que nos rodea, mientras nosotros, desde una lejana orilla, atisbamos unas luces entre la  oscuridad que nos rodea. Siempre ha sido así, y así lo será también después nuestro.

Hacer el amor es escapar de un laberinto, el fugaz encuentro de unos desconocidos, seres extraños que deambulan entre sombras, tinieblas y noches hacia un lugar efímero; forasteros que se dirigen hacia ninguna parte. (La oscuridad).


(II)

Juagando al solitario. Cada vez más te vas convirtiendo en un desconocido para ti mismo.

Qué raro se nos parece este seguir aquí.

Queda el camino del lobo solitario, una vida, una suerte de despedida que no cesa. Podría intentar escribir otra historia, pero sólo me sé esta, la de lobo que  no cesa de mirar el horizonte  y aúlla. Hay una telaraña que finge ser nuestra, una telaraña que nos atrapa y nos mece  entre silencios y  músicas. (La telaraña).

 

(III)

Hablemos de pájaros, olvidemos lo que fuimos, abandonemos todos esos recuerdos, las zonas de ese universo neuronal que tan tercamente nos atosigan. Hablemos de  pájaros volando entre  árboles, riéndose de ese muñeco de paja que adorna los sembrados.

Tras la niebla observamos ojos de otra era, un viaje que se detenía  en una calle adormecida por el canto. Habrá que seguir intentándolo, hablar de  los pájaros volando sobre  aquella luz invernal.

No sé qué hacemos aquí, intentado apagar luces con un canto imaginario mientras pasa la luz, la oscuridad,, la guadaña de la noche. Alguien nos observa, escribe la biografía de un mar de hielo, la sombra de unos seres disecados. (Pájaros disecados).



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